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Viñetas y hertzios

Nostalgia Cuando era pequeño, mi salud era pésima. Apenas podía salir de mi casa y mis padres, tíos y abuelos me traían siempre un Kinder Sorpresa y un tebeo de la editorial Bruguera. Aquellos Mortadelo y Filemón, Zipi y Zape, Rompetecho y compañía eran mi sustento para mis tardes sin poder ver la luz del […]

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Nostalgia

Cuando era pequeño, mi salud era pésima. Apenas podía salir de mi casa y mis padres, tíos y abuelos me traían siempre un Kinder Sorpresa y un tebeo de la editorial Bruguera. Aquellos Mortadelo y Filemón, Zipi y Zape, Rompetecho y compañía eran mi sustento para mis tardes sin poder ver la luz del sol.

Desde aquel momento, el olor a tinta y el sonido de las páginas al pasar se quedaron grabadas a fuego en mi mente.
Cuando me hice un poco mayor, la curiosidad por el noveno arte creció en mi interior. Quería leer sobre personajes con grandes poderes que salvaban al mundo y que además comenzaban a aparecer en las pantallas de cine e incluso algunos en la televisión justo a la hora del bocata.

Y fue así como, poco a poco, descubrí el cómic de superhéroes y aparqué el tebeo de toda la vida, el de las historietas cómicas de Ibañez, Escobar y Jan. Años después me fijé en que los superhéroes no eran lo único bueno que las viñetas podían darme. Existían auténticas joyas escritas que aún me esperaban. Por aquel entonces, mi padre me hizo ver que el tebeo de aventuras podía ser una auténtica maravilla y que Tintín no tenía nada que envidiar al señor del sombrero y el látigo que me maravillaba de pequeño; también me mostró que existía una pequeña aldea de unos irreductibles galos que merecía ser estudiada.

Cuando ya me hice adulto (o al menos lo intenté), mi curiosidad creció y comencé a descubrir a los grandes, a las mentes maestras detrás de historias que te dejan impresionado. Por esa época me di cuenta de que no era el único con esa pasión y de que el lector de cómics no es el típico joven con acné detrás de un mostrador, si no que hay toda una horda de lectores ávidos de adentrarse en un mundo que únicamente puede encontrarse en este tipo de arte. Porque el cómic es un arte. Denostado en muchas ocasiones, pero con grandes obras maestras que pasarán a la historia.

Los comienzos

Las historias contadas en los tebeos son muy visuales. Por tanto, son muy adaptables a otras formas de arte. De esta manera, de las viñetas se pasó al cine y a la televisión tanto en formato animado como en acción real.

Cuando Jerry Siegel y Joe Shuster crearon al icono superheroico por excelencia, no pensaron que también abriría paso a un nuevo género en la televisión: las series basadas en superhéroes de cómic. Las Aventuras de Superman fue un hito en la televisión. Un personaje de cómic daba el salto a las pantallas de nuestros salones y, pese a sus limitaciones técnicas y a que las historias del cómic no tenían demasiado que ver con las que aparecían en la serie, fue un éxito debido al enorme tirón que tenía el personaje.

Un poco más tarde, otro héroe de los más influyentes daba el salto a nuestros hogares con una adaptación un tanto peculiar. Me refiero a Batman. La serie de televisión de Batman fue, quizá, la primera en la que hubo cierto atrevimiento a mostrar una estética distinta a la esperada. Buscaron que las viñetas se trasladaran a la pantalla con ciertos recursos narrativos sólo vistos hasta entonces en las páginas impresas. Es cierto que el tono naif de la serie no corresponde con el Batman que ahora nos presenta Nolan. No obstante, la serie fue todo un éxito. Popularizó enormemente al personaje y creó una mitología tras él que ha conseguido que ahora el hombre murciélago esté en lo más alto del ranking superheroico. Debido a su éxito, grandes actores aparecieron en la serie donde interpretaban pequeños cameos, incluido Bruce Lee.

Anhelos

De pequeño vi alguna de esas series en las redifusiones que se solían emitir; pero yo era de la generación de los 80 y quería ver algo más “moderno”. Entonces llegó a mi poder una cinta VHS con un monstruo verde al que yo había visto en aquellos tebeos que compraba en el kiosco de la esquina y al que llamábamos La Masa.

Casi todos los viernes mi padre me llevaba al videoclub del barrio cuando salía del trabajo para que alquilar una película de las que a mí me gustaban. Recuerdo que las novedades eran más caras y podías llevarte un par de películas 48 horas, que devolvías en dos días. Cuando me fui a la sección de 48 horas, rebusqué entre todo el montón desordenado y encontré una carátula que me llamó mucho la atención. No era gran cosa, pero al verla me quedé impresionado. Un hombre débil con un enorme monstruo verde detrás y ese logo morado que rezaba: “La Masa, un hombre increíble”. Me di cuenta de que era aquel monstruo que aparecía en mis tebeos. Corrí hacia mi padre con la película en la mano y le pedí que la alquilara. Llegué a casa y la vi. Al cabo de un rato, mi padre me explicó que en realidad no era una película, era el primer episodio de una serie que se había emitido años atrás sobre el personaje de cómic. Al verla, he de decir que me impresionó; pero sólo porque la vi con ojos de niño inocente que quería ver a sus superhéroes como personas reales.

A principios de los 90 comencé a investigar un poco sobre los personajes de cómic que aparecían en pantalla. Así, descubrí unas películas hechas para la televisión sobre Spiderman que daban más miedo que vergüenza y alguna que otra joya olvidable. Entonces llegó el momento que hizo que volviera a creer en que podía ver a mis héroes en acción real y como se merecían. Apareció una de las mejores series de superhéroes que hemos tenido nunca en la televisión: “Lois y Clark: Las nuevas aventuras de Superman”.

Los 90 tuvieron cosas buenas

Cuando el superhéroe más poderoso volvió a las pantallas interpretado por Dean Cain, yo estaba maravillado. Los efectos especiales eran lo de menos. Las historias eran como salidas de los tebeos. Me identificaba con los personajes que se dedicaban a salvar el mundo e intentaban salvar sus vidas. En esa serie descubrí que el héroe no es tan atractivo como su alter ego. Me di cuenta de que Clark era mucho más interesante que Superman.

El cómic de terror tuvo otra adaptación a la pequeña pantalla. Historias de la cripta fue una serie que apareció de la nada y que adaptaba historias de terror independientes basadas en un cómic homónimo. Esta serie fue otro hito en la televisión, al ser de las primeras en adaptar cómics no superheroicos con un gran éxito. Grandes actores y directores pasaron por ella y dejaron capítulos que pasarán a la historia de la pequeña pantalla.

En España hicimos nuestros pinitos

Cuando uno es adolescente no se da cuenta de que las cosas raras que se pueden ver en la tele también provienen de los tebeos; en este caso, se trata de relatos que ironizaban la España chusca. El caso es que en esa época de acné juvenil y despertares de otro tipo, comencé a interesarme por dos series de televisión muy gamberras: Makinavaja e Historias de la puta mili. Aquí, se retrataba la España de aquel entonces en clave de humor. Años más tarde fui consciente del hito televisivo que constituyeron estas dos grandes series.

Antes de aquello, en nuestro país no éramos muy dados a hacer adaptaciones de cómics, pese a haber tenido una época con grandes autores que ahora son mitos de los tebeos y referentes para las nuevas generaciones. Hasta entonces, unos maravillosos cortometrajes de Mortadelo y Filemón y una serie perdida de Carpanta rodada, nada más y nada menos, ¡en directo! era lo único que teníamos.

Más adelante tuvimos una serie bastante mediocre de El botones Sacarino y la famosa Aquí no hay quien viva, que no es más que una adaptación de 13 Rue del Percebe. He de admitir que, salvo pequeñas excepciones, el cómic español ha sido bastante maltratado en sus adaptaciones televisivas. Me quedo con mis TBO de toda la vida y mi Súper Humor.

Panorama actual

Hoy día los cómics vuelven a estar de moda tanto en cine como en televisión. El formato escrito ya es otra historia. Las grandes editoriales de cómic superheroico dan tumbos con reinicios innecesarios y crossover que producen más desasosiego que otra cosa. Por el contrario, el cine y la televisión viven su edad dorada de los superhéroes.

Si nos centramos en los superhéroes de la televisión, las dos grandes editoriales tienen dos series en su haber: Arrow y Marvel´s Agents of SHIELD. La primera utiliza el concepto realista del superhéroe creado por Nolan en su Caballero Oscuro y es, probablemente, la más efectiva que nos podemos encontrar. La serie de espionaje de Marvel, en cambio, es menos efectiva y más palomitera e intenta vivir al rebufo de los grandes éxitos de la franquicia en pantalla grande. El universo cohesionado que ha creado la editorial Marvel es un fenómeno transmedia que merece ser estudiado.

Por otro lado, existe ahora otro cómic que ha dado el salto a la pequeña pantalla y que ha llegado a tener un éxito inusitado en un género menor. Me refiero a The Walking Dead y sus zombis. Una maravilla de tebeo, cuyo guionista es Robert Kirkman, que en su adaptación a la televisión ha tenido altibajos de calidad. De todas formas, ha marcado un punto y aparte en el género. Nadie duda que The Walking Dead ha contribuido a que el género zombi ya no sea un género menor. Además, pese a sus carencias, el riesgo de crear una adaptación de un tebeo que sea imprevisible tiene mucho mérito.

Grandes errores

No todo lo que se ha llevado de las viñetas a la pantalla ha conservado la misma calidad. Lo que para algunos fue una gran serie de adolescentes para mi fue una afrenta a mi superhéroe favorito: Smallville.

Cuando comencé a ver la serie, pensaba que Superman sería lo mejor que podía pasarle a la televisión porque recordaba a Lois y Clark y la maravillosa primera película de Richard Donner para el cine. Al visionar los primeros episodios, lo que para mí era una esperanza se convirtió en un martirio. No podía soportar cómo un mito de los tebeos que leía de niño (y no tan niño) se convertía en un subproducto para quinceañeros con las hormonas revolucionadas. Aún así, debido a que en otra vida debí ser penitente, continué su visionado hasta el final sólo por ver si se convertía en el Hombre de Acero que todos esperábamos. Sí, lo sé… No era necesario.

Otros tres grandes fiascos de la televisión fueron los pilotos fallidos de Aquaman (en serio, ¿a alguien le gusta Aquaman?) y de Wonder Woman, creado por David E. Kelly (sí, el de Ally McBeal), que era aún peor de lo que os podríais imaginar; y la serie cancelada a la mitad de la temporada de Birds of Prey.

Lo que vendrá

Gracias al enorme éxito de las películas de Marvel, no sólo tendrá a Marvel´s Agents of SHIELD como una de sus filiales en la pequeña pantalla. Netflix , ese canal que empezó como videoclub y acabará convirtiéndose en una productora de las más importantes, ha anunciado que creará cuatro series de cuatro superhéroes distintos: Iron Fist, Luke Cage, Daredevil y Jessica Jones. Ellos convergerán para unir sus fuerzas en la miniserie Los Defensores. La idea no es mala, pero tanto superhéroe al final saturará el mercado seriéfilo.

DC, la otra gran editorial superheroica, también aprovecha el éxito de la serie del arquero esmeralda Arrow para lanzar un Spin Off en el canal CW, donde se emite la serie del velocista más importante de la editorial: Flash. De momento, la aparición del personaje en la serie madre ha gustado a propios y extraños.

Por otro lado, la ciudad del Caballero Oscuro tampoco se quedará atrás con la adaptación del cómic Gotham Central que se prevé haga Fox.

En el camino más oscuro de la editorial, aparece Constantine. El antihéroe creado por Alan Moore a imagen y semejanza de Sting (sí, el cantante) tendrá su propia serie después del desastre de la película protagonizada por Keanu Reeves. Quizá la serie sea una mejor estructura para el desarrollo del personaje. La única pega es que al ser emitida en un canal americano en abierto, el tono gamberro del personaje y la oscuridad de las tramas seguramente será rebajada para no escandalizar al público más puritano.

Lo que debería venir

La maravilla del tebeo es que la forma de contar las historias está directamente relacionada con la forma en la que lo hacen las series. Por tanto, los grandes cómics siempre tendrán mejores adaptaciones en la televisión que en el cine pese a la diferencia de presupuestos.

Cuando Watchmen fue adaptada al cine pensé que podría ver en imagen real una de mis novelas gráficas preferidas sin echarme a temblar por el resultado. Al acudir a la sala me sorprendió lo bien llevada que estaba la historia al cine, pero era tan calcada al original en papel que no funcionó. La duración era la clave. ¿Os imagináis qué hubiese sido de Watchmen en una miniserie de 12 capítulos?

Después de darle muchas vueltas, llegué a la conclusión de que me gustaría ver más series de cómics míticos. Un Sandman de Neil Gaiman en una serie oscura y gótica. Una serie policiaca basada en el universo creado por Brubaker en Criminal. Una Liga de los Hombres Extraordinarios tan desvergonzada como los números de Alan Moore. Todas serían fantásticas adaptaciones a materiales buenísimos que podrían dar mucho juego mientras se alejan del material superheroico con mallas y colorines.

El olor a tinta

Los tebeos nos han enseñado que todo poder conlleva una gran responsabilidad. No podemos pensar que la vida humana es un fenómeno sobrevalorado ni una broma cruel. Usar máscara no siempre sirve para ocultarnos, si no para construir quienes somos. Los cómics han hecho que queramos ser un superhéroe en algún momento de nuestra vida y que merece la pena luchar por cualquier sueño que valga la pena.

Seguiré emocionándome al abrir los tebeos; oleré la tinta al pasar las páginas; disfrutaré de las adaptaciones; e inculcaré a las generaciones futuras que un cómic no es para los niños: nos hace sentir como si fuéramos niños.

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