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Crítica: ‘Dirty John. Betty’ nos obliga a tomar partido

La segunda temporada pone al espectador ante la incomodidad de formarse una opinión sobre un caso complicado

Amanda Peet es la gran revelación de ‘Dirty John. Betty’. (Fuente: USA Network)

Esta crítica se ha escrito después de ver la temporada completa de ‘Dirty John. Betty’. No contiene spoilers.

Solo se necesita ver el primer episodio de esta nueva temporada de Dirty John para apreciar un cambio completo de rumbo respecto a lo que habíamos visto el año pasado. No solo el tema es distinto, sino que la producción misma tiene un salto de calidad, cambios que se agradecen en los nuevos episodios que podemos ver en Netflix.

La historia de Betty la hemos conocido en millones de ocasiones, no solo en la pantalla, sino en la vida real. Mujeres que dejaron en pausa su vida y centraron todos sus esfuerzos en que él triunfara. Luego pasan los años y el marido decide que ya no le interesas, y que se va con su estatus e ingresos. En la serie, esto sirve de punto partida para que empiecen a liarse las cosas y presenciemos una escalada terrorífica de violencia y presión.

La protagonista de Dirty John. Betty lo deja muy claro: “Por qué va a decaer mi estilo de vida si el que tiene Dan es gracias a mí.(…) Si Dan hubiera defraudado a un socio como a mí, él estaría en la cárcel”. Sacadas de contexto, estas dos frases son fácilmente valorables. Estás a favor o en contra, pero son claras y exponen el problema de una forma racional. Lo que estas citas no explican son las estrategias usadas o a lo que pueden llegar las partes cuando están a malas.

(Fuente: imdb)

Y sobre eso va esta segunda temporada, sobre cómo las formas usadas por ambas partes hacen que el problema escale hasta que se pierde el control y lo único que desearías es ponerlo en pausa e intentar solucionarlo. Acaba por ser incómoda de ver y, pese a que en algunos momentos puede resultar lenta, esa falta de sencillez refleja mucho de lo que sucede en estas situaciones que se complican de una forma en que hay que pararse a pensar antes de opinar.

Betty no se puede enfadar; él está haciéndolo todo según las normas, porque estas han sido montadas por otro como su marido, un varón de mediana edad, buena posición social y blanco. Son leyes hechas por ellos para que ellos se salgan de rositas. Y el punto de partida es suficientemente injusto como para que las reacciones se salgan de madre y de proporcionalidad, aunque todo tiene un límite.

Por el camino hay insultos, acoso e invasión de la intimidad por parte de ella; una escalada de terror que parece que no va a acabar nunca. No es una serie en la que se llegue a algo extremo para marcar un punto de inflexión: cuando crees que ha llegado a tocar fondo, continúa estirando más lo permitido, educado y legal. Y no puedes dejar de entender cómo se ha llegado a eso, aunque cada vez hay menos esperanza de que tenga un final feliz.

Sin llegar a destripar más, lo nuevo de Dirty John es difícil de ver y de esclarecer. Y es extremo, pero sobre todo, muy incómodo. Cuesta hacerse con una opinión simple y son muchos los pasos distintos que se deberían haber dado. Pero está bien verlo, tomar nota y tener presente a lo que se puede llegar cuando uno retuerce las normas por encima de la ética y el otro está dispuesto a lo que haga falta. En cada uno queda el juicio que ambos le despierten.

‘Dirty John. Betty’ está disponible en Netflix.

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