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Crítica ‘A million little things’: la familia ¿nace o se hace?

La amistad: algo tan preciado que puede destruirnos o mantenernos a flote a partes iguales

Este drama «familiar» creado por D. J. Nash para ABC fue estrenado en 2018 y viene a decirnos que «La amistad está formada por un millón de pequeñas cosas» y no puede ser más cierto.

Lógicamente, estamos hablando de la verdadera amistad, no de las amistades con las que hablas y tu vida es una foto más para instagram en la de ellos. Esa amistad que, como dicen mis amigas: si te llamo no me preguntarías ¿qué ha pasado? si no que me ayudarías a esconder el cadáver y después, mientras tomamos una coca cola y, como quien no quiere la cosa, dirías: qué, ¿algo qué decirme?…

Las amistades no preguntan por qué, ayudan y después si están preparados para hablar, te lo contarán pero siempre debes estar ahí y debe ser mutuo. La presencia siempre es tomada en cuenta: para una rueda pinchada, para la elección de un traje, para una borrachera o para la muerte de tu padre. Lo importante es aparecer. Esa es tu familia. ¿Alguien habla ahí del ADN? Yo no y esta serie recalca, de igual manera, insistentemente este detalle.

Con unos toques muy parecidos a ‘Parenthood’ (obviando el tema sanguíneo) la unión que nos acercan los protagonistas de ‘A million little things’, es mágica porque sus protagonistas hacen un grupo maravilloso todos y cada uno de ellos. La premisa se basa en el suicidio del amigo que constituía el eje del grupo y los deja con la inseguridad, las dudas, lo que podrían haber hecho, una familia y unos hijos destrozados y unos amigos que corren a sustituir a un marido y a un padre ausente con muchos más matices (que no pienso desvelar porque si no le quito la gracia a este culebrón de amistad) que no deja de sorprenderme.

El grupo de mujeres es absolutamente dispar y loquísimo por eso funciona tan bien y, como siempre pasa en los grupo grandes, algunos se irán y otros se quedarán, porque a estas edades, la vida hay que aceptarla de esta manera.

Podríamos pensar que por ser mujeres ellas serán las más emocionales, pero lo que adoro de esta serie es el hecho de que son ellos los que llevan las emociones a flor de piel con mucho más dolor, alegría, buen humor e idas de cabeza. Los personajes están creados para que conformen un grupo de amigos que sepan estar a las duras y a las maduras y que destruyan el mito de que los chicos no lloran. Lo hacen y no hay que avergonzarse porque sufrir es humano sin importar el género.

Una serie que conforme avanzan las temporadas avanzan de igual manera las amistades, con crudeza y con más fuerza que nunca. Indispensable como drama. Admito que a mí me ha hecho reír a carcajadas, pero claro, teniendo a James Roday, no era difícil.

Amigos de verdad de los que sabes que no te van a fallar y se harían kilómetros por ti, ya pasada una edad, son muy difíciles de tener. Si eres de los afortunados como yo, que sabes que lo tienes, mi más sincera enhorabuena, ya tienes otra familia más en tu vida que se ha formado a lo largo de los años por millones de pequeños gestos y detalles que son inolvidables.

Esta serie aún no ha llegado a ninguna plataforma de streaming así que aprovecho para dedicárselo a mi querida familia urbana, a la que no me une ningún ADN pero a la que me unen millones de pequeñas cosas: Laura, Kiki, Chabela, Bea, Noa, Amaya, Luz, Natalia, Tania, Aline, Ana, Noa Melli, Carmelo, Kata, María, Salo, y Paula. Gracias por estar en mi vida, gracias por tantos pequeños momentos y grandes carcajadas.

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