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Crítica: “Blood”, un ovillo urdido a base de secretos

La nueva miniserie de Channel 5 desembarca en España de la mano de Filmin Esta crítica se ha escrito tras ver la miniserie completa y no contiene spoilers Channel 5 es una cadena generalista británica relativamente nueva en el negocio; su salida a antena data de 1997 y hasta el 2014, que fue comprada por […]

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La nueva miniserie de Channel 5 desembarca en España de la mano de Filmin

Esta crítica se ha escrito tras ver la miniserie completa y no contiene spoilers

Channel 5 es una cadena generalista británica relativamente nueva en el negocio; su salida a antena data de 1997 y hasta el 2014, que fue comprada por ViacomCBS, su trayectoria estuvo marcada por las audiencias, entradas de publicidad, compras erráticas de contenidos, políticas, fusiones o absorciones… En fin, nada nuevo bajo el sol. Desde hace un par de años y sumándose a los nuevos tiempos que corren, la cadena ha comenzado a apostar por la producción propia. Dentro de esta nueva tendencia, la serie que nos concita hoy aquí, Blood, ha supuesto un punto de inflexión en la cadena, convirtiéndose en un soplo de aire fresco y colocando a Channel 5 en un disparadero hasta hace bien poco impensable.

Para este proyecto la cadena apuesta por una joven y prometedora creadora: Sophie Petzal, guionista de algunos capítulos de The Last Kingdom, Riviera, o Los Medici, y confía la dirección a Lisa Mulcahy (Years and Years, The Moonstone) y a una experimentada ayudante de dirección como es Hannah Quinn. Ambientada en un pequeño pueblo del interior de Irlanda, Blood posee, y está hecho ex profeso, ese aroma a Broadchurch que ha creado escuela; sólo que en esta ocasión la narrativa nos lleva por un derrotero familiar, donde los secretos quizás unen más que la sangre.

Situémonos: Condado de West Meath, al oeste de Dublín, en la actualidad. La muerte repentina de Mary Hogan (Ingrid Craige) obliga a su hija menor, Cat (Caroline Main) a regresar desde Dublín a su casa natal, después de cuatro años de ausencia. Una vez allí, se reencuentra con su padre, Jim Hogan (Adrian Dunbar), médico del pueblo, su hermana mayor, Fiona (Graine Keenan) y su hermano Michael (Diarmuid Noyes). La relación entre Cat y su padre nunca fue buena y el fallecimiento de Mary acrecienta esa rencilla. La enfermedad de Mary ha sido larga y degenerativa y tanto Jim como Fiona y Michael reprochan velada, y muy sutilmente, la ausencia de Cat. Todo apunta a que el fallecimiento es consecuencia de un accidente doméstico al pie del estanque que flanquea la casa familiar.

Cat sospecha que la muerte de su madre no es en absoluto accidental. Una serie de pruebas e incoherencias en los relatos de su padre y hermanos la convence de un complot de asesinato. El funeral tardará aún unos días y Cat decide investigar. Su primer descubrimiento es la relación paralela que su padre mantiene con su ayudante en la consulta, Sarah (Shereen Martin), y encauza sus sospechas por ahí, pero su sorpresa será capital cuando descubra que toda la familia, incluida su madre, ya conocía esa relación. Cat expone sus sospechas, pero su familia al completo rechaza tal hipótesis: no es la primera vez que Cat “fantasea”. Es ahí cuando entra en juego Barry (Cillian O´Gairbhi), un amigo de la infancia cuyo padre se suicidó tiempo atrás. Ambas familias eran muy cercanas hasta ese fatídico día.

Blood es un drama inusual. No hay sombras, sótanos oscuros, amenazas e interrogatorios, no; más aún, para ser Irlanda, y también está hecho adrede, la luz juega un papel fundamental, así como la foresta (sobre todo en los momentos definitivos) verde y exuberante (y a plena luz del día) y donde la Policía es casi un convidado de piedra (necesario, pero apenas trascendente). La narrativa se aleja de una única visión, a pesar del peso de Cat, protagonista y eje, porque en esta historia, tal y como declaró la propia Sophie Petzal, todos los integrantes de la familia Hogan tienen secretos inconfesables. Y es que al margen de la subjetividad de la que todos hacemos gala, juzgar sus motivaciones y razones sería perjudicial para el sentido que la miniserie pretende trasladarnos.

La miniserie, que consta de seis capítulos de 45 minutos, funciona gracias a los constantes giros de guión, derivando cada descubrimiento en un nuevo estadio que hace avanzar la trama hasta su desenlace. Tanto Adrian Dunbar (pocas sonrisas son tan aterradoras) como Caroline Main resuelven con solvencia y calidad sus roles. Y ojo al semidesconocido Cillian O´Gairbhi, todo un descubrimiento.

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