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Crítica: ‘Star Trek: Discovery’ 2×04 — ‘Un óbolo para Carón’

Discovery se enfrenta a una amenaza inédita para ellos. (Fuente: CBS)

Who lives, who dies, who tells your story”. Las personas y las civilizaciones no mueren mientras hayan alguien o algo que las recuerde, que mantenga con vida su legado. Del legado se ha hablado bastante en ese cuarto episodio de la segunda temporada de Star Trek: Discovery. La “amenaza” de la semana es una esfera viva y consciente que, sin embargo, está en el proceso de terminar sus días como una supernova, y la incapacidad de comunicarse con los humanos (y los alienígenas) de la tripulación de la nave genera todos los problemas habituales.

La falta de entendimiento, más la voluntad por superarla, es el gran tema del capítulo, aparte de esas conversaciones sobre lo que dejamos atrás cuando morimos. Cómo responder ante una entidad completamente desconocida, de cuyas intenciones no estamos seguros, y que tanto podría aniquilarnos como buscar cooperar es otro clásico no sólo de Star Trek, sino de la ciencia ficción en general. El paralelismo con encuentros de exploradores occidentales (o soldados) con culturas exóticas para ellos es tan evidente, que nadie se resiste a explorarlo.

La misión de Discovery es principalmente científica, pero les cuesta recordarlo cuando se enfrentan a todos los problemas que les genera esa esfera viviente y moribunda. Sus intentos por explicar lo que necesita de ellos casi destruyen la nave, y hace falta que Burnham y Saru tiren no tanto de su intelecto, como de su capacidad para ponerse en la piel del otro, para encontrar una solución.

Stamets y Tilly tienen sus propios problemas. (Fuente: CBS)

La relación entre esos dos personajes es el centro emocional del capítulo. Ambos se conocen desde el principio de la serie, desde que estaban destinados en la Shenzhou, y el modo en el que se perciben ha ido evolucionando conforme Saru dejaba de ver a Michael como la amotinada que la costó la vida a su capitán y ésta, a su vez, aprendía a vivir con las consecuencias de ese acto. Los dos han llegado a un punto en el que se respetan y se aprecian ponen literalmente su vida en manos del otro.

La enfermedad terminal de Saru permite también a la serie trazar otro paralelismo muy interesante, y no sólo por su estatus de refugiado (ahí la llevas, Trump). Dicha enfermedad era la señal para que los kelpianos aceptaran ser sacrificados por la raza que los oprime en su planeta, pero resulta que dicha enfermedad nunca fue letal; su única consecuencia es que se acaban cayendo los ganglios que manejan su miedo y, una vez desaparecen, los kelpianos ya no están determinados por él. Es decir, la historia del sacrificio es una patraña para mantenerlos sometidos y evitar que puedan rebelarse.

Saru no puede, en teoría, actuar porque la Orden General 1 le impide interferir en la evolución de su planeta, aunque promueva un sistema opresor construido sobre una mentira. Es la versión de la serie de los dictámenes del Consejo de Seguridad de la ONU. Pero también parece claro que no tardaremos en ver a Saru en plan revolucionario.

Lo que deja también esa trama es esa conversación entre el alienígena y Burnham sobre el legado, sobre mantenerlo vivo para que no se pierda la memoria de toda una cultura, que muestra por qué Doug Jones es el actor más solicitado para interpretar personajes cuyo exterior está definido por el maquillaje y las prótesis. La emoción que ambos actores transmiten es muy real.

Rebecca Romijn aparece por primera vez como Número Uno. (Fuente: CBS)

Por otro lado, la subtrama de Tilly y su posesión por un ente alienígena de la red micelial llega a su punto de ruptura. El ente quiere ¿venganza? por todos los saltos que la Discovery da utilizando esa red, que su pueblo considera ataques invasivos, pero no acaba de quedarnos muy claro cuál es realmente su objetivo. Sí que da para el momento La cosa del episodio, con Stamets, Reno y Tilly encerrados en ingeniería e intentando averiguar cómo pueden librarse de esa masa devoradora, sin demasiado éxito.

Esa historia se continuará más adelante por nos deja el cliffhanger final del capítulo y, posiblemente, el nuevo problema que distraiga a la tripulación de la nave de su inevitable encuentro con ese Spock fugitivo.

Notas al margen

  • El título del episodio (traducido demasiado literalmente por Netflix España, pues Charon es Caronte, no Carón) hace referencia a la costumbre griega de enterrar a sus muertos con una moneda (un óbolo) para que pudieran pagar a Caronte el viaje en barca al otro lado del río Estigia y hacia el inframundo.
  • Rebecca Romijn hace su primera aparición en la serie como Número Uno, la segunda al mando de la Enterprise. Es un personaje que aparecía en el piloto original de Star Trek.
  • Stamets y Tilly se ponen a cantar Space oddity, de David Bowie, para que ella se tranquilice antes de su trepanación casera.

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