‘Long Shot’ o cómo ‘Curb your Enthusiasm’ ayudó a resolver un juicio por asesinato

Un documental de true crime que demuestra cómo las casualidades más improbables pueden salvar una vida

Expertos en psicología afirman que las principales razones del éxito de la narrativa del true crime son, por un lado, nuestra fascinación por los misterios, la muerte y el crimen; y por otro, nuestro sentido de la justicia, y la necesidad de sentirnos seguros: queremos ver que se atrapa a los criminales (Robert Dust, The Jinx) y se exonera a los inocentes (Brendan Dassey, el sobrino de Steven Avery en Making a Murderer, o Adnan Syed en Serial).

Pero la principal razón es la empatía; nos sentimos identificados y tememos que pudiera pasarnos a nosotros. No tanto al nivel de las víctimas del crimen que se investiga, y eso es un tema para otro día, como también lo es que seamos espectadores pasivos de tragedias personales por entretenimiento o cuál es la responsabilidad moral de los realizadores del documental.

Fotograma de ‘Making a Murderer’. (Fuente: Netflix)

Lo que nos engancha de estas historias, porque así está construida su narrativa, es la idea de que sus protagonistas son víctimas de un sistema policial y judicial en el que parecen totalmente indefensos. Pensar que si alguien decide que somos sospechosos de un crimen y podemos ser condenados si no podemos comprobar que durante una franja horaria estábamos en un sitio concreto con testigos y pruebas contundentes, nos hace sentir muy vulnerables.

No sé si a vosotros os pasa, pero yo me imagino en esa situación cada vez que veo este tipo de historias, y lo primero que me viene a la cabeza es que si hoy me preguntan qué estaba haciendo el día X de hace un mes, o una semana, dudaría, entraría en contradicciones y fin. Es muy difícil saber con certeza qué estábamos haciendo en una fecha determinada si ese día no fue importante para nosotros (soy incapaz de recordar qué comí anteayer). Horroriza pensar lo que te condene puedan ser cosas tan banales como pagar con efectivo y no con tarjeta de crédito, decidir cambiar tu ruta habitual, o estar en la tranquilidad de tu hogar viendo una serie con tu gato.

‘Long Shot’

Un ejemplo de cómo la vida de alguien puede depender de un juego de casualidades es el documental Long Shot que os recomendamos hoy. Long Shot no es una miniserie, pero le hacemos un hueco porque tiene un componente seriéfilo lo suficientemente curioso como para que nos llame la atención: nos cuenta la historia de un hombre arrestado y llevado a juicio como sospechoso de asesinato que basa su defensa en un episodio de El Show de Larry David (Curb your Enthusiasm). No estamos siendo del todo precisos, pero no os contamos más para no decirlo todo, porque sólo el documental entero sólo dura 40 minutos, lo mismo que un episodio de drama estándar.

La moda del true crime

El género está de moda y por ahora no tiene intención de retirarse. Desde que Errol Morris sembrara con The Thin Blue Line en 1988 las semillas las convenciones del true crime audiovisual de calidad que conocemos hoy en cuanto a estructura y narrativa, pasando por la miniserie documental The Staircase, casi 20 años después, fue con The Jinx cuando resurgió, se sofisticó y se popularizó el género (sin olvidarnos de The Imposter o el fenómeno del podcast Serial). A partir de Making a Murderer se produce tanto que es fácil perder la cuenta.

El interés por estas narrativas ha traspasado el formato documental y también empieza a apoderarse de la ficción: The People v. O. J. Simpson: American Crime Story, The Night Of, Ley y orden: el caso Menéndez o Mindhunter son sólo algunos de los ejemplos de una temática que también ha encontrado un nicho en la televisión británica. La última gran sensación fue American Vandal, un híbrido que al principio parece una simple parodia del género, pero que utiliza su aparente banalidad para sorprendernos con el discurso que propone en su último episodio. Por cierto, ya ha empezado el rodaje de su segunda temporada.

‘Long Shot’ está disponible en Netflix.