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¿Eres una Betty o una Joan?

Por Betty o Joan, el mundo seriéfilo se refiere a dos de las principales protagonistas de Mad Men, antagonistas en estilo, pero también en forma de ser. Una, mojigata y talentosa; la otra, explosiva e indómita. Identificarte por el vestuario de un personaje e identificar así tu personalidad es un fenómeno propio de finales del […]

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Por Betty o Joan, el mundo seriéfilo se refiere a dos de las principales protagonistas de Mad Men, antagonistas en estilo, pero también en forma de ser. Una, mojigata y talentosa; la otra, explosiva e indómita. Identificarte por el vestuario de un personaje e identificar así tu personalidad es un fenómeno propio de finales del siglo XX e inicios del siglo XIX.

El estilo de los protagonistas de Mad Men se ha convertido desde hace años en un referente para telespectadores, diseñadores, blogueros e incluso políticos, y la jefa de vestuario de la serie, Jani Bryant, en estrella nacional e internacional. De hecho para la propia Bryant el éxito de Mad Men también resultó una sorpresa, tal y como cuenta en su obra The Fashion File. No ocurría nada semejante desde que Patricia Field, estilista de Sex and the City, pusiera en boga los zapatos de Manolo Blahnik. Los manolos más deseados desde un tal Escobar en España.

La influencia de Mad Men consiguió traspasar la caracterización de los personajes y llegar a la pasarela para remarcar tendencias, con colecciones como las de los diseñadores Michael Kors y Peter Som, como la colección Mad Men Collection creada por Banana Republic o guiños bastante más sutiles como all-american de Tommy Hilfiger. Pero también llegó a la calle. Lo vintage volvió con la fuerza de la ola de un tsunami para quedarse, y cualquier moderna malasañera que se preciase disponía en su armario de faldas de lápiz, vestidos con volantes, lunares, estampados de cuadros vichy, o cualquier prenda rescatada de los desvanes de sus abuelas.

Con la llegada de Mad Men a nuestras vidas, y en concreto con la llegada del personaje de Joan Holloway (interpretado por la voluptuosa Christina Hendricks) se recuperó la cintura de las profundidades de la fosa de las Marianas. La silueta marcada se puso nuevamente en boga y con ella la mujer total. Todas las marcas hicieron lo propio con sus colecciones. Devolvieron a esa mujer confiada y sexual.

El vestuario de Mad Men nació de referentes cotidianos, pero también de grandes estrellas como Grace Kelly, de Audrey Hepburn, Marilyn, Sophia Loren, Jane Mansfield, Cary Grant o Gregory Peck. Una mezcla entre lo que se puede ver en los periódicos de esa profunda época de cambios en Estados Unidos, en la industria publicitaria y en los antes citados referentes de estilo. En cada episodio de Mad Men se utilizan entre 100 y 200 modelos, muchos diseñados ex profeso, otros tantos alquilados.

“Me encanta ayudar a la gente a lucir su mejor aspecto a través de una utilización correcta del vestuario. Todo se reduce a vestir ropas que encajen con su personaje y con la historia que quieren contar. La moda nos permite expresar nuestra creatividad con un estilo único”, aseguraba Janie Bryant antes de la presentación de su libro.

Cuando el fenómeno va más allá de la identificación y llega a nuestros armarios, se produce el proceso conocido como searching and matching. Algo se pone de moda de las clases altas a las bajas y genera tendencias. Ha ocurrido como series como Gossip Girl, New Girl o la citada Mad men, entre otras.

El trono de lo vintage

Ese boom de lo retro, también conocido como retromanía, hizo colisión en Europa con la aparición de la primera temporada de la serie inglesa Dowtown Abbey. La serie, ambientada en el turbulento inicio del siglo XX, nos presenta una aristocracia británica inatacable, de fastuosos sombreros, vestidos entallados y pantalones de cuadros. Representa a la perfección la irrupción de la alta costura, con nuevas telas y texturas como el terciopelo, los encajes o brocados, un privilegio reservado para las clases más altas, en claro contraste con el resto de las clases trabajadoras. Y también la lucha entre la tradición y el asomo, aún complejo y disruptivo, de la modernidad y emancipación femenina. La ambientación es tan rigurosa que la actriz Sophie McShera, que da vida a una ayudante de cocina, llegó a revelar que en los rodajes huele mal debido a la política de no lavado del vestuario para preservar la imagen de la época.

Coco Chanel fue la fuente de inspiración para el vestuario del personaje principal de la trama, Lady Mary, tal y como explicaba Sussanah Buxton, la encargada de vestuario, en una entrevista a la revista Time. La influencia de la moda en la serie y de la serie en la moda también ha sido recíproca. Varios diseñadores como Marc Jacobs o Burberry han ido introduciendo claras referencias a Downton Abbey en sus colecciones, e incluso Ralph Lauren les dedicó una pasarela y un reportaje bajo las altas paredes del castillo de Highclere, en el que se ambienta la serie.

El fenómeno de Downton Abbey coincidió en el tiempo con El Gran Gatsby e incluso con Midnight in Paris, todos basados en los gloriosos años 20, los de Bloomsbury, Scott Fitzerald, Virginia Woolf y el jazz. Los años 20 volvieron así también a nuestros armarios.

El tiempo entre costuras

El vestuario de las series, y el trabajo de figurinistas, diseñadores y estilistas es una combinación de documentación exhaustiva, diseños originales y trajes de alquiler. En España el mayor referente en esto último es la Sastrería Cornejo. En la calle Alcalá se ubica este túnel de tiempo con olor a cuero y a piel. Por esta casi centenaria fábrica textil madrileña ha pasado Michele Clapton, la jefa de vestuario de Juego de Tronos, y de ella proviene el vestuario de la conocida en España serie Isabel, así como también otras producciones nacionales e internacionales como El tiempo entre costuras, Águila Roja, Velvet, Gran Hotel, Los Tudor, Downton Abbey o Vikingos.

“Ahora mismo estamos trabajando casi con más series que con películas, nos cuenta María Cornejo, quién pertenece a la cuarta generación de la familia. Ella y más de cincuenta personas están a cargo de esta fábrica creada en 1920 por su bisabuelo Humberto Cornejo, cuyo embrión fue una colección heredada. Desde entonces, y especialmente a partir de los años 60, la sastrería se ganó un nombre y el reconocimiento del sector, vistiendo a Ava Gardner o Charlton Heston, o caracterizando a las míticas cintas El Cid, 55 días en Pekín, Doctor Zhivago o Juana de Arco.

Sobre el boom de las series y con ellas el boom del vestuario María considera que “el gusto por la ambientación es una buena forma de que la gente se fije en el vestuario, de que nosotros como espectadores nos demos cuenta del trabajo que hay detrás”. Alrededor de 400 trajes en las primeras cuatro temporadas han sido alquilados por Juego de Tronos, fundamentalmente el vestuario del pueblo, pero también otros más espectaculares como el nutrido grupo de la Guardia de la Noche. “El trabajo de las series actualmente es digno de películas. En este momento de crisis personalmente creo que las series están haciendo muy bien su trabajo de suplir a las películas”, añade María Cornejo.

El vestuario como identificador

Cualquier adicto a las series sería capaz de identificar a sus personajes por su vestuario, especialmente si este es inmovilista como ocurre en la serie El Mentalista. Patrick Jane luce únicamente dos modelos en todas las temporadas, los mismos que llevaba cuando su hija y su mujer fueron asesinadas por Red John. Lo que implica esta caracterización es el anclaje emocional del personaje en el pasado.

En los primeros minutos de Breaking Bad, Walter White asoma por el desierto de Nuevo México conduciendo una roulotte en calzoncillos blancos y camisa verde. Esa imagen del Walter White primigenio, el inicio de su particular reinado, está clavada en el subconsciente de todos los espectadores. Nada en ese vestuario demacrado fue casualidad. El verde fue fundamental en todo el inicio de la temporada de la serie. Cuando Walter White eligió a Heisenberg, eligió también un vestuario oscuro, sin accesorios, nublado.

Kathleen Detoro, encargada del vestuario de Breaking Bad, hizo hincapié desde el primer momento en la simbología cromática y en la importancia del vestuario en la trama. Los colores tuvieron una analogía clara con el desarrollo de los personajes. Por ejemplo, todo en Marie Schrader, esposa de Hank y cuñada de Walter White, es violeta. Su vestuario es completamente violeta a excepción de la bata del hospital; su casa es, literalmente, una humilde morada: dormitorio violeta, cafetera violeta, flores, bolsas de la compra, salón, cojines… Este color representa la necesidad de seguridad de un personaje complicado e ingenuo.

En la opulenta Gossip Girl ocurre un proceso similar. El diseñador Eric Daman reforzó la personalidad de cada uno de los personajes a través de accesorios fetiches que los hacían fácilmente identificables, como las diademas en Blair o las pajaritas en Chuck. Una de sus protagonistas principales, Blake Lively, reconoció llevarse vestuario a su casa. Tanto ella como Leighton Meester han sido catapultadas desde entonces como iconos mundiales de estilo.

En The Killing, por el contrario, todo es oscuro. La Seattle gris, lluviosa, corrupta, áspera, encuentra su extensión opresiva en el vestuario de la serie: cazadoras anchas y jerseys de lana gruesa. La detective Sarah Linden convirtió este vestuario espartano en un boom inesperado entre los fans de la serie, casi a la altura del sombrero de caza de Sherlock Holmes.

Con ese sombrero se imaginó el ilustrador Sidney Paget al personaje creado por Arthur Conan Doyle en 1891, y en Sherlock, la serie de la BBC creada por Steven Moffat y Mark Gatiss, se mantiene parte del look: gabardinas entalladas, líneas rectas, bufandas, y como no, el mentado sombrero. “Lo triste es que yo tenía un abrigo muy similar al de Sherlock desde antes de que me dieran el papel –fue un regalo que me hicieron- pero ahora no puedo ponérmelo en público. Es deprimente”, dice Benedict Cumberbatch, el actor que encarna a esa versión moderna del inquilino del 221B de Baker Street. La gabardina, al igual que el detective sociópata, le perseguirá en su carrera para siempre.

El vestuario anárquico de Phoebe de Friends, las camisetas nerds de The Big Bag Theory, los monos color caqui de iniciativa Dharma en Lost, los trajes de Barney Stinson en Cómo conocí a vuestra madre… El vestuario de las series es, más allá de un simple elemento, un personaje más de las series.

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