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Crítica: ‘American Horror Story: 1984’ 9×03— Slashdance

Muertes, sangre y secretos en el nuevo episodio de la serie

Dividirse en varios grupos nunca fue buena idea. (Fuente: FX)

Os lo dije la semana pasada. Para saber quién sería el primero en morir del grupo principal solo había que mirar los títulos de crédito de American Horror Story: 1984 y ver qué nombre faltaba. Era el de DeRon Horton, actor que ha interpretado a Ray Powell hasta que le han cortado la cabeza mientras huía en moto al final de este episodio 9×03, no sin antes contarnos un turbio pasado que, a decir verdad, no parece que aporte mucho a la trama.

Pero antes de llegar al momento Sleepy Hollow motero, la serie nos ha puesto delante un episodio en el que la trama iba en continuidad con los anteriores (y ahí hace falta un poco más de avance), pero que, por otro lado, nos ha brindado dos giros que suponen la constatación de que aquí nadie es lo que parece y que muy posiblemente Brooke sea la única que es trigo limpio en la historia, como buena chica boba protagonista de slasher, o quizás por eso, para darle la vuelta el tópico, ni siquiera ella.

La primera revelación es que la enfermera Rita no es la verdadera enfermera Rita. Angelica Ross en realidad da vida a Donna Chambers, una psiquiatra que ha secuestrado y suplantado a la cándida Rita (quien durará bien poco y acabará empalada) para instalarse en el campamento. Pero mi duda es si realmente es una prestigiosa doctora que ha tratado con asesinos en serie como Ted Bundy, John Wayne Gacy o Patrick Kearney (¿vemos parodia de Mindhunter por aquí?) como asegura o si sencillamente es una chiflada más. Me inclino más por lo segundo; está como un cencerro o es una fanática de los asesinos en serie.

El otro giro, y quizás más sorprendente, es que Montana no es una víctima más sino que está compinchada con Richard (aka el Acosador Nocturno). No sabemos exactamente qué hay entre ellos ni a quién se refiere cuando le dice: “¿Por qué coño no la has matado aún?”. La opción obvia sería Brooke, no en vano es la víctima a la que Richard ha estado persiguiendo y Montana la convenció para ir a Redwood, pero no descartemos que Montana tenga algo contra Margaret, quien, por cierto, no ha aparecido en este capítulo y la hemos echado de menos.

Entre medias, aparecen unos paletos disfrazados del señor Jingles y como vienen se van. Bueno, como vienen no, se van más despiezados. Su contribución al relato es breve, pero sirven para que continúe el festín de sangre y eso siempre es bienvenido. Y más allá de eso, me hace pensar si American Horror Story: 1984 está en este episodio marcando cuál es realmente el tema que quiere tratar: la mitomanía que surge en torno a los asesinos en serie. Tenemos a los imitadores, a la psicóloga que quiere llegar hasta el fondo de su mente y a una chica mona enamorada de un asesino.

Tendremos que esperar a los siguientes capítulos para ver si finalmente la serie establece una reflexión en ese sentido o si va hacia otra parte. Y también para comprobar si American Horror Story: 1984 sube su apuesta y nos deja descolocados con un gran giro. Porque estos dos me han sabido a poco.

Todas las críticas de ‘American Horror Story: 1984’

Los nuevos episodios de ‘American Horror Story: 1984’ se emiten cada sábado a las 01:10h en FOX España.

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