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La muerte de la sitcom: una aproximación a la vanguardia cómica televisiva británica - Fuera de Series
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La muerte de la sitcom: una aproximación a la vanguardia cómica televisiva británica

Vaya por delante que me enfurece el desprecio que (casi) siempre ha sufrido históricamente la comedia. Parece que solo en el campo de la literatura o el teatro “lazarillos”, “quijotes” o “buscones” merecen tener una consideración de arte supremo e intocable. La comedia cinematográfica, por mucho que nos pese y cabree, es considerada un género […]

Vaya por delante que me enfurece el desprecio que (casi) siempre ha sufrido históricamente la comedia. Parece que solo en el campo de la literatura o el teatro “lazarillos”, “quijotes” o “buscones” merecen tener una consideración de arte supremo e intocable. La comedia cinematográfica, por mucho que nos pese y cabree, es considerada un género menor con excepciones honrosas como el cine cómico mudo, Wilder, Monicelli, Lubitsch o Woody Allen entre otros casos. Y si ya nos metemos en la siempre defenestrada “caja tonta” nos encontramos con la sensación de que la comedia es lo más bajo y facilón que se puede producir después de los culebrones.

Esa distinción entre los géneros populares considerados bajos y el elitismo ha hecho mucho más daño al espectador a la hora de enfrentarse de una manera seria y analítica hacia un género mucho más rico en creatividad e inteligencia de lo que puede aparentar. Por suerte la llegada de la posmodernidad en los 70 y los 80 hace que las fronteras entre lo alto y lo bajo se difuminen y la cultura pop (con sus géneros característicos) empiece a tener, en algunos círculos más progresistas y abiertos de miras, una mayor consideración artística.

La comedia televisiva o sitcom es la quintaesencia catódica: barata de producir, universal, popular, fácilmente explotable y exportable, cercana a la audiencia y con unas características canónicas muy marcadas desde el inicio de la televisión comercial allá por los años 50. Pongamos un lugar donde se desarrolla la acción, un núcleo familiar u otro que actúe como tal (como un lugar de trabajo), personajes estereotipados, realización multicámara y risas del público[1], ahora agítese y como resultado tenemos el modelo sobre el que se ha regido la sitcom durante varias décadas. De la fundacional I Love Lucy (CBS, 1951–1957) a la popularísima The Cosby Show (NBC, 1984–1992) pasan 30 años y los cambios entre una y otra son más sociales y de tipo y actitud de los personajes[2] que de forma o de concepción. Hoy, en 2014, la sitcom más vista en el mundo es The Big Bang Theory (CBS, 2007- ), la cual se revela como paradigma de ese mismo tipo de comedia que se creó en I Love Lucy. Más de medio siglo después del nacimiento de la televisión comercial se pone de manifiesto que el público no se ha cansado de la sitcom tradicional. Pero yo soy de los que piensan que la propia sitcom sí que se cansó de sí misma hace varias décadas.

Como en todas las disciplinas artísticas existen en el campo de la comedia televisiva títulos y creadores visionarios que a lo largo de 50 años han intentado reescribir la sitcom: el grupo cómico Monty Python en su rompedora e imperecedera Monty Python’s Flying Circus (BBC, 1969–1974), M*A*S*H (CBS, 1972–1983) y el escenario trágico en el que se desarrollaba; el transgresor y en constante fase de reinvención Saturday Night Live (NBC, 1975- ) o el reaccionario punk casi animado de The Young Ones (BBC2, 1982–1984) son algunos de los que, de manera puntual y esporádica, sacudieron los cimientos de la aparentemente indestructible y sagrada telecomedia clásica.

Lo gordo, y el principio de la revolución, vendría a mediados de los 80 de la mano de un cómico de stand up (¡bendito mundo del stand-up[3], auténtico agitador de la comedia televisiva!), muy poco conocido en nuestro país: Garry Shandling. Pues bien, el señor Shandling y el guionista Alan Zweibel (que provenía de Saturday Night Live) convencieron a los ejecutivos del entonces joven canal de pago Showtime (creado en 1976) de rajar la sitcom canónica de arriba a abajo. It’s Garry Shandling’s Show (Showtime, 1986–1990) destruye y deconstruye la telecomedia de toda la vida y anuncia su muerte hablando sobre los propios mecanismos de creación de tan longevo género.

En la serie Garry se interpreta a sí mismo en una comedia de situación más o menos familiar. Durante el desarrollo de los capítulos vemos a al público presente en la grabación y Garry interactúa con él constantemente, detiene la acción y la reanuda a su gusto. Esta comedia enseña las costuras del género y propone un ejercicio de reflexividad en el espectador. La cuarta pared es visible y está totalmente rota, las cámaras campan a sus anchas por el escenario y los trucos se revelan evidenciando que la fórmula mágica de la telecomedia está agotada. El metalenguaje empleado y las constantes referencias al funcionamiento de una sitcom son los elementos vertebradores de este Twin Peaks de la comedia. La fractura entre el pasado y el presente televisivo de la serie de David Lynch en el drama tienen su equivalente en esta serie cómica. ¡La sitcom ha muerto! ¡Viva la nueva comedia televisiva!

No lo toméis a mal, hay comedias de concepción clásica contemporáneas que son notables o directamente obras de arte como Friends (NBC,1994–2004) o Frasier (NBC, 1993- 2004), pero su enorme calidad es achacable a unos personajes excepcionales y unos guiones trabajados hasta la extenuación. A pesar de su excelencia en algunos casos, el acartonamiento de la sitcom tradicional, ya destruida por Shandling, es evidente y el género necesita salir de su propio estancamiento conceptual y romper con su pasado. La palabra sitcom debe ser sobrepasada y superada, la “comedia de situación” debe dejar de ser tal y abrir la posibilidad de explorar nuevos horizontes.

Tras la dinamitación total y profunda del género provocada por It’s Garry Shandling’s Show (aunque como he dicho se mantiene vivo a día de hoy en un increíble acto de resistencia) se abre una nueva vía para la comedia. Como un vendaval aparecen y con progresivo éxito (el que le fue negado por su condición de serie de cable a la obra de Shandling a pesar de gozar de excelentes críticas) las dos comedias más importantes, por lo que representan, de los últimos 30 años: The Simpsons (FOX, 1989- ) y Seinfeld (NBC, 1989–1998). No me voy a explayar en ellas. Sólo decir que TODO está en ambas series. El germen de lo que vendría más tarde y toda la historia de la comedia televisiva lo podemos encontrar en algún episodio de la serie de la familia animada (olvidémonos por favor de la temporada 10 en adelante exceptuando algún chispazo aislado de genialidad) o de Seinfeld.

La revolución cómica corre paralela a la del drama (Twin Peaks, Northern Exposure, Homicide: Life in the Street, The X-Files, Oz, The Sopranos, etc…). Pero la comedia es el hermano feo, el lumpen televisivo y está a la sombra de su pomposo hermano mayor a pesar de experimentar, a mi entender, una mutación con muchos más matices que la del género dramático. Pero hay que decir que esta revolución cómica es parcial ya que el marco sobre el que se desarrollan las nuevas comedias televisivas es el mismo que el de la sitcom canónica. No olvidemos que Seinfeld es una serie rodada con tres cámaras en plató y con público (con sus risas correspondientes) y The Simpsons no sale del núcleo familiar, siempre que consideremos también Springfield como una familia, para hacer una sátira sobre los EEUU. El género se resiste a despojarse de algunas características que se arrastran desde los años 50. Los evidentes hallazgos narrativos y conceptuales de la familia amarilla y de los urbanitas Jerry, Kramer, Elaine y George no son totales y profundos. La ruptura con el pasado es progresiva y lenta. En los 90 y en la entrada del nuevo siglo otros seguirán el camino de Seinfeld y The Simpsons y se irán despojando poco a poco de los elementos gastados del género.

Garry Shandling, de nuevo, agita las raíces formulaicas en su nueva serie The Larry Sanders Show (HBO, 1992–1997). Para ello se rueda con una sola cámara en plan serie dramática y se hace desaparecer la pista de risas (enlatadas o no). The Larry Sanders Show es una serie bastante incómoda con personajes directamente antipáticos (en este sentido muy deudora de Seinfeld) sobre el mundo de la televisión y el funcionamiento de un late night show. Esta nueva manera de rodar hace que el espectador ya no sepa dónde se tiene que reír (no tiene la guía de las risas “enlatadas”) y el aspecto y su realización cinematográfica[4] le proporciona una cierta solemnidad, lo que le acerca a otros géneros denominados altos. Lo que sí que conserva es el lugar recurrente donde se desarrolla la acción (una cadena de televisión) y el núcleo familiar (los integrantes del equipo del programa).

El avance y la mutación genérica es cada vez más evidente en los siguientes años: el frenetismo y aspecto documental de Arrested Development (FOX, 2001–2003, NETFLIX, 2014), la mala leche, cinismo social y la especularidad de Larry David en Curb Your Enthusiasm (HBO, 1999- ), la metacomedia, ultrareferencialidad de 30 Rock (NBC, 2006–2013) y Community(NBC 2009–2014, YAHOO SCREEN, 2014- ), el nihilismo y a la vez humanismo de Louie (FX, 2010- ) o las dramedias Sex and the City (HBO, 1998–2004), Weeds (SHOWTIME, 2005–2012), Nurse Jackie (SHOWTIME, 2009–2015) o Girls(HBO, 2012- ) . Todas ellas suponen un paso adelante e introducen algún tipo de novedad o variación en el otrora encorsetado mundo de la comedia televisiva. Pero la mayor parte de las comedias citadas conservan algún resto de la sitcom canónica.

Las propuestas norteamericanas más radicales y con más visibilidad como las series de Louis CK y Larry David se las puede denominar casi como oasis creativos y auténtica comedia experimental (el hecho de que se emitan por cable les da un plus de libertad inimaginable en las televisiones comerciales). El resto de series innovadoras citadas no se pueden permitir esconder la dependencia que de una manera u otra tienen para con un conjunto de características muy arraigadas en la cultura norteamericana. Si siempre se ha dicho que el western es el género cinematográfico hollywoodiense por antonomasia, la sitcom es el género televisivo definitorio de la televisión primitiva estadounidense. El apego a los arquetipos, marcos de desarrollo y forma de realización por parte del espectador de algo tan propio de la cultura catódica yanqui ha hecho que se avance muy poco a poco hacia otros caminos y la transición hacia nuevos territorios haya sido más lenta. Por suerte el auge de las cadenas de pago y la fragmentación de la audiencia ha hecho que los nichos surgidos de esa fragmentación hayan sido explotados para ofrecer productos más exclusivos[5] que huyen de esa horrible palabra llamada multitarget[6]. Pero es que, además de las emisoras de pago, existe un maravilloso lugar llamado Gran Bretaña.

Si queremos disfrutar de un verdadero sentido del riesgo y transformaciones más profundas respecto a la sitcom a la I Love Lucy tenemos que dirigir nuestra mirada hacia el viejo continente. Y no, no voy a hablar (aunque es inevitable citarlos) de Ricky Gervais y Stephen Merchant y sus multipremiadas, ultraaclamadas e imprescindibles The Office (BBC2-BBC, 2001–2003) y Extras (BBC-HBO, 2005–2007). Mucho se ha hablado y escrito ya sobre ellas y su importancia en la comedia del SXXI ha sido más que demostrada y analizada. No seré yo el que cuestione su incuestionable avance conceptual y formal en el campo de la comedia, creo que es algo que está fuera de toda duda. Pero Gervais y Merchant no son los únicos que se alejan de una forma tan radical de la telecomedia clásica.

Afortunadamente para los amantes de la experimentación y la vanguardia en la creación de nuevos formatos (tanto cómicos como dramáticos), el sistema británico de producción serial es muy diferente al estadounidense. En primer lugar, en Inglaterra la figura del guionista es históricamente respetada de una manera en la que los showrunners norteamericanos sólo sueñan, a no ser que se llamen Matthew Weiner (Mad Men) o David Chase (The Sopranos). Ese respeto provoca más manga ancha en el terreno de libertad creativa, y el riesgo de las cadenas ante el nombre de algunos autores y sus propuestas más diferentes es bastante más común que en los EEUU. Por otra parte tanto la BBC (con sus canales filiales), los privados Channel 4, ITV o Sky TV producen temporadas muy cortas (por lo general de entre 6 y 8 capítulos). Esa corta duración multiplica la producción de series diferentes para llenar las 52 semanas del año. ¿Qué provoca tal circunstancia? Que haya muchas, pero que muchas series(la mayoría malas de solemnidad). Pero entre tanta producción existen pequeñas gemas, auténtico oro en forma de comedia televisiva que queda sepultado dentro de esa inabarcable máquina de producción industrial inglesa.

Coincidiendo con la llegada del SXXI, surgen un puñado de comedias, apenas reivindicadas en los círculos masivos, que desafían a todo lo establecido, incluso más que series tan respetadas como las de Gervais o las americanas citadas en este artículo. Desde este momento voy a dejar de denominarla sitcom, porque estas series no lo son, son otra cosa. Dentro de la masificada producción serial británica hay, al menos, entre diez y veinte títulos que son totalmente diferentes unos de otros y que en su gran mayoría sólo gozan de una o dos temporadas. Muchas se adelantan a su tiempo semántica y sintácticamente y el riesgo que las cadenas tuvieron al darles luz verde no fue recompensado con grandes audiencias. Hoy todas estas series han adquirido un estatus de culto. El objetivo de hacer reír al espectador, como veremos en las tres series que voy a comentar (no son todas las que están, desde luego) sepuedehacer de maneras muy diferentes. En una labor casi arqueológica me he adentrado en ese enorme cementerio de la tele inglesa para rescataros unas muestras del potencial del talento de esos creadores y las cadenas que confiaron en ellos, y que nos indican que aún en pleno Siglo XXI no está todo dicho en el asombroso y complejo mundo de la comedia televisiva. Sed bienvenidos pues al bizarro y descacharrante mundo de Jam, Garth Marenghi’s Darkplace y Look Around You.

JAM (Channel 4, 2000) de Christopher Morris

Los seis capítulos que componen la única temporada de Jam son, con mucha probabilidad, lo más extremo en el campo de la comedia jamás emitido en una televisión comercial. El concepto de humor negro entra en una nueva dimensión de la mano de un genio llamado Chris Morris, al que es posible que recordéis en su faceta de actor en la estupenda sitcom The IT Crowd (Channel 4, 2006–2013) en la que interpretó en los primeros capítulos al dueño de Industrias Reynholm. Al ser una figura totalmente desconocida en nuestro país, y para que se entienda cómo alguien puede llegar a crear un producto tan enfermizo y cafre como Jam, hay que repasar brevemente la trayectoria de su creador, al que la prensa inglesa ha llegado a etiquetar como “el hombre más odiado de Inglaterra”.

Jam

Jam (2000)

Chris Morris comienza su carrera en la radio. En la BBC de Bristol se gana reprimendas y suspensiones constantes de sus jefes por hacer de manera continúa bromas telefónicas que ponen en evidencia a políticos y celebridades y por tener una verborrea que no dejaba títere con cabeza. El carácter rebelde, inconformista y contestatario del artista empieza a coger forma con su primer gran programa nacional en la radio pública: On the hour, un informativo satírico que trataba cuestiones de fondo como el sensacionalismo, el vacío informativo, el corporativismo y sobre todo el mundo de la política allá por el año 1991. El programa tendría su versión televisiva en con el descacharrante y acidísimo The Day Today (BBC2, 1994). Chris Morris interpreta al vehemente presentador del informativo y amplifica los tics que todo conductor de noticias tiene además de forzar, como siempre ha hecho, los límites del tipo de humor propuesto, en este caso eminentemente político y periodístico. Es curioso observar cómo lo que hoy muchos alaban como buena sátira política, pongamos por ejemplo un programa digno como El Intermedio (La Sexta, 2006- ) o webs de humor como The Onion o El Mundo Today, deben tanto a un producto con veinte años a sus espaldas y que sólo gozó de seis capítulos de vida. The Day Today es todo un tratado comprimido de cómo poner en ridículo el funcionamiento de la prensa tradicional y sus convenciones y recursos. Además utiliza de manera constante la manipulación de las declaraciones de políticos, el montaje alterado con imágenes desconectadas para dejar en evidencia a los más poderosos y así hacer reflexionar al espectador. En su siguiente proyecto televisivo Chris Morris da un paso más allá escribiendo y presentando de nuevo el revolucionario show Brass Eye.

Brass Eye (Channel 4, 1997–2001) es una burla a los programas de investigación amarillos. El sensacionalismo y lo escabroso y las herramientas de montaje, sonido y de realización utilizados para multiplicar sus efectos muestran lo fácil que es dirigir la conciencia y la opinión del espectador medio con técnicas más propias de la propaganda que de la prensa. Cada uno de los siete capítulos de Brass Eye (seis emitidos en 1997 y un especial en 2001) está dedicado monográficamente a un tema: animales, drogas, crimen, ciencia, sexo y religión. El episodio especial de 2001 dedicado a la pedofilia titulado Paedogeddon tiene el “honor” de ser unos de los tres espacios con más quejas de los telespectadores en la historia de la radiodifusión británica. El hilarante (para el que suscribe) capítulo, que fue tachado de hacer apología del abuso de menores, realmente ponía su foco en los propios medios de comunicación y su histérica y despiadada forma de sacar rédito de cualquier tema por muy escabroso que fuera de formas muy poco ortodoxas. Lo que Brass Eye utiliza como sátira y crítica hoy lo utilizan sin pudor de manera seria pseudoprogramas como Equipo de Investigación de la Sexta, inolvidable su capítulo La guerra del pan en la que con zooms aberrantes, montaje sincopado, narración sesgada y música de terror hacían parecer asesinos en serie a los dueños de una panadería por el simple hecho de vender barras baratas y tener abierto más allá de las 22 de la noche…. La realidad y la ficción se confunden, vaya tela…

Cómo vemos Morris se labra una reputación de enfant terrible con tan sólo dos shows que apenas duraron una temporada. Durante sus continuas idas y venidas de radio a la televisión crea en 1997 un extraño formato en la radio de la BBC llamado Blue Jam, que es el germen de la serie que nos ocupa. Blue Jam era un experimento en toda regla. Una serie de comedia negra y surrealista con una inquietante atmósfera de sonido distorsionados, formado por sketches independientes con temática tabú que bien podría haber formado parte de una radio pirata que de la BBC Radio. Un programa de culto que tendría su versión televisiva el año 2000 en la poderosísima Jam.

Dados los precedentes estaba claro que Chris Morris iba a intentar seguir forzando los límites del humor. Después de estar en la lista negra de telespectadores, políticos y prensa basura Morris da un paso adelante y crea algo tan doloroso que sólo los adoradores de la comedia más negra iban (íbamos) a venerar. Esta vez es la propia moral humana en una sociedad aparentemente civilizada la que es puesta a debate. James toda una experiencia sensorial, un ejercicio de vanguardia disfrazado de sucesión de sketches malrolleros que ponen a prueba la resistencia del espectador de la sociedad de masas. La serie muestra que la línea que separa el humor del terror es mucho más fina de lo que parece y que las convenciones sociales sobre lo que se puede o no se puede hacer en el humor no están escritas. Lo que me hace gracia a mí, a ti te puede producir asco, miedo o una profunda repulsión. El humor incómodo de The Office y sus derivados es algo infantil y anecdótico comparado con lo que propone Jam.

Una serie cuyo primer capítulo comienza con un sketch en que se mezcla de una manera muy barroca el incesto, la homosexualidad y los abusos en una familia y cierra su último capítulo con un médico chapoteando sobre su propia orina tras mearse encima adrede mientras pasa consulta está claro que no es una serie normal. Entre estos dos sketches encontramos un catálogo de tabús de lo más bizarro escupidos directamente de la punzante pluma de Morris. Las perversiones sexuales, las violaciones, la psiquiatría, los disminuidos mentales, el aborto, la violencia, las pesadillas, la locura, la pornografía, la prostitución, la tortura, la pena de muerte, la zoofilia, el adulterio o el suicidio son abordados una o más veces durante Jam para aunar el absurdo, el desasosiego, el surrealismo y la incomodidad constante.

El método usado por Morris para plasmar Jam en imágenes es muy radical comparado al que se usa en cualquier comedia. Pensemos en los sketches del Saturday Night Live, Little Britain o Monty Python’s Flying Circus: la alegría que desprenden, su luminosidad, el color, la exageración inherente a la comicidad gestual de los actores, los decorados o elementos paratextuales como las risas del público (enlatadas o no) nos llevan a identificar estas series inmediatamente como comedia. Os puedo asegurar que si pilláis Jam haciendo zapping en alguna televisión inglesa o internacional creeréis estar viendo una escena de una película del David Lynch más desatado, el de Lost Highway, Mulholland Drive o Inland Empire. En Jam los actores interpretan como si no se encontraran en una comedia[7], más bien parece que están dentro de una película de terror. La distancia brechtiana está más presente que nunca, algo que descoloca más que nunca al espectador habitual de comedia. El hieratismo en los rostros de los intérpretes en muchos de los sketches nos remite al cerrado y críptico universo personal del cine de autor de Robert Bresson.

La imagen y el sonido tampoco se libran de sufrir alteraciones para desconcertar y romper las expectativas al personal. La iluminación expresionista llena de luces y sombras, el parpadeo de la luz, y el cambio de color y textura dentro del mismo plano incrementan la experiencia Jam. También faltan fotogramas dentro de la misma secuencia, la imagen se puede volver negativa y los filtros de color se alternan. El grano en la imagen es muchas veces casi insoportable e incluso el fotograma se deforma durante la acción. Parece que ni la propia serie puede aguantarse a sí misma y a su dureza y los fotogramas se retuercen de dolor ante lo que están contando y así, con distorsiones o texturas extrañas se transita de un sketch a otro. Mención aparte merece el sonido, clave en la atmósfera malsana propuesta por Jam: las voces de los actores a menudo se ralentizan o parecen pasadas por un filtro (a veces son audios extraídos directamente del programa de radio Blue Jam y los actores solo ponen sus bocas acompañando el audio), las músicas son muy extrañas, unas veces de terror y otras alegres sin venir a cuento y los zumbidos constantes e incómodos aparecen para molestarnos aún más.

Este cóctel temática + imagen + sonido produce un sensación de desasosiego que convierten en irrepetible un visionado de Jam. Los límites del humor y del propio relato comercial e industrial son sobrepasados en todos los sentidos[8].

No es cómodo ver Jam, incluso para el televidente más experimentado. Que una señora al que se le ha muerto su bebé de 3 semanas intente convencer al técnico de la calefacción para que haga respirar al cadáver desviando las tuberías dentro de su cuerpo creando una falsa sensación de vida tiene delito ¿no? ¿Es eso humor? Es la frontera de lo que llamamos humor. El gag tradicional amable es sustituido por la imagen más horrible que podamos imaginar para que se encuentre y choque con el absurdo absoluto. La comedia tranquilizadora y optimista ha desaparecido como nos anunciaba Garry Shandling (muchos creíamos que la incomodidad de David Brent en The Office no podría ser superada y Jam es anterior a esta) y Chris Morris nos ofrece un compendio de ideas y situaciones perversas en un ambiente de pesadilla en el que esa línea que separa la comedia del horror absoluto es casi imperceptible.

Morris no creo que quiera hacernos reír precisamente: quiere incomodarnos y hacernos explorar nuestros propios límites, desconcertarnos y hacer del visionado algo muy cercano a un mal sueño. No quiero desvelar nada más del contenido de los sketches de esta serie única, hay que verlo para creerlo. Sólo un par de apuntes y datos más para redondear la jugada:

Jam huye tanto de lo tradicional que por no tener no tiene ni títulos de crédito de entrada ni de salida, tan sólo aparece un rótulo al final de cada episodio con el nombre de una web www.jamcredits.com donde se podía consultar el equipo técnico y artístico de la serie. Cada capítulo tiene un prólogo que propone una pesadilla [imagínate que…] con la voz en off del propio Morris, el cual interviene de manera muy esporádica como actor en la serie, que de una manera hipnótica nos introduce en el mundo onírico[9] y confuso de Jam. Cada prólogo finaliza con Morris distorsionando su voz y cuerpo gritando la catchphrase del show: Welcome to Jaaaaaaam que se repite una y otra vez hasta que el espectador entra en este mundo de semiinconsciencia que propone el autor. También destacar que durante la emisión de la serie no había publicidad (muy extraño tratándose de un canal privado como Channel 4) y existen dos versiones que explican el hecho: una dice que los anunciantes se asustaron ante la extrema crueldad de la serie y evitaron poner sus productos a la vista en medio de tal colección de atrocidades. La otra versión, y la más probable según el libro No Known Cure, es que Chris Morris no quería interrumpir el estado de estupefacción y entropía que se quería generar en el espectador y prefería que los veintitantos minutos de cada capítulo se emitieran sin corte alguno.

La vanguardia cómica más extrema e irreverente está disponible en DVD en tiendas online y el día que escribo estas líneas está disponible completa en Youtube. El experimento con este tipo de humor fue demasiado insoportable para el público del año 2000 y para Channel 4. Morris nunca ha hecho nada que durara más de un temporada. Tras Jam ha co-creado con el inclasificable y brillante Charlie Brooker, creador de la también rompedora Black Mirror (Channel 4 ,2011- ), la comedia hipster Nathan Barley (Channel 4, 2005)y en 2010 debutó en la dirección de largometrajes con la negrísima, no podía ser de otra manera, comedia Four Lions sobre el terrorismo islámico.

Nunca se ha vuelto a hacer nada ni remotamente parecido a Jam en la televisión comercial. ¡Qué envidia! digo en alto mientras tengo puesta en mi tele de fondo Chiringuito de Pepe

GARTH MARENGUI’S DARKPLACE (CHANNEL 4, 2004) de Richard Ayoade y Matthew Holness

Dejamos atrás la escabrosidad y entramos en el personal y peculiar mundo de dos autores con mayúsculas llamados Matthew Holness y Richard Ayoade. Al segundo puede que le recordéis por encarnar al peculiar informático Moss en la maravillosa (sí, otra vez) The IT Crowd y por haber dirigido recientemente dos películas como son Submarine (2010) y The Double(2013), que le han hecho ganar cierto prestigio crítico en círculos indies.

Garth Marenghi’s Darkplace

Garth Marenghi’s Darkplace (2004)

La génesis del alambicado y lleno de aristas Garth Marenghi’s Darkplace comienza en el teatro alternativo a principios del siglo XXI. Holness y Ayoade crean un personaje, fundamental desde ya en la ficción contemporánea, llamado Garth Marenghi, que podríamos calificar como un sosías de Stephen King. Marenghi es un carismático, egomaníaco y prolífico escritor de novelas de terror y temática sobrenatural. La lógica exageración del modelo “real” en el que se basa el escritor, lo hiperbólico de sus frases (se autodenomina como el Orson Welles del horror entre otras lindezas por el estilo) y su supuesta labor de benefactor de la sociedad marcan de manera definitiva a un personaje que empezó a curtirse en dos obras de teatro underground que gozaron de un inesperado culto en la escena británica, y que recogieron algún premio. Las obras en cuestión son Garth Marenghi’s Fright Knight y Garth Marenghi’s Netherhead. El egocentrismo y la marcadísima personalidad del escritor protagonista engullían por completo estas funciones, que no obstante sirvieron para pulir y enriquecer la naturaleza de un personaje que estaba destinado a cotas mayores.

La televisión inglesa, como buen hervidero de creatividad, siempre busca nuevos rostros que desafíen el canon establecido. En este caso los cazadores de talento de Channel 4 sacaron a Holness y Ayoade del escenario en 2003 para proponerles una serie cómica protagonizada por su conocido personaje Garth Marenghi (encarnado por el propio Matthew Holness). Y como confiar y dar libertad a gente que tiene una aptitud especial muchas veces da sus frutos, el dúo de cómicos parió un producto tan estimulante y complejo como Garth Marenghi’s Darkplace.

Explicar el argumento y funcionamiento de los únicos seis capítulos de esta serie es una tarea harto complicada… pero vamos a intentarlo:

Imaginaos una serie de terror paranormal de bajo presupuesto hecha en los 80 creada, dirigida, protagonizada y con “música basada en melodías silbadas por” Garth Marenghi que fue tan adelantada a su tiempo, o tan horrible, que Channel 4 no la quiso emitir una vez acabada y ordenó guardarla en un cajón durante más de veinte años. La emisora decide recuperar seis de esos capítulos con una nueva introducción del propio escritor así como nuevas entrevistas recién realizadas a los actores “supervivientes” intercaladas durante el capítulo. El apasionante resultado es un hilarante juego narrativo compuesto de tres niveles diferentes (la serie en sí, la introducción de Marenghi y las entrevistas a los actores y productor). La mejor manera de describir qué es este extraño pero fascinante producto la hace el propio Marenghi al inicio del primer episodio:

“En los 80s escribí, dirigí y protagonicé Garth Marenghi´s Darkplace, un programa de televisión tan radical, tan arriesgado, tan peligroso, tan condenadamente loco, que los llamados “poderes fácticos” se asustaron de mostrarlo, y me estafaron, muy parecido a como las mujeres han hecho desde que olieron mi dinero. Sólo ahora, en la peor sequía artística de la historia de la TV, el canal vuelve de rodillas, con una gorra en la mano y visiblemente avergonzado, preguntando si una vez más vuestro humilde fabulista podría sacar Darkplace de las cajas de su espacioso sótano, y dejarlo suelto ante el inocente público. Esos sois vosotros. Naturalmente cedí, y me pasé 3 horas de mi vida recogiendo entrevistas con los principales actores de este histórico programa. Yo mismo y mi editor, Dean Learner. Así que, finalmente, aquí está Darkplace, por primera vez en la televisión británica,-tuvo una corta aparición en Perú-. Sentaos, bajad las luces, o apagadlas si no tenéis controladores de luz, poned la lógica convencional a un lado, y disfrutad. Bueno, yo digo disfrutad.”

Así se da paso a una serie ochentera que sólo puede ser calificada como demencial. La historia tiene lugar en Darkplace, un hospital que está situada en medio de un portal de entrada al infierno donde suceden todo tipo de sucesos paranormales. El protagonista absoluto de la serie es, no puede ser de otra manera, el propio Marenghi que encarna al doctor Rick Dagless, que soluciona todos los enigmas y amenazas que asolan al hospital. Richard Ayoade interpreta a Dean Lerner, editor de los libros de Garth Marenghi, que a su vez encarna al gerente del hospital Thornton Reed[10]. Dean Lerner es una persona absolutamente incapaz de actuar ante una cámara (impagables sus continuas miradas a cámara), que está ahí por deseo expreso de Marenghi y hace lo que buenamente puede. La vis cómica de Ayoade ayuda a configurar un personaje tan gracioso que, por difícil que parezca dado el gigante protagonismo que se proporciona a sí mismo Marenghi, “roba” todas las secuencias en las que aparece. Los otros dos papeles principales son el doctor Sánchez, al que pone cara Matt Berry (también conocido por ser el hijo del dueño de Reynholm Industries y dueño mismo de la empresa en el último tramo de la serie en The IT Crowd) y Alice Lowe que es la nueva doctora que aterriza en Darkplace y que posee poderes telequinéticos.

En seis capítulos que se antojan demasiado pocos para todo lo que se podía haber contado bajo esta premisa y los parámetros narrativos que incluye, Garth Marenghi’s Darkplace es todo lo mejor y lo peor de lo que representa la producción audiovisual popular de los 80: maquetas de dudosa calidad, transparencias baratas, malos encuadres, micros entrando en plano, actores pésimos, errores de montaje, coloridos imposibles, reutilización de planos y repetición extenuante de inútiles cámaras lentas que amplifican los errores de esos años que tanto veneramos, al menos los que crecimos en esa mágica década.

Más allá de lo gracioso, que lo es y muchísimo, un producto tan malo y lleno de taras hecho a propósito, conviene resaltar que la tesis de Garth Marenghi’s Darkplace va algo más allá que la de una comedia televisiva del montón: la serie nos dice que los 80 no molaban tanto. Muchos idolatramos, a veces de manera desmesurada, la década de nuestra niñez-adolescencia (al menos los que nacimos a finales de los 70 o principios de los 80), pero hay que dejar pasar el tiempo y mirar de manera crítica para apreciar otras realidades. La comedia de Holness y Ayoade toma una distancia de más de veinte años y desde 2004 echa la vista atrás para intentar mimetizar una serie de los ochenta y así revela algo de lo que pocos se acuerdan (nos acordamos): los ochenta no eran ninguna panacea. La nostalgia y los recuerdos de la época más feliz de nuestras vidas convierten automáticamente nuestra educación cultural-sentimental en algo a adorar de manera incondicional. Garth Marenghi’s Darkplace amplifica y pone el foco en lo hortera, cutre y despreocupado de las formas en muchos productos de bajo presupuesto que imperaban en nuestra década favorita. En este caso la ironía, y el tono cómico provocado no voluntario en un complicado juego de espejos y contrastes, se convierte fundamental para que reflexionemos sobre nuestros recuerdos y nuestra capacidad de convertir la cultura nuestros años mozos en algo que en el fondo no tiene calidad, aunque sí un encanto especial. Por tanto, se nos intenta mostrar que la nostalgia es peligrosa y deforma nuestros recuerdos.

Las seis historias de la cutre serie de Marenghi están interrumpidas constantemente por los testimonios en la actualidad del propio creador, de Dean Lerner y de los otros actores. El contraste establecido entre los dos mundos narrativos choca constantemente , como chocan las entrevistas de The Office, con el día a día de la oficina, aunque en esta ocasión las entrevistas juegan con algo que no tenían las entrevistas a los empleados de la empresa papelera Wernham Hogg: el tiempo. El enorme ego del escritor de terror, y su mirada de amor incondicional a su serie de hace más de veinte años, representa nuestra devoción sin reproches a los 80. Garth en la actualidad sigue creyendo que su serie cambiará la historia de la humanidad por su calidad sin parangón. Para nosotros ver la serie en el presente supone un cubo de agua fría para con nuestra memoria y esa puñetera nostalgia. Por ello, esas dos décadas que separan la supuesta grabación de la serie fantástica y las entrevistas “en la actualidad” (año 2004) llevan a nuevos terrenos los efectos del legado cultural-popular en el espectador.

Los niveles de lectura de esta gema de la comedia son muchos y un sólo visionado no le hace justicia. Podemos ver la serie del hospital maldito de una manera despreocupada, camp y festiva disfrutando de la estética retro, los efectos especiales bochornosos y los recursos narrativos ochenteros y disfrutar como enanos de asesinatos sangrientos, niños con cabeza de saltamontes, ojos mutantes violadores, mujeres que se funden con brócoli y fantasmas de escoceses. La química de los actores es total y lo absurdo de las tramas hacen de esta serie una fábrica de carcajadas aseguradas, siempre que entremos en su peculiar juego.

Si queremos leer la serie de una forma más profunda hay que combinar las 3 capas propuestas por la narración: cuando ya entran en escena las introducciones en cada capítulo de Marenghi, las entrevistas y sobre todo la poderosa personalidad del ególatra escritor que fagocita todo el discurso nos encontramos ante un complejo discurso lleno de interpretaciones, de medias verdades y sobre lo que suponía rodar en los 80 sin dinero a sabiendas de que al público le iba a encantar a pesar de los fallos.

No quiero desvelar mucho más. Así como Jam es una serie extrema para gente con mucho estómago y pocos escrúpulos, Garth Marenghi’s Darkplacees una experiencia ante todo muy divertida, pero también crítica y reflexiva. Y, la verdad, sólo por los personajes que encarnan Ayoade y Holness merece la pena ser vista. Captar la ironía de de una década que ya de por sí trataba de la ironía es muy complicado y esta minúscula (en presupuesto pero grande en aspiraciones) serie lo cumple con creces.

Desgraciadamente y como es tónica habitual en el vórtice de series británicas, Garth pecó de ser demasiado buena y demasiado adelantada a su tiempo, por lo que la audiencia no acompañó la original propuesta y no renovó para una segunda temporada. El culto a día de hoy es enorme. De hecho en 2006 conoció un extraño spin-off perpetrado por el mismo equipo llamado Man to Man with Dean Lerner (Channel 4) protagonizado por el personaje de Richard Ayoade. Esta comedia experimental era una especie de talk show refinado y snob en el que el editor, exactor y ahora presentador Dean Lerner entrevistaba a personalidades en su lujoso ático (un plató que simulaba su lujoso ático vamos). De corta duración, tan sólo 6 episodios otra vez, Man to Man contó como invitado para el primer programa con el mismísimo Garth Marenghi. En la entrevista al ególatra escritor los guiños a la anterior serie del tándem son contínuas y recurrentes. Hace años que hay rumores no confirmados de la intención de llevar a los personajes de Marenghi y compañía a la gran pantalla que desgraciadamente nunca se confirman. De momento tendremos que conformarnos con revisitar una y otra vez ese diamante titulado Garth Marenghi’s Darkplace.

La serie está disponible en DVD en tiendas online de importación y también en Youtube. Además circulan unos subtítulos en castellano por la red bastante respetables…

LOOK AROUND YOU (BBC2, 2002–2005) de Robert Popper y Peter Serafinowicz

Por último y no por ello menos importante quiero descubriros la única de las series analizadas que gozó de dos temporadas, aunque son totalmente diferentes entre ellas en concepto, formato y planteamiento.

Primera Temporada (2002)

¿Recordáis los videos que ilustraban el mítico programa de salud Más vale prevenir (TVE, 1979–1987) con el doctor Ramón Sanchez Ocaña? Eran clips industriales de carácter educativo grabados sin ningún presupuesto, torpes, toscos, desangelados, asépticos y sobre todo profundamente aburridos y sin atractivo alguno. Tengo que poner este ejemplo porque creo que en España no hay nada parecido a la televisión y videos educativos a los que la primera tanda de episodios de Look Around You trata de parodiar y subvertir. Otra manera de introduciros esta maravilla es compararla directamente con los divertidísimos y absurdos videos educativos de Troy McClure en The Simpsons como el del ADN, el de accidentes de tráfico o el de las supuestas virtudes de comer carne…

Look around you

Look around you (primera temporada)

Ahora que seguro tenéis en mente una idea de qué os hablo hagamos un poco de historia de la serie antes de entrar a fondo en ella. Peter Serafinowicz y Robert Popper, otros dos cómicos intentando buscarse la vida en televisión en la Inglaterra del nuevo siglo escriben e interpretan, bajo la dirección de Tim Kirkby, en 2001 el cortometraje Calcium. Dicho corto de parodiaba los videos educativos For Schools and Colleges, muy populares a finales de los 70 en los que ayudados por un libro de texto y ejercicios complementarios se enseñaba a los niños las propiedades y usos de elementos de nuestra vida cotidiana. En Calcium, tal y cómo se hacía en For Schools and Colleges, asistimos a una lección sobre el uso y las virtudes en este caso del calcio. Lo primero que llama la atención es el aspecto gastado de la imagen y la mimesis que consigue del aspecto retro y pobre propio de la producción de esas características y época. En un ejercicio formal sin precedentes este corto realiza una inmersión total en el look de los 70, los videos pedagógicos baratos y su concepción científica. La desaturación y desgaste de los colores, el formato de rodaje de 16mm, el grafismo arcaico y la voz machacona pero vehemente que explica qué es el calcio, para qué sirve y cómo se puede experimentar con él hace pasar este humilde cortometraje por un video real de los años 70. Estoy seguro que si no nos dicen que está hecho en 2002 nos creemos que está realizado en los 70 con fines realmente educativos…

En los 22 minutos de Calcium se detectan muy rápido las intenciones paródicas y satíricas que toma respecto a los videos industriales reales para colegios. En los experimentos podemos ver incógnitas planteadas en forma de absurdeces totales como ¿El calcio puede actuar como conductor de electricidad? y una extraordinaria demostración de cómo el calcio unido al helio provoca la invisibilidad y teletransportación de los objetos (sic). El tono serio de la propuesta, el surrealismo que desprende, la propuesta formal y sobre todo la crítica directa a ese tipo de fórmula de educar a los niños llaman la atención de la todopoderosa BBC y encargan una serie de ocho capítulos con algunas variaciones sobre Calcium.

Así, en 2002 se emiten en BBC2 los 9 capítulos de la primera temporada de Look Around You. El cortometraje sobre el calcio funcionó como piloto de 22 minutos, pero no así el resto de capítulos, que duran diez minutos cada uno, algo mucho más agradecido por cuestiones de ritmo, impacto y concepto en sí. Cada capítulo está dedicado íntegramente a un elemento o materia y son en este orden: Maths, Water, Germs, Ghosts, Sulphur, Music, Iron y The Brain o lo que es lo mismo Matemáticas, Agua, Gérmenes, Fantasmas, Sulfuro, Música, Hierro y El Cerebro.

El delirio se va sucediendo episodio tras episodio hasta completar un todo sobre el absurdo al que puede llevar la docencia mal ejecutada. No os perdáis las apariciones de los autores como científicos que realizan los experimentos y otras caras conocidas como las de Simon Pegg o Edgar Wright (Serafinowicz interpretó al compañero de piso del primero en la asombrosa peli de zombis de 2005 Shaun of the Dead dirigida por el segundo).

Lo mejor que se puede hacer es no contar mucho más sobre el contenido de los capítulos, a cada cual más surrealista y divertido. Sólo señalaros que se aprecian ecos de Monty Python y eso son palabras mayores… para bien, claro. Y no dejemos fuera de nuestro campo de visión la tesis del discurso de Serafinowicz y Popper: los videos educativos para niños pueden hacerles creer cualquier cosa y hacerles configurar una realidad equivocada. No importa si hay que hacer creer a los críos que existen notas prohibidas en la música que pueden hacer sangrar los oídos o si mezclamos sulfuro con champagne y nos lo bebemos podremos desintegrar objetos con los ojos… El niño es maleable, inocente y altamente influenciable. El poder de la imagen a la que se le añade cierta credibilidad adornándola con un tono pedagógico, un marco solemne y gente en bata de laboratorio es muy peligroso. ¿Quién nos dice que cuando éramos unos críos no nos comimos un mondongo parecido al que propone la primera temporada de Look Around You? Si entramos con más profundidad en la materia podríamos hablar incluso de una incipiente manera de hacer propaganda y una cierta forma de manipular la realidad, pero esto os lo dejo a vosotros para no irme más lejos de la cuestión que nos ocupa…

Pues eso, mientras reflexionamos sobre el poder de la imagen, la mente del niño y la pedagogía de baratillo aprovechad para descojonaros con uno de los productos audiovisuales más divertidos e imaginativos jamás realizados. Y es que no queda otra cuando observamos, a través de pruebas aparentemente empíricas, que echando ácido sulfúrico a un trozo de hierro hace que este absorba todo el sonido que hay dentro de la habitación…

Segunda Temporada (2005)

A pesar de su moderado éxito de audiencia, la hazaña experimental que supone la primera tanda de capítulos de Serafinowicz y Popper es recompensada con una renovación. En 2005 se estrenan seis nuevos capítulos de Look Around You con una concepción totalmente diferente a la de la primera temporada. En esta ocasión el foco de la parodia está puesto en el longevo programa divulgativo y de ciencia y tecnología Tomorrow’s World (BBC, 1965–2003). En este caso entramos de lleno de nuevo en el mundo de los 80 que ya nos mostró Garth Marenghi’s Darkplace pero ahora se aborda de una manera bastante diferente. Lo que allí era una serie de ficción aquí es un programa televisivo naïf con los peores vicios del audiovisual ochentero. Un programa de ciencia ligero y divertido dirigido a los más jóvenes con cuatro presentadores en un enorme plató (dos de ellos son Serafinowicz y Popper). En un tono desenfadado pero riguroso se intenta saber y mostrar cómo serán algunas materias o artes en el futuro. Los seis capítulos de la segunda entrega de Look Around You son: Música, Salud, Deporte, Comida, Ordenadores y un capítulo especial para designar al mejor invento e inventor de la serie.

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Look around you (segunda temporada)

Esta segunda temporada es una variación de los temas e intenciones de la primera entrega. El plató y la mirada inocente e ingenua hacia la ciencia y el futuro tecnológico es hoy risible pero no está muy lejos de la mirada al futuro de los programas de ciencia de los años 80. En el corpus de la serie encontramos secciones como El Desafío, El Invento de la Semana o preguntas y respuestas científicas en plan Trivia que hacen desplegar un humor muy muy loco y absurdo. Una vez más el tono didáctico y serio de los presentadores contrasta fuertemente con las situaciones y hallazgos tecnológicos presentados como un caballo que fabrica un sistema para ganar las apuestas en las carreras, la taza de café que se bebe sola a sí misma, y la orquesta formada por frutas y verduras que interpretan la sintonía de las noticias de la BBC. Nada tiene desperdicio y esa combinación de lo divulgativo, lo tecnológico, unos presentadores en estado de gracia, el look visual de los 80 y unos guiones verdaderamente inspirados dan como resultado otra gran obra de la no conviene desvelar mucho más si se quiere disfrutar plenamente. Sólo remarcar que el discurso de la primera temporada ha sido pulido e hiperbolizado, y en estos capítulos, además de alertar de los peligros de esa pedagogía de saldo hay que sumarle unas expectativas hacia el futuro y hacia las posibilidades de la ciencia y los avances tecnológicos desmesuradas y poco realistas. Seguro que viendo estos episodios no podemos evitar pensar cómo se nos vendía en los 60 cómo en el año 2000 habría gente viviendo en la luna… Los visionarios locos… y la triste realidad.

La trayectoria posterior de los autores de esta serie es desigual. Mientras que Robert Popper se ha dedicado básicamente a producir y ser supervisor de guiones volvió a colaborar en la escritura del show de su compañero The Peter Serafinowicz Show (BBC, 2007–2008) y él mismo tuvo su propia serie ,que no he tenido todavía posibilidad de ver, titulada Friday Night Dinner (Channel 4, 2011- ). Peter Serafinowicz además de protagonizar y escribir su serie de sketches homónima ha destacado como actor en las películas de Edgar Wright, fue la voz de Darth Maul en el Star Wars I: The Phantom Menace (1999, George Lucas) y recientemente ha sido Denarian Saal en la divertidísima peli de Marvel Guardians of the Galaxy (2014, James Gunn).

Las dos temporadas de Look Around You está en DVD en tiendas online y parcialmente en Youtube.

Y nada más, deseo fervientemente que os apetezca descubrir por vosotros mismos alguna de las tres joyitas que os he intentado vender porque os aseguro que os merecerá la pena. Pero tened presente que la fábrica inglesa de talento no se reduce a Jam, Garth Marenghi’s Darkplace y Look Around You. Las series que se salen de los parámetros de la sitcom tradicional se cuentan por docenas y espero volver a analizar para vosotros algunas más en próximos números de la revista. Y de propina os dejo unos cuantos títulos totalmente diferentes entre sí por si os apetece explorar más comedia de vanguardia: Knowing me Knowing You… with Alan Partridge (BBC2, 1994–1995), Spaced (Channel 4, 1999–2001) , The League of Gentlemen (BBC, 1999–2002), Human Remains (BBC, 2000), Peep Show (Channel 4, 2003- ), ,Black Books (Channel 4, 2000–2004), The Thick of It (BBC4-BBC2, 2005–2012), The Wrong Mans (BBC2, 2013- ) y Inside No. 9 (BBC2, 2014- ).

Y para cerrar quiero volver a gritar lo que en esencia he querido plasmar en este articulillo: ¡La sitcom ha muerto! ¡Viva la nueva comedia televisiva!

  1. Ese método de rodaje con tres cámaras rodando simultáneamente y público presente fue creado por el reputado operador Karl Freund para la sitcom I Love Lucy (CBS, 1951–1957) y fue bautizado como “el monstruo de tres cabezas”. Rodando así se creaba una comunión directa entre acción y público muy parecida al teatro, se favorecía la espontaneidad de los gags y se abarataban mucho los costes de producción.
  2. Muchos teóricos de la sitcom como Brett Mills señalan que es el género definitivo para observar los cambios sociales sufridos en la segunda mitad del siglo XX a través de los personajes o la temática. Así All in the Family (CBS, 1971–1979) refleja el auge de la clase obrera, M*A*S*H (CBS, 1972–1983) la guerra de Vietnam (aunque hablaba de la de Corea) o Will & Grace (NBC, 1998–2006) la integración de los personajes protagónicos homosexuales en el mainstream.
  3. No perderse el artículo El cómico es la estrella en el número 6 de esta revista escrito por el gran Antonio Bret en el que hace un repaso a la enorme influencia de los cómicos de stand up en el desarrollo de la sitcom.
  4. No obstante las parte de emisión del late night sí que están grabadas en vídeo. Cada capítulo tiene partes en celuloide (cuando estamos detrás de las cámaras) y en vídeo cuando se está emitiendo el late night ficticio The Larry Sanders Show.
  5. En Estados Unidos hay canales especializados como Comedy Central que tienen producción experimental propia. Además de la muy popular South Park (1997- ) han producido comedias rupturistas como Broad City (2014- ), Drunk History (2013- ), The Greatest Event in Television History (2012- ) o Review (2014-) . No es el tema de este artículo pero creo que merecen ser señaladas estas emisoras (entre las que también están Cartoon Network o IFC) con la voluntad de hacer productos alejados a la sitcom canónica pero que apenas tienen visibilidad.
  6. El multitarget es la característica por la cual una serie debe gustar a todos los segmentos de la audiencia y tenga personajes con los que se esta se pueda identificar. En España tenemos claros ejemplos con comedias como Los Serrano (Telecinco, 2003–2006) en los que hay personajes de todas las edades y tramas cruzadas entre ellos , lo que a priori garantiza de manera potencial una mayor audiencia al no ir dirigida a un nicho específico de espectadores.
  7. Esta manera de interpretar de forma dramática en una comedia absurda la podemos reconocer en actores como Leslie Nielsen o en cintas como Top Secret o Hot Shots!. El humor se reforzaba al actuar los actores como si estuvieran dentro de una película de un género diferente.
  8. Durante la emisión de Jam existía una versión remix de la misma aún más deformada y distorsionada titulada Jaaaaam que se emitía de madrugada en Channel 4 paralelamente a la emisión de la serie matriz.
  9. La película Europa de Lars Von Trier comienza de una manera similar. Unas vías del tren vistas desde un tren en movimiento y la sugerente voz de Max Von Sydow que nos intenta poner en trance para entrar en un espacio nuevo e irreal, tal y como quiere hacer Morris en Jam.
  10. Es importante tener siempre en cuenta que como serie dentro de serie cada actor interpreta a un personaje que a su vez interpreta a otro personaje en la serie inventada Garth Marenghi’s Darkplace.

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