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Crítica: ‘22 de julio’ es maravillosa y terriblemente difícil de digerir

La serie narra los hechos de los atentados de 2011 en Utøya y las consecuencias para la sociedad noruega

(Fuente: Filmin)

Esta crítica se ha escrito tras ver la temporada completa de ‘22 de julio’ y no contiene spoilers.

Es habitual que en las series que narran crímenes reales se recurra al morbo y al excesivo dramatismo a la hora de exponer lo sucedido, ya sea para impactar a la audiencia o para acudir a la lágrima fácil. No es el caso de 22 de julio, serie nórdica recientemente estrenada en Filmin, que supone un ejercicio maravilloso de relatar un suceso trágico, que resulta terriblemente duro de digerir.

22 de julio llega para contarnos qué sucedió en los dos atentados que tuvieron lugar en Noruega en 2011 en los que Anders Breivik colocó explosivos en una furgoneta y a unas horas más tarde acabó con casi setenta vidas en un campamento juvenil en la isla de Utøya. Los hechos son duros y se habla de una cantidad de personas y de unas circunstancias que ponen la piel de gallina, incluso contados de una forma escueta y aséptica, pero la serie es interesante por mucho más que por el ejercicio de Historia.

Y es que hace especial hincapié en mostrar todo el proceso. Me explico: cuando nos hablan de una agresión se suele mostrar -a mayores- la visión del culpable, la de las víctimas, la de los agentes y la prensa. Aquí no lo hacen, o sí, pero no se quedan en ello, pues el detalle de la narración de los momentos (días y meses) posteriores logra que amplifique el efecto del impacto. Llegas a entender a toda esa gente que está implicada cuando hablamos de atender una catástrofe, y que suele meterse bajo el paraguas de agentes y sanitarios, como si solo de dos escalones se trate. Lo dilatado de la descripción logra que los hechos impacten mucho más sin necesidad de imágenes explícitas.

Esa es otra de sus virtudes: 22 de julio deja una piedra en el estómago sin necesidad de regalar protagonismo al terrorista ni de mostrar imágenes privadas. Las familias, las víctimas, el destrozo explícito causado es algo de lo que se habla y que se tiene permanentemente en mente, pero no se muestra. Por el contrario, explica las consecuencias de algo así para una sociedad, con independencia de la relación directa con los fallecidos.

Lo pormenorizado del retrato se hace siguiendo a una serie de personas con oficios y posiciones sociales distintas y mostrando su vida de una forma completa. De esta manera, uno entiende hasta dónde llegaron las consecuencias de los atentados y cómo afectaron de una forma más transversal. Además, la serie aprovecha para hablar de muchos otros temas que vienen de la mano en un drama como este: los recortes, el racismo o el tratamiento sobre toda una generación de chavales marcados por Utøya. Constantemente estás conociendo nuevos matices del dolor y matices en los que no habías llegado a pensar.

22 de julio es terrible, te mantiene permanentemente en el agobio y la tristeza, te rompe de un montón de maneras distintas y es dura de ver, de las que te dejan mucho tiempo pensando en ella. A la vez, es espectacular, autoexigente y muy completa, uno de esos malos tragos por los que vale la pena pasar.

‘22 de julio’ está disponible en Filmin.

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