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Crítica: A ‘Jett’ le vendría bien desmadrarse todavía más

La serie de HBO propone una historia de agentes dobles con potencial para el humor negro y la violencia ridícula

Esta crítica se ha escrito tras ver el primer episodio de ‘Jett’ y no contiene spoilers.

Jett es la nueva serie de Cinemax (canal propiedad de HBO), estrenada en España la pasada semana en el servicio de streaming de la plataforma. En ella, Carla Gugino (La maldición de Hill House) es Daisy “Jett” Kowalski, una experta ladrona que regresa al ruedo para un último gran golpe que se acaba torciendo. La historia base la hemos visto una y mil veces, sí, pero funciona: por su carácter despreocupado, por la humildad con la que abraza los tropos del género y por su presentación directa y sin ínfulas.

Este primer episodio, sin embargo, se desvía en algunas ocasiones del que es, sin duda, su sendero más fructífero (la acción sencilla y cautivadora). Tenemos, por ejemplo, la cita que abre el capítulo: “Somos como la araña. Tenemos nuestra vida y nos movemos por ella” (del Brihadaranyaka Upanishad, un texto hindú del siglo VII a. C.). Con mascaradas como esta, Jett camina suspendida sobre el finísimo hilo que separa la sofisticación de la pedantería, y no se la ve demasiado segura de sí misma ahí arriba.

Y es que el resto de la serie empuja en una dirección diametralmente opuesta. Con su gran factura, su identidad visual pesada y rotunda y la gracia con la que el guion enlaza diálogos que recuerdan a veces al Tarantino más macarra, es casi decepcionante que Jett pierda ese tiempo en vendernos motos que nadie quiere comprar. Porque, después de este primer bocado, los que se queden lo harán por la diversión y no por intelectualismos impostados.

Su antiheroína, Daisy, opina (¿y quién no?) que lo de llevar una vida corriente y honrada está bien, pero perpetrar un último gran robo y pegarte la vida padre está mejor. De ese plan va esta gente, todos espías, ladrones y agentes dobles pasados de vueltas que se creen tanto y tan bien su loca realidad que la hacen siniestramente divertida para el espectador. El margen de mejora está claro: ir con todo a por esos tintes de humor negro y violencia sin complejos que ya asoman aquí, y que pueden convertir el resto del viaje en una montaña rusa.

La protagonista acepta de Charlie Baudelaire, un mafioso interpretado por un siempre alucinante Giancarlo Esposito (el legendario Gus Fring en Breaking Bad), un encargo que casi suena a chiste: robar un valiosísimo anillo de un gánster ruso afincado en Cuba. La falta de prejuicios de Jett hacia su propio planteamiento le permite retorcer y acicalar una historia bastante clásica, en la que mueren civiles arrastrados por la trama y nadie se plantea siquiera pararse a pensar en las consecuencias.

A fin de cuentas, el mérito de la serie reside en conseguir que una apuesta tan personal (escrita, dirigida y producida por Sebastian Guiterrez) resulte en un entretenimiento tan universal y disfrutable por todos. Su puja estilística, con un caprichoso gusto por los colores y la simetría, acaba de puntuar la serie. Con estas virtudes en la balanza, ya solo necesita soltarse aún más la melena de cara al resto de episodios para acabar de conquistar a un público que, eso sí, quizá aún ni la conoce.

‘Jett’ está disponible bajo demanda en HBO España, con nuevos episodios los sábados.

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