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Crítica: ‘Algo en que creer’, si esto es fe

El creador de ‘Borgen’ regresa con una serie sobre la fe y la familia en todas sus vertientes

Lars Mikkelsen, a la derecha, es el protagonista de ‘Herrens Veje’. (Fuente: Movistar+)

“Al final, todo comienza con un viaje”, que diría Joseph Campbell en su célebre El Héroe de las Mil Caras. Y bien podría servir esta frase como el tagline de la última serie de Adam Price, Herrens Veje (Algo en que creer), porque el autor de la ya casi mítica Borgen vuelve a sacudir nuestra zona de confort zarandeando algo tan personal e intransferible como la fe (o su ausencia), la iglesia (la terrenal, no la divina) y la institución social más longeva e importante que conocemos: la familia, presentándonos no uno, sino cuatro trayectos diferentes, a través de los cuatro protagonistas. Viajes que supondrán una transformación capital para los héroes o villanos (eso lo dejo a su elección) de esta serie.

Como no he encontrado un trabajo donde me paguen por ver series (admito ofertas), he de ser muy selectivo cuando escojo: la carencia de tiempo y la descomunal oferta te obligan a ello. Los parámetros varían, naturalmente, pero en este caso no sólo primó Adam Price (no neguemos lo evidente), sino la historia que nos propone y, más aún, cómo nos la propone.

Situémonos: Copenhague, en la actualidad. Johannes Krogh (Lars Mikkelsen) es un reputado pastor luterano procedente de una saga dedicada al sacerdocio desde hace dos siglos y medio. Está casado con Elisabeth (Ann Eleonora Jørgensen) y es padre de dos hijos: August (Morten Hee Andersen), el pequeño, capellán militar, recién casado y el preferido de su padre, y Christian (Simon Sears), licenciado en empresariales y ex seminarista. El inicio de la serie se centra en las elecciones para elegir al nuevo obispo de Copenhague (aunque no lo explicita) donde, después de acalorados debates, quedan dos candidatos: Johannes y Mónica. Todas las encuestas dan como favorito al primero por su estirpe religiosa, su arrolladora personalidad y su carisma pero, inexplicablemente, pierde.

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Este hecho provoca el detonante del viaje de Johannes. El presumible auge en el que se encuentra es más endeble de lo que nunca imaginó; la pérdida del ansiado obispado lo sume en una espiral regada por el alcohol y la infidelidad. Sus miras se desvían hacia su hijo pequeño, como tabla de salvación, para que alcance la gloria que le ha sido vedada. August se debate entre servir a Dios en su país o en Oriente Medio y opta por lo segundo para comenzar en su destino castrense su particular viaje. Su estancia allí se torna traumática y el regreso a casa no le ayuda; peor aún, Mónica, la nueva obispa, le ofrece a August ser el pastor de la más prometedora congregación de la ciudad.

La crisis de fe también alcanza a los hijos de Johannes. (Fuente: Movistar+)

A su vez, Christian es expedientado por haber plagiado su tesis doctoral, lo que le acarrea no participar en un proyecto de venta de aplicaciones informáticas con sus compañeros y amigos de la universidad. En un viaje al Tíbet, confiesa a su mejor amigo que le ha traicionado. Abandonado, se refugia en un monasterio budista donde emprende su periplo. Elisabeth es el eje familiar, el amparo donde todos los varones de la familia, en mayor o menor medida, se refugian; cuando Johannes vulnera el particular acuerdo que hay entre ellos, su mundo, enmascarado tras un escaparate, se tambalea. Y, cómo no puede ser de otra manera, emprende su viaje.

Herrens Veje o Los Caminos del Señor (que sería su traducción más fiel del danés) es un drama espiritual/familiar con un gran conflicto inicial. ¿Qué ocurre cuando un guía se extravía? ¿Qué sucede con el rebaño cuando el pastor se pierde? La última creación de Price, y a pesar de todo lo que hayan leído, no es una historia religiosa sino sobre la fe, y cómo su relevancia afecta al ser humano. Nos muestra lo importante que puede ser para uno creer por encima de todo aún cuando las circunstancias no lo permitan (ya saben, lo del clavo ardiendo); o cómo llega un momento en que los cimientos donde se apuntalan los principios y valores se resquebrajan por completo.

Es la historia de una familia de seres imperfectos, donde el uso y abuso del poder, los bandos ad hoc, el cariño y el desdén, el odio y el amor, el egoísmo y la generosidad, todo aquello que nos hace humanos a los humanos, flota cuando el barco se hunde. Es la eterna diatriba del bien y del mal sólo que, en esta ocasión, esa (desafortunada y aburrida) manía del maniqueísmo brilla por su ausencia. Aunque puede haber similitudes con Borgen (amén de la coincidencia actoral), son series diferentes. Rodada con esa austeridad típica escandinava, Algo en que creer es una excelente serie, pausada, densa (que no farragosa), de gran calado espiritual.

Altamente recomendable.

¿Por qué hay que verla? Una excelente historia, bien contada y enmarcada de manera novedosa.

Puntos fuertes: Lars Mikkelsen. Y, en segundo plano, el resto del elenco.

Claves de su éxito: No nos engañemos, el reclamo de Price basta. Y cumple con creces.

Nota: “Herrens Veje inaugura un nuevo género: el realismo mágico escandinavo”. Adam Price dixit

‘Algo en que creer’ está disponible en el servicio VOD de Movistar+.

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