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San Sebastián no es Cannes, ni falta que hace

El sueño de cualquier aficionado al cine es tener un pase gratuito para hincharse a ver películas de estreno en pantalla grande. Y ese sueño tiene un nombre: pase de prensa. Para los críticos de cine, una acreditación de prensa forma parte de su trabajo habitual. Ellos están tan acostumbrados que no valoran lo que […]

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El sueño de cualquier aficionado al cine es tener un pase gratuito para hincharse a ver películas de estreno en pantalla grande. Y ese sueño tiene un nombre: pase de prensa.

Para los críticos de cine, una acreditación de prensa forma parte de su trabajo habitual. Ellos están tan acostumbrados que no valoran lo que eso es para un crítico amateur, como servidora. Yo me he visto con un pase de prensa para el festival de San Sebastián y me he sentido como un niño con zapatos nuevos.

Ésta es la experiencia de una aficionada al cine, guionista y crítica ocasional en un festival internacional de cine.

Por qué San Sebastián no es Cannes

Quien tenga en mente que un festival de cine es como Cannes y Venecia, que se quite los pájaros de la cabeza. San Sebastián, siendo el festival más importante en España, está lejos de la repercusión que otros certámenes tienen.

¿Y por qué?

Para empezar, el Zinemaldia no atrae a tantas estrellas internacionales. Y no tanto por la selección de películas sino porque las numerosas estrellas, fundamentalmente de Hollywood, que van a Cannes no lo hacen por el cine. Lo hacen por publicidad. Muchas actrices de moda acuden a fiestas y eventos relacionados con firmas de cosmética, joyería… de los que ellas son, o esperan ser, imagen. Y es que los grandes festivales van más allá del cine, son fábricas de glamour. ¿Por qué? La razón es simple: la industria del lujo no siente la crisis, mientras que el cine sí.

Pero San Sebastián no es así. Las fiestas de las grandes firmas brillan por su ausencia. Este año, por ejemplo, el festival ha atraído fundamentalmente a estrellas masculinas, muchas de ellas viejas conocidas de la ciudad: Willem Dafoe, John Malkovich, Diego Luna… Amén de un buen número de actores patrios. El glamour de verdad lo ha traído una sola actriz: Jessica Chastain.

Desde el punto de vista profesional, Cannes no sólo es el festival de cine por antonomasia, también es el mercado de venta, coproducción y distribución audiovisual por excelencia. San Sebastián también ofrece un mercado para profesionales en el que destaca su apoyo al cine hispanoamericano y al cine en construcción, una iniciativa que premia a proyectos en busca de financiación que se han quedado a medias.

Otra de las razones por las que San Sebastián no juega en la misma liga que Cannes es su palmarés, siempre controvertido. Cannes suele ser un buen descubridor de talentos: de Tarantino a Haneke, Kiarostami… y películas tan emblemáticas como Fahrenheit 9/11 o La vida de Adele han sido premiadas en anteriores ediciones de Cannes. Mientras que el jurado de San Sebastián suele elegir películas que no convencen ni a los críticos ni al público. Por ejemplo, el año pasado se llevó la Concha de Oro la película venezolana Pelo malo, de Mariana Rondón, ¿alguno de vosotros la ha visto?, ¿no?

Es más, estando en el festival pude escuchar a un grupo de donostiarras de mediana edad, de palique en la parada de autobús, hablando de que no pensaban volver a ver ninguna película del festival, que eran todas un rollo.

Pero, ojo, un festival no es un multicine dentro de un centro comercial. Existe, precisamente, para dar a conocer películas pequeñas, de países que no sabemos colocar en un mapa, o con temas y estilos difíciles. La comedias románticas de Kate Hudson o las gamberradas estilo Resacón en Las Vegas ya tienen su lugar asegurado en la cartelera. Los festivales se reservan para las apuestas más complejas. Y sí, muchas de ellas duran más de dos horas y tienen por tema las penurias en países del tercer mundo.

Así que, quien espere hincharse a ver estrellas y películas comerciales, que no vaya al festival de San Sebastián.

Ahora bien, si estás dispuesto a dejarte sorprender, a descubrir que en Chile o en Ucrania también hacen buen cine o a ver a Benicio del Toro con ojeras, gorra y gafas de sol, el Zinemaldia es tu sitio.

Porque San Sebastián no es Cannes, pero… ¿y qué? Es un certamen con personalidad propia, más casero, más sencillo y acogedor. Un festival que te permite ver películas por la mañana, comer pintxos, darte un baño en la playa y por la noche, con un poco de suerte, ver a Willem Dafoe dándolo todo en el Bataplán.

Consejos para sobrevivir a un festival de cine

Así que ahí estás tú, con tu pase de prensa y una fotocopia que te han dado con todas las proyecciones a las que puedes acudir, ¿y ahora qué? No te aturulles, esto es algo más que hincharse a ver películas, así a lo loco:

Organizarse

Este año la organización ha optado por seleccionar 17 películas en la sección oficial, ¡17! Echad cálculos: es, por lo menos, 34 horas de tu vida. Diecisiete películas entre 8 días de festival es más de dos películas por día. Y eso sólo la sección oficial. Luego está Perlas, con el mejor cine pendiente de estreno que ha pasado por otros festivales internacionales. Horizontes Latinos, una selección de cine hecho en Sudamérica. Y las retrospectivas dedicadas al cine de Europa del Este y de la directora de los años 30 Dorothy Arzner, y Culinary Cinema, y Zabaltegi y Made in Spain… Será por películas.

Si aspiras a ver todas las películas a concurso y además alguna de otras secciones que te interese, te verás obligado a organizarte bien: a las 9.30 pase en el cine del teatro Victoria Eugenia, a las 12.00 otro en los cines Trueba, otro a las 16.00 en el Kursaal…

Afortunadamente, casi todas las salas están en el centro de Donostia. Excepto las multisalas de Antiguo Berri, muy cerca de la zona universitaria. Un consejo: no pretendas ir hasta allí andando, toma un autobús o, sencillamente, elige un pase en un cine del centro.

Si además pretendes acudir a alguna rueda de prensa, entrevistar a alguien o, iluso de ti, tomar un rato el sol en la playa, verás que hacerse un cuadrante con las películas que pretendes ver cada día es fundamental.

Madrugar

Los pases de prensa suelen concentrarse por la mañana, por lo que pasar la noche de farra poteando por lo viejo queda descartado. A las 9.00 o las 09.30 ya hay un primer pase, y conviene aprovecharlo, porque esas horas son las menos populares para el público general.

La afición por el festival es tal que casi cualquier sala, a cualquier hora, para cualquier película, está llena. Desafortunadamente, la acreditación no es mágica, garantiza la entrada, pero no dónde te vas a sentar. Puedes acabar en el asiento más lateral de la primera fila si apareces 5 minutos antes de la proyección de La isla mínima en el Kursaal. Madrugar, estar pronto en los sitios y acostumbrarse a hacer cola es parte de la experiencia festivalera. Si además acudes acompañado, acostumbraos a turnaros haciendo cola o no siquiera conseguiréis sentaros juntos.

Cazar autógrafos, para los profesionales

Si organizarse, madrugar y acostumbrarse a las colas forman parte de tu deber como crítico en un festival, si además eres un poco mitómano el trabajo que te espera es todavía más duro.

Las estrellas llegan al hotel María Cristina recién llegados del aeropuerto. Lucen gafas de sol, vaqueros y, si son norteamericanos, gorra de béisbol calada hasta las cejas. El hotel está rodeado de vallas y tras ellas los fans, cámara en mano y cuaderno en otra. En el periódico del festival se informa de quién llega y a qué hora. Pero es sólo una estimación. Los cazaautógrafos esperan pacientemente y mientras tanto hablan entre ellos, comparan cuadernos para ver quién colecciona más autógrafos o rememoran anécdotas de otros años, sobre lo guapo que es en persona Hugh Jackman o cómo fliparon todos con la llegada en moto de Michael Fassbender.

Junto a la entrada del hotel María Cristina el otro lugar donde cazar autógrafos o selfies con famoso es la alfombra roja del Kursaal. Por supuesto, flanqueada por vallas y con miembros de seguridad encargándose de que sólo pasen por ahí las personas con la invitación adecuada. Los fans se agolpan al otro lado de la valla y guardan su sitio pacientemente. El tiempo que están dispuestos a esperar es proporcional a la fama de la estrella de turno. Pero esperar pacientemente no garantiza nada. También hay que llamar la atención de Antonio Banderas o de Viggo Mortensen si quieres que te elija a ti y no a otro. Lo dicho, cazar autógrafos es para auténticos expertos en la materia.

Lleva siempre encima un kit de supervivencia

San Sebastián es una ciudad agradable, acogedora y donde se come de muerte. Eso sí, el tiempo es bipolar. En 24 horas se pasa del sol y el bochorno a las nubes y la lluvia torrencial. Si no se quiere acabar calado hasta los huesos, tiritando mientras se ve una película que dura tres horas, hay que prepararse un kit de supervivencia compuesto de: ropa de baño (por si al final hace bueno), chubasquero o paraguas plegable (por si al final llueve) y chaqueta (por si al final refresca).

Acude únicamente a los pases de prensa

Al analizar esa fotocopia con los horarios, cines y películas para prensa te das cuenta de que, si no acudes al festival todos los días, es materialmente imposible ver todas las películas a competición. Sus pases se dividen en diferentes cines, a diferentes horas, pero sólo en dos días, generalmente consecutivos.

Si tienes interés en ver una película que ya ha pasado por las proyecciones para prensa tendrás que intentarlo en los pases para el público general. La organización te ofrece dos opciones: una, acudir diez minutos antes al cine en cuestión y ver si queda algo y, dos, el día anterior, en ese mismo cine, solicitar una invitación. También existe una tercera, a primera hora de la mañana del mismo día de la proyección que te interesa (y con primera hora de la mañana me refiero a las ocho) en sitios como el Teatro Victoria Eugenia. El riesgo de que hagas tu cola y/o madrugues para, aún así, quedarte sin entrada, es muy alto. Yo, personalmente, lo intenté varias veces, en cines diferentes. Cuando lo intenté con la técnica de los 10 minutos no sólo no quedaba nada sino que la taquillera tenía problemas con el ordenador y la venta de entradas y la película ya había empezado. Volví a usar esa técnica en otro cine y me dijeron que no quedaba nada, que tendría que haber ido a primer hora de la mañana (a las ocho, recordad).

¿Mi consejo? Mantener las cosas simples y, si estás acreditado, acude únicamente a los pases donde tienes el sitio asegurado. Te ahorrarás paseos en vano de cine en cine.

Los no acreditados

No sólo la prensa tiene la codiciada acreditación. También los estudiantes que forman parte del encuentro de escuelas de cine, los miembros de la industria que acuden a los foros de coproducción y distribución, los miembros del jurado de la juventud… Y luego están los demás, los no acreditados. Si tú un día, en plan improvisado, decides plantarte en el festival y “a ver qué encuentras” es posible que no consigas entrada. En ese caso, siempre te quedarán las retrospectivas que, al programar películas antiguas son un poco menos populares.

Para el no acreditado lo mejor es comprar las entradas con tiempo. Si no te la quieres jugar con las películas de la Sección Oficial, estreno absoluto y de las que sabe poco más que su sinopsis, las secciones Perlas y Zabaltegi ofrecen películas que no se han estrenado en España, pero cuentan con una trayectoria de premios en otros festivales. Y eso siempre es garantía.

Por una tarde, descansa

Un día o, al menos, una tarde, dedícalos a la ciudad. A pasear, a ir a la playa, a ver el acuario o algún museo… San Sebastián lo merece.

Un palmarés polémico (otra vez)

El Festival ha apostado por el cine español desde el principio de esta 62 edición. La organización ha elegido a cuatro películas para que formen parte de la sección oficial a concurso: La isla mínima, Magical Girl, Loreak y Autómata y a dos más para que estén en sección oficial, pero fuera de concurso: Lasa y Zabala, de Pablo malo y Murieron por encima de sus posibilidades, de Isaki Lacuesta. Y el jurado, presidido por Nastassja Kinski, ha seguido en esa línea y ha otorgado la Concha de Oro a mejor película a Magical Girl y el premio a mejor director a Carlos Vermut.

La favorita de este año a la Concha de Oro, La isla mínima, no se ha ido con las manos vacías, se ha llevado la Concha de Plata a mejor actor para Javier Gutiérrez y el premio a mejor fotografía. Y a día de hoy, ya estrenada, colecciona críticas positivas y una recaudación estupenda.

Cannes tiene fama de ser el festival más glamouroso. Berlín de ser más intelectual y europeo. Y San Sebastián de elegir un palmarés controvertido. Casi todas las lecturas del palmarés de los últimos años se han llevado abucheos, y esta edición no iba a ser una excepción. Y es que de Magical Girl se pueden decir muchas cosas, pero no es de ésas películas que dejan al espectador indiferente. Se odia o se ama. Unos alaban su apuesta estética, su riesgo, la mirada personal de su autor y su capacidad para perturbar al público… Otros la consideran gratuita, lenta, con un argumento que roza el ridículo y un humor negro fuera de lugar. Yo estoy en el segundo grupo. Esta historia sobre el padre de una niña enferma de leucemia empeñado en gastarse 6.000 euros que no tiene en un disfraz de personaje de anime para la criatura, y que llega incluso a chantajear a una loca para lograrlo, es una de las películas más sobrevaloradas de los últimos años. Y eso que todavía ni se ha estrenado.

En el hipotético caso de que me cruzara con Nastassja Kinski paseando por la orilla de la Concha y me preguntara mi opinión, yo le hubiera aconsejado La isla mínima, un thriller redondo, duro y emocionante sobre la España profunda o “Edén” una crónica vital y amarga a partes iguales sobre un joven que quiere hacerse un hueco como dj, o la alemana Phoenix. Ésta última, de Christian Petzold, cuenta la historia de una superviviente de un campo de concentración que vuelve a su ciudad con un nuevo rostro tras someterse a una cirugía plástica. Su marido la ha dado por muerta y, cuando la ve, no la reconoce, sino que acaba pidiéndole que se haga pasar por su mujer para así cobrar la herencia. Un argumento coherente, intrigante y emocionante. No como otros (y no miro a nadie…).

Pero no os fiéis de mi criterio. La prensa especializada también ha galardonado a dos de estas películas. La asociación de informadores cinematográficos ha optado por La isla mínima otorgándole el premio Feroz Zinemaldia, mientras que la FIPRESCI (federación internacional de prensa cinematográfica) ha elegido Phoenix.

El resto de premios han sido menos discutidos:

  • Mejor guión para Dennis Lehane (guionista de Mystic River, ahí es nada) por La entrega (The Drop).
  • Concha de plata a la mejor interpretación femenina: Paprika Steen por Silent heart, de Bille August. Puede que el nombre de la actriz danesa no os resulte familiar, pero sí su cara, ha aparecido en Los Idiotas y en Celebración.
  • Premio especial del jurado: Vie sauvage, del francés Cedric Kahn. Un premio inesperado para una película que se proyectó el último día y que pasó bastante desapercibida.

El público también vota, aunque entre las películas de la sección Perlas. Una auténtica gozada porque incluye una selección del mejor cine proyectado en otros festivales y todavía no estrenado en España. La premiada es La sal de la tierra, de Wim Wenders y Juliano Ribeiro Salgado, un documental sobre la obra del fotógrafo Sebastiao Salgado. El premio del público a la mejor película europea es para la argentino-española Relatos salvajes de Damián Szifrón, producida por Almodóvar y que arrancó aplausos hasta durante su proyección.

Además hay que seguir la pista de Negociador, la última película de Borja Cobeaga (Pagafantas, guionista de 8 apellidos vascos) a la que le otorgan el Premio Irizar al cine vasco. Negociador se atreve con un tema tabú: el terrorismo, e imagina cómo fueron las conversaciones del gobierno socialista con ETA. Una película a ratos amarga, a ratos cómica, pequeña, sencilla y barata, pero llena de talento. Que Carlos Areces interprete a uno de los etarras da una idea del agridulce tono de esta película.

El año que viene repito

En definitiva, acudir un festival de cine como San Sebastián es una experiencia intensa y agotadora.

Hay días en los que, tras ver dos películas seguidas de más de dos horas, una sobre la comunidad yiddish y otra sobre una banda de delincuentes ucranianos sordomudos, sólo tienes ganas de irte a tu casa y no ver una película nunca más.

Pero luego hay otros momentos.

Como sentarte en un teatro tan bonito como el Victoria Eugenia o en una sala tan enorme como el Kursaal, repletas de gente, que dan palmas cuando suena la sintonía de la ráfaga del festival, previa al comienzo de la película.

O como tumbarte un rato en la playa de Gros, detrás del Kursaal, mirando a los surferos, y girarte y ver que a unos metros está Jessica Chastain posando para los fotógrafos.

O como descubrir una gran película de una forma diferente a la habitual: sin saber nada de ella, sin prejuicios, ni recomendaciones o críticas previas.

Y luego están los pintxos.

Por todos estos motivos, y muchísimos más, yo el año que viene repito.

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