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Críticas

Crítica: ’30 monedas’ 1×02 — ‘Ouija’

El segundo episodio de la serie de HBO España mantiene el listón muy alto

Megan Montaner y Miguel Ángel Silvestre en el segundo episodio de ’30 monedas’. (Fuente: HBO España)

Esta crítica se ha escrito tras ver el segundo capítulo de ’30 monedas’ y contiene spoilers.

Telarañas y Ouija. Clásico del miedo el primero, y clásico del miedo el segundo. Si el primer episodio entronca con el miedo atávico que los arácnidos infunden en muchas personas, el segundo nos propone un viaje al imaginario del más allá en forma de tablero plagado de números y letras. Que la ouija es un elemento recurrente en la ficción audiovisual no se le escapa a nadie, pero sus aproximaciones al tablero pocas veces infunden miedo; todo lo contrario. Más aún cuando los dedos que se posan sobre el vaso son jóvenes y, al final, no puedes tomarte en serio cómo se mueve el vidrio porque simplemente no te lo crees. Pues vaya por delante que en este capítulo Álex de la Iglesia parte del mismo planteamiento: un grupo de jóvenes, cargados de botellas de alcohol, juegan a la ouija en un cementerio. Pero aquí surge la magia (negra, supongo) y el género brilla en la noche, porque el realizador vasco gira la tuerca una vez más y te da donde más te duele (o gusta).

Después de un comienzo prometedor donde el cardenal Petruccelli (Manolo Solo) se muestra, y cómo, batallando con maquetas de barcos, la acción se traslada de nuevo a Pedraza donde Elena coincide por trabajo con Roque (Antonio Velázquez), marques y potentado de la zona. Paralelamente, un grupo de chicos decide jugar a la ouija en un cementerio por la noche: Jaime (Nourdín Batán), Vane (Carla Campra), Sole (Carla Tous), Nacho (Óscar Ortuño), Elvira (Abril Montilla) y Richi (Alberto Bang), entre otros. Durante la sesión, sale a relucir el nombre de Giacomo (el nombre del chico que falleció cuando el padre Vergara le realizó el exorcismo tiempo atrás), se apagan las velas de repente y cuando usan los móviles para alumbrarse descubren que Sole (hija de Martín -Secun de la Rosa-), guardés de Roque, ha desaparecido. El pueblo se agita de nuevo y comienza la búsqueda de Sole.

La primera media hora del episodio aborda someramente la trama de la moneda, pero es el argumento perfecto para, en la segunda media, meterte de lleno en ella, gracias a la historia de Sole (cuya madre se suicidó meses atrás), que vuelve del “otro lado” en la historia cuando sus amigos hacen una segunda sesión de ouija. ¿Como por ensalmo? Aparentemente sí, pero nada que ver con la realidad. Y hete aquí que el infierno vuelve a desatarse porque Sole vuelve sumamente cambiada, con poderes aterradores y con un mensaje muy claro sobre la moneda y lo que se avecina.

(Fuente: HBO)

La segunda entrega de 30 monedas resulta soberbia. Durante casi una hora, con pequeños oasis de calma tensa, la inquietud y desasosiego va en crescendo. Calculadamente. La primera sesión de ouija, los mensajes de móviles, la aparición de Sole y sus vaticinios (la secuencia del coche tipo La Profecía), la escena de Vergara con el televisor, la visita de Sole a Vergara cuando se raja el rostro, la búsqueda de la moneda en casa de Elena y la aparición de los ¿prelados, cardenales? justo antes del clímax final, posesión incluida. Si a todo esto le añadimos la variedad musical que despliega Roque Baños en cada escena, el momento culminante al final del episodio (no puede ser casualidad), un montaje estudiado y resolutivo y la recurrente sensación de que el terror no ha hecho más que empezar, la conclusión a la que llega uno es que la miniserie de Álex de la Iglesia y Jorge Guerricaechevarría va camino de convertirse en una pieza de culto.

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