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Editorial

Cuando echo la vista atrás, me da la impresión de que han pasado un par de años desde que, a principios de noviembre, decidimos darle luz verde al proyecto de la Revista Fuera de Series y empezamos a tantear a los primeros autores. Me es imposible hacerme una idea de la cantidad de llamadas y […]

Cuando echo la vista atrás, me da la impresión de que han pasado un par de años desde que, a principios de noviembre, decidimos darle luz verde al proyecto de la Revista Fuera de Series y empezamos a tantear a los primeros autores. Me es imposible hacerme una idea de la cantidad de llamadas y mensajes que me he cruzado con mi hermano (lo mejor han sido las reuniones, eso sin duda), la cantidad de autores a los que escribía pensando “joder, que caña si nos dice que sí” y la cantidad de emails de suscriptores que he contestado en los últimos meses (de hecho, aprovecho la ocasión para pedir perdón si no os he contestado).

La Revista Fuera de Series ha sido el mayor reto al que me he enfrentado en toda mi vida profesional, el proyecto al que más horas le he dedicado y, sin duda alguna, de las cosas que he hecho en mi vida de las que más orgulloso me siento. Cierto es que aún hay cosas por mejorar y por pulir, pero os puedo asegurar que le dedicamos todo el tiempo que nuestros respectivos trabajos nos permite (que, todo sea dicho, tampoco es demasiado… lo cual es toda una bendición con los tiempos que corren). Tenemos muchas ideas que queremos probar y aunque es inevitable que tarde o temprano metamos (de nuevo) la pata con algo, estoy seguro de que, según pasen los meses, la Revista será mejor y mejor.

Una de esas ideas que os comentaba antes y queremos poner en marcha es hacer que, cada cierto tiempo, los artículos del número que publiquemos tengan un hilo conductor. En éste número 2 hemos querido que todos los artículos nos narren, de una u otra forma, alguno de los sectores que conforman el mundo seriéfilo en nuestro país.

Por ello, abrimos la Revista con dos artículos que nos cuentan cosas “desde dentro”, con Adriana Izquierdo detallando en “De cero a serie” el colosal proceso necesario para crear una serie de televisión (y, de paso, destierra algunos mitos y suelta unas cuantas verdades) y con Ángela Armero contando en “Guionistas vendidos” la constante lucha entre los guionistas y los encargados de darle el OK definitivo a un guión en un país donde escribir historias no es un oficio nada fácil.

El segundo bloque lo componen dos artículos que describen a otros dos sectores clave para que la maquinaria funcione. En “Nosotros y ellos (y las supermodelos)”, Alberto Rey nos cuenta el peculiar limbo en el que se encuentran los periodistas especializados, ya que los medios de comunicación siguen considerando a las series de televisión como una extensión de las secciones de cine o de televisión pura y dura (esto es, con sus realities, sus programas matutinos y demás programación). Por su parte, Maria José Moreno ha escrito un artículo donde muchas personas se van a ver retratadas, ya que en “¿Seré yo una seriéfila?” describe a la perfección el efecto que supuso la serie Perdidos (Lost) de cara a generar una nueva avalancha de seriéfilos que se quedó huérfana tras su cierre y que, hoy en día, han hecho que las series de televisión se hayan convertido en parte esencial de cualquier conversación con los amigos.

Para terminar, Javier Suárez rompe una lanza en “Si no hablas idiomas, jódete: la culpa es del doblaje” a favor de uno de los elementos que forman parte esencial de la idiosincracia seriéfila y cinéfila en nuestro país: el doblaje.

El mes pasado probamos a añadir nuevo material a mitad de mes, y como nos gustó mucho el resultado, este mes hemos decidido repetir, por lo que leed, disfrutad… Y estad atentos 🙂

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