Quantcast
La piratería salvó Battlestar Galactica - Fuera de Series
Fuera de Series Fuera de Series

La piratería salvó Battlestar Galactica

Cuando se habla de las series que contribuyeron a cambiar el panorama televisivo, no es extraño que se especifique la temporada 2004/05 como el detonante definitivo de todas esas charlas, ya muy gastadas, sobre la nueva Edad de Oro de la televisión, y sobre todo de los nuevos modos de ver televisión a los que […]

Cuando se habla de las series que contribuyeron a cambiar el panorama televisivo, no es extraño que se especifique la temporada 2004/05 como el detonante definitivo de todas esas charlas, ya muy gastadas, sobre la nueva Edad de Oro de la televisión, y sobre todo de los nuevos modos de ver televisión a los que ahora estamos muy acostumbrados. Y tampoco es extraño que, de todos los títulos asociados a esa nueva época, uno de los que suela pasar más desapercibido sea un remake de una vieja space opera de finales de los 70 que se emitía en un canal que no podía estar más alejado de HBO como el entonces llamado Sci Fi: Battlestar Galactica.

A estas alturas de 2014, todos estamos muy acostumbrados a leer los informes periódicos de webs como TorrentFreak sobre las series más ‘pirateadas’ de la temporada, a conocer a gente que prácticamente sólo ve lo que está incluido en el catálogo de Netflix y a seguir series más a través de las páginas web de sus cadenas que de sus emisiones en directo. No es raro que hayamos visto Los Soprano gracias a sus DVDs, o que utilicemos métodos mucho menos ortodoxos para ver el último título policíaco danés que ha causado sensación en el Reino Unido. Las cadenas estadounidenses ya no se fijan tanto en las audiencias de la misma noche para decidir el futuro de sus series; los visionados en diferido, las ventas al mercado internacional, los acuerdos para la emisión en plataformas de VOD (vídeo bajo demanda) han cambiado el modo en el que los ejecutivos de NBC, por ejemplo, deciden si renovar Hannibal. Todo esto estaba en pañales hace diez años, cuando la bola que Los Soprano echó a rodar en 1999 estaba adquiriendo una inercia imparable, y cuando Perdidos dio otra vuelta de tuerca al modo tradicional de ver y comentar las series con su fuerte presencia en Internet.

El caso de Battlestar Galactica, sin embargo, es aún más curioso porque incluye otro de los aspectos que casi se ha vuelto indisociable de toda esta conversación; la piratería. Las descargas ilegales de los últimos capítulos emitidos en Estados Unidos, principalmente, han introducido una nueva variable, una cuyos efectos son bastante más difíciles de cuantificar. Por lógica, que un grupo de espectadores se descargue, por ejemplo, los episodios de estreno en The CW de Arrow debería impactar negativamente las audiencias de esta serie cuando se emita en España en Calle 13, dos semanas más tarde. Pero, a veces, el comportamiento del público no es tan sencillo de predecir, y no hay que descartar que, para determinados títulos, ocurran dos cosas; que los ‘piratas’ sean menos de los que parecen y que generen un efecto boca a boca que pueda ser beneficioso al final. Y Battlestar Galactica es un buen ejemplo de ello.

De Inglaterra a Estados Unidos

Cinco años después de su final, la serie de Syfy se considera todo un éxito de crítica y de público (aunque tardó más de lo previsto en llegar a espectadores menos aficionados a la ciencia ficción). El diario británico The Guardian saludó, por ejemplo, el inicio de su tercera temporada comparándola con 24, El ala oeste de la Casa Blanca y hasta The Wire, y cuando se emitió su último episodio, en marzo de 2009, parte de sus protagonistas y sus productores participaron en un debate en la ONU sobre los temas que se habían tratado a lo largo de sus cuatro temporadas. Ahora sabemos que Battlestar Galactica estaba retratando el mundo tal y como había quedado después de los atentados del 11 de septiembre de 2001, pero en diciembre de 2003, cuando se estrenó la miniserie que sirvió de piloto para la serie, lo único que sus responsables esperaban era que los fans de la vieja serie de 1978 no boicotearan su emisión (aquellos fans llegaron a abrir webs muy críticas con el remake con el título de “Galactica in name only”, o “GINO”).

El temor era infundado, porque la primera parte congregó a 3,9 millones de espectadores y, a la noche siguiente, la segunda subió a más de cuatro millones, convirtiendo a la miniserie en el tercer programa más visto hasta entonces en la historia de la cadena. Pero su paso a serie convencional no se logró hasta que Universal (propietaria de Sci Fi) no llegó a un acuerdo con la cadena británica Sky One para co-producirla, a cambio de que se emitiera primero en el Reino Unido. Así que, el 18 de octubre de 2004, la Estrella de Combate Galáctica comenzaba su huida de los cylones, y su búsqueda de la Tierra, en exclusiva para los espectadores de este lado del Atlántico, mientras los estadounidenses tenían que esperar todavía hasta el 14 de enero de 2005. Sin embargo, algunos de esos espectadores no querían esperar tanto, y recurrieron a un protocolo de intercambio de archivos por Internet que llevaba tres años en funcionamiento, BitTorrent, para echar un vistazo a ‘33’, el primer episodio de la primera temporada de Battlestar Galactica, y ver qué habían hecho sus dos responsables, David Eick y Ron Moore, tras la presentación de la serie que habían desarrollado en la miniserie.

Para cuando el ahora Syfy empezara a emitir la serie, teóricamente, las audiencias tenían que ser bastante menores, pues se habían perdido espectadores por el camino de todos esos meses que separaron el estreno británico del estadounidense. Pero parece que entró en juego otro de los aspectos que Internet ha introducido en este nuevo modo de ver las series: el comentario inmediato de lo que estamos viendo. Podía ser a través de foros o de listas de correo, pero los ‘piratas’ que vieron aquella primera temporada de Battlestar Galactica sin esperar a Syfy pudieron contribuir a la promoción de la serie, recomendándosela a quienes estuvieran interesados. El blog Mindjack[1] apuntaba, en mayo de 2005, que “mientras se podría suponer que el canal Sci Fi experimentó una significativa caída en la audiencia como resultado de esta piratería, parece haber tenido el efecto contrario; la serie es tan buena, que las pocas decenas de miles de personas que vieron versiones descargadas les dijeron a sus amigos que pusieran la tele el 14 de enero, y que lo comprobaran ellos mismos. Desde su estreno, Battlestar Galactica ha sido el programa más popular que nunca se ha emitido en Sci Fi, y sus audiencias no han hecho más que crecer a lo largo de la serie. La piratería hizo posible que el boca a boca se extendiera”.

En España podemos alegar que algo así ocurrió con Héroes, la gran revelación de la temporada 2006/07. Habían pasado sólo dos años desde lo de Battlestar Galactica, pero eso en Internet puede equivaler a toda una vida (para empezar, hacía un año que YouTube estaba en funcionamiento). La comunidad seriéfila española estaba en auge, con muchos blogs dedicados a las series nacidos en 2005, y cada vez más gente buscaba por Internet el último fenómeno llegado de Estados Unidos. En septiembre de 2006, ése era Héroes y su “salva a la animadora, salva el mundo”. Sus primeros trece episodios fueron devorados por los ‘piratas’, que no se quedaron en eso, sino que se ocuparon de recomendar la serie en redes sociales, blogs, foros y hasta en el tradicional método del boca-oreja. Todo ese buzz construido durante meses acabó calando entre el público, que convirtió el debut de Héroes en Syfy en el mejor estreno que ese canal había tenido hasta la fecha en nuestro país.

Filtraciones ‘piratas’

¿Podían las descargas ilegales ser una herramienta promocional más de las series? No es una pregunta a la que pueda darse una respuesta categórica, porque no hay una fórmula que diga que el empujón que le dieron a Battlestar Galactica puede repetirse casi diez años más tarde, y con otras series distintas, pero alrededor de la misma época, daba a veces la sensación de que había algunas cadenas que, desde luego, estaban explorando esa posibilidad. Ahí estaban esas misteriosas ‘filtraciones’ en Internet de los estrenos de las nuevas temporadas de Weeds o Dexter, de Showtime, un par de semanas antes de que pudieran verse por televisión, y el mismo blog Mindjack recogía otro caso cuanto menos curioso en todo este asunto de la piratería y sus consecuencias impredecibles; el de Doctor Who.

Estamos de vuelta en 2005, cuando esa venerable serie de ciencia ficción llevaba 16 años fuera de antena. Después de un fallido intento de resucitarla con una tv movie en los 90, la BBC había puesto esta institución en manos de Russell T. Davies, creador de Queer as folk, para que la reviviera y la adaptara al gusto de los espectadores del siglo XXI. El elegido para dar vida al Noveno Doctor era un actor tan respetado como Christopher Eccleston, y una ex estrella pop de los 90 como Billie Piper iba a ser su nueva acompañante. El estreno estaba previsto para el 24 de marzo de 2005, y había un comprensible nerviosismo en la cadena. ¿Conseguiría Doctor Who superar la imagen de serie para niños con efectos cutres que le había quedado a no pocos espectadores? ¿Sería suficiente con que los fans acérrimos, los que aún tenían en su casa juguetes de la TARDIS, la vieran? ¿O le darían la espalda creyendo que aquello era un “Doctor Who in name only” también?

Misteriosamente, unas semanas antes del debut del primer episodio, ‘Rose’, una versión sin terminar de éste aparece en Internet. La BBC monta en cólera en público, pero hay quien cree que, en privado, no se mostró tan tajante. Muchos fans se morían de la curiosidad por ver lo que había hecho Davies, incluso aunque bastantes buscaran sólo criticarlo, y es posible que sus opiniones y recomendaciones tuvieran algo que ver en que el estreno de Doctor Who se acercara a los 11 millones de espectadores en BBC1. Al final, no hubo perjuicio, aunque es cierto que hay casos y casos, y que no es sencillo extrapolar estos ejemplos de, como decimos, hace casi diez años a otros títulos actuales. Pero es que Battlestar Galactica también se utilizó en su momento de paradigma de cómo el visionado en directo estaba perdiendo cada vez más importancia.

El vídeo bajo demanda

Tras aquellas dos primeras temporadas con buenas audiencias, la crítica empezó a darse cuenta de la existencia de la serie y a incluirla entre sus listas de lo mejor del año. El ruido mediático llegó a su punto más álgido con la tercera entrega, que Syfy estrenó en octubre, junto con el resto de grandes apuestas de las networks, pero dicha atención creciente coincidió con el inicio del declive en el número de espectadores que seguía sus capítulos de estreno. La disparidad entre ambas curvas (la de la recepción crítica y popularidad en los medios y la de sus audiencias en directo) se mantendría e incluso se haría más pronunciada hasta que Battlestar Galactica finalizó, en 2009, pero ahí entraban en juego otras variables que cada vez tienen más importancia a la hora de decidir el futuro de una serie.

El título de Syfy estaba disponible, por ejemplo, en iTunes casi desde el principio, ofreciendo la posibilidad de que muchos espectadores la vieran cuando podían, y uno de sus productores, Michael Angeli, afirmaba a Associated Press en 2008 que “creo que fuimos unos de los primeros. TiVo acababa casi de despegar. Esto fue hace cuatro o cinco temporadas, y como estábamos los viernes por la noche, mucha gente, muchos fans no la veían (en directo). La grababan en TiVo y la veían millones de veces”. El famoso visionado en diferido, unido al prestigio crítico, permitía que Syfy siguiera considerando que Battlestar Galactica era un éxito, eso y que los DVDs se vendían mejor que bien (y que Universal, productora de la serie, es también propietaria de Syfy). Al final, otras consideraciones diferentes de las tradicionales pesaron más a la hora de que, por ejemplo, se produjeran las tv movies Razor y The plan, o se diera luz verde a la demasiado breve Caprica. Nadie considera la serie un fracaso. Y en todo esto, tuvieron algo que ver aquellas descargas ilegales que los fans estadounidenses hicieron de la emisión británica. ¿Es igualmente aplicable a todas las series? Es un asunto más complejo de lo que parece. Como le decían a Jack Ryan en Peligro inminente, “el mundo se compone de infinitas tonalidades de gris”.

El caso de ‘Juego de tronos’

Esos grises complican que se pueda afirmar tajantemente, como hemos dicho, si para determinadas series las descargas ilegales son perjudiciales. Ahora mismo, HBO y Juego de Tronos son un buen ejemplo de cómo las aguas están más turbias de lo que parece y de lo que nos gustaría, si lo que queremos es emitir juicios de valor inamovibles. La adaptación de la saga literaria de George R.R. Martin es todo un fenómeno a nivel mundial, siendo a día de hoy la serie más vista en la historia del canal tras haber superado a Los Soprano, y sus DVDs y merchandising relacionado tienen también mucho tirón, pero al mismo tiempo, esa popularidad conlleva que Juego de Tronos sea también la serie más ‘pirateada’ en los últimos años, según los datos publicados por TorrentFreak. Lo más curioso es que gran parte de esa piratería se produce en Estados Unidos, donde resulta difícil ver la serie por otros métodos que no sean el tradicional de tener una conexión a la televisión al cable y una suscripción a HBO. Parece una paradoja en un país en el que NBC, ABC y FOX fundaron Hulu para disponer de su propio servicio de vídeo en streaming, donde Netflix es para muchos espectadores una estupenda manera de ponerse al día de sus series (algo que tiene buena parte de la culpa del estallido de espectadores de Breaking Bad en su última temporada) y donde hasta Amazon apuesta cada vez con más fuerza por su servicio de vídeo Premium.

Sí, HBO tiene HBO Go, su propio servicio de vídeo bajo demanda, pero sólo puede accederse a él siendo ya abonado previo de la cadena, lo que llevó a un grupo de espectadores a crear una web, llamada “Take my Money, HBO!”, en la que pedían al canal que ofreciera la posibilidad de suscribirse directamente a HBO Go, y sólo a él. Además, sus series no estaban disponibles en Netflix, en una maniobra que más distribuidoras han seguido para buscar sus propios métodos de monetizar su catálogo, en lugar de dejar que la plataforma online se lleve la mayor parte de los beneficios. El resultado de todo esto es que, entre temporadas, la audiencia de Juego de Tronos no ha dejado de crecer, al mismo tiempo que buena parte de esa audiencia se escapaba por los márgenes y veía la serie por otros métodos.

Sin embargo, parece que HBO ha terminado escuchando todo lo que se venía comentando sobre este asunto, y recientemente firmó un acuerdo con Amazon para que los suscriptores Prime de Amazon Instant Video pudieran acceder a buena parte del catálogo de series de la cadena, mientras quienes tengan Amazon Fire TV podrán disponer de HBO Go a finales de año.

Estrenos simultáneos

No quiere decir que esa piratería de Juego de Tronos les haya llevado a adoptar esta medida, pues está claro que hay otros factores de negocio en este acuerdo, pero parece que han sido conscientes del problema que tenían, incluso aunque en público afirmaran que todas esas descargas ilegales no hacían más que aumentar la visibilidad de la serie (confiando en que ganarían dinero por otro lado, como la venta de los DVDs). Hasta han cedido a acortar las ventanas de estreno internacional de sus títulos, que hasta hace unos años eran de algunas semanas, y el año pasado se abrieron a que las cadenas pudieran emitir los capítulos en la misma semana de su estreno en Estados Unidos. Así, HBO se sube al carro de empresas como Fox International Channels, que inició con The Walking Dead el esfuerzo de llevar los programas que distribuye a todos sus canales internacionales con el menor retraso posible. Con esa serie de AMC, hasta lanzaron un estreno mundial, como si se tratara de la última película de superhéroes de Marvel.

En España, los canales temáticos se han esforzado por acortar cada vez más los tiempos de espera en la emisión de series, principalmente estadounidenses. ¿Tienen las descargas ilegales parte de la culpa de esto? Es muy posible, pues con esta táctica pueden atraer a espectadores que, de otro modo, no querrían esperar un mes para ver determinados títulos. Pero, al mismo tiempo, es una estrategia que les permite diferenciarse de la competencia y presentar un atractivo más para el público potencial que pueda estar interesado en contratar el servicio. Seguro que todos recordáis aquel “Primero en Fox” que el canal instauró en España al calor, principalmente, del enorme éxito de House. Ahora, en cuanto hay algún título en Estados Unidos que apunta a que podría mover a un grupo importante de fieles, se apresuran a estrenarlo con el menor retraso posible. No siempre se acierta (por cada The Walking Dead hay tres Alcatraz), pero es una estrategia que ya no puede dejarse de lado.

Desde luego, las cosas han cambiado mucho desde el 14 de enero de 2005, cuando Syfy estrenó en Estados Unidos “33”, el primer episodio de la primera temporada de Battlestar Galactica. Es muy significativo leer lo que Jeff Zucker, entonces presidente de NBC Universal, decía cuando se le preguntaba, en diciembre de 2005 en la web Broadcasting & Cable[2], por el catálogo de series disponibles en iTunes, que todavía era bastante escaso, y si creía que el espectador querría ver programas de treinta o sesenta minutos en pantallas más pequeñas que las de un televisor: “Cada semana hay 436.000 descargas ilegales de Battlestar Galactica. Evidentemente, alguien está descargándola y viéndola en una pantalla más pequeña. Desde que iTunes empezó a añadir vídeo, ha habido 500.000 descargas a la semana. Está muy claro que la gente quiere ver esto. Ahora, teniendo en cuenta que vendemos Battlestar Galactica por 1,99 dólares, por fin hay un modelo legítimo funcionando”.

  1. Zucker on Anchors and iPods, Broadcasting & Cable. 12/09/2005
  2. Piracy is Good? How Battlestar Galactica killed broadcast TV, Mindjack. 13/05/2005

¡Suscríbete a la newsletter de Fuera de Series!

Date de alta gratis y recibe cada día el mejor contenido sobre series en tu correo electrónico

Subir