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Crítica: ‘Brassic’, la celebración de la decadencia con una sonrisa - Fuera de Series
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Crítica: ‘Brassic’, la celebración de la decadencia con una sonrisa

Joe Gilgun protagoniza una comedia centrada en un hombre con trastorno bipolar que llega a Filmin

Dominic West y Joe Gilgun, en ‘Brassic’. (Fuente: Filmin)

Esta crítica se ha escrito después de ver la miniserie completa y no contiene spoilers.

¿Cómo escribir un personaje que padece trastorno bipolar, y que esa bipolaridad sea uno de los ejes narrativos de la trama? Fácil. Contratas a un actor que padece ese trastorno y, además, compartes con él la creación de la serie. Eso debió pensar Daniel Brocklehurst (Shameless) cuando ideó Brassic y se decidió por Joseph Gilgun (This Is England, Misfits, Preacher) para dar vida a Vinnie. ¿Locura? Pues sí, pero bendita locura.

Con claras influencias de Shameless y Trainspotting, Brassic se presenta como una comedia muy rural, muy orgánica, pero con un drama a cuestas incontestable: la ausencia de esperanza y de oportunidades en un entorno adverso, aburrido y claramente disfuncional. Pero todo barnizado por el humor negro y corrosivo como una suerte de válvula de escape, para huir sin moverse del sitio. Ya sea robando, estafando o drogándose para evadirse de la realidad, eludir las responsabilidades y, por encima de todo, hacer lo que sea necesario para no tener que ganar dinero por medios honrados. ¿Estamos locos o qué?

Situémonos: Lancashire, al norte de Manchester, en la actualidad. La pandilla formada por Vinnie (Joseph Gilgun), buscavidas profesional, bipolar y que vive en un vagón de tren abandonado en el bosque (el único lugar donde encuentra la paz), Cardy (Tom Hanson), voraz devorador de kebab y apodado así por un paro cardíaco prematuro, el no muy inteligente boxeador amateur Ash (Aaron Heffernan), el aparentemente más serio, y pareja de Erin (Michelle Keegan), Dylan (Damien Molony) y el empresario libidinoso Tommo (Ryan Sampson), que halló su vocación cuando comenzó a dirigir la mazmorra sexual local, vive ajena al mundo real, sobreviviendo al otro lado de la ley con negocios que pintan bien en sus comienzos, pero que no lo son tanto cuando se meten en ellos.

La pandilla de Vinnie. (Fuente: Filmin)

Así, el primer capítulo nos lleva, a ritmo de Barrett Strong, Thin Lizzy o Canned Heat desde el robo de un pony Shetland para Jim, uno de sus amigos que lo necesita para vengarse de un agricultor polaco con el que no se lleva bien (más tarde teñirán al animal porque se equivocaron de pony), hasta el robo (en realidad son dos veces) inconsciente al mafioso local, pasando por el cultivo de marihuana, entre otras. Vinnie, a pesar de hacer todo lo necesario para mantener unida a la pandilla, se enfrenta a un episodio suicida en plena crisis y decide tirarse de un puente, pero un transeúnte que pasaba por ahí lo convence porque la altura no es la idónea y es mejor que “busques un bloque de pisos o un tren en movimiento”.

La desolación de Vinnie es tal que acude a su médico, el doctor Cox (Dominic West), más preocupado de enseñarle a Vinnie sus ligues por internet que de las crisis de su paciente. La cosa se complica, además, cuando Dylan (jugador empedernido de póker), el mejor amigo de Vinnie, le anuncia que Erin, madre soltera de una niña, cuando acabe sus estudios quiere irse de la ciudad en busca de mejores oportunidades. Y él la seguirá.

Y es aquí donde emerge el drama entre un humor salvaje y situaciones absurdas (lo que viene a ser una especie de la celebración constante de la decadencia): por un lado, las condiciones que ponemos (o imponemos) a nuestro entorno más próximo, a veces camuflado de lealtad, y a veces como un “debe” en un balance ficticio; la honestidad para enfrentarse a los sentimientos; la dureza de la enfermedad mental y cómo se aborda, huyendo del sentimentalismo, pero dejándola patente a través de la risa y, por último, la decepción familiar, el abandono inexplicado y el sentimiento de indefensión que no se cura con el tiempo.

Brassic es salvaje, un tanto ordinaria, negra y empática, curiosamente. Pero ese grupo de personajes disfuncionales y peculiares, sus robos y estafas ridículas y los vínculos que les unen, pase lo que pase, los convierten, episodio tras episodio, en entrañables. Y ahí te ganan.

‘Brassic’ está disponible en Filmin.

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