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Crítica: ‘Doom Patrol’ merece (y mucho) pasar de su insufrible arranque

La segunda serie original de DC Universe enarbola la diferencia y la radicalidad de su ridiculez como forma de revolución

(Fuente: DC)

Esta crítica se ha escrito tras ver los primeros cinco episodios de ‘Doom Patrol’ y no contiene spoilers.

“Más superhéroes en la tele. Justo lo que el mundo necesita. ¿No os habéis ahorcado todavía?”. Ahí lo tenéis. Eso es Doom Patrol. Esa frase con la que Mr Nobody, villano y narrador de la historia, abre el primer episodio, recoge completamente la esencia de la nueva serie de DC Universe. El segundo contenido original de la plataforma (que aquí se puede ver en HBO España), como en esa línea del turbio maestro de ceremonias que la conduce, dialoga consigo mismo una y otra vez. Y no es una conversación agradable, precisamente.

La serie, desarrollada por Jeremy Carver (Supernatural) y con capos de DC como Geoff Johns o Greg Berlanti entre sus productores ejecutivos, propone una autoconsciencia desencantada y burlona que juega, desde el primer momento, con los mismos clichés que luego reproduce. Y aquí encuentra Doom Patrol el primer escollo: basada en un concepto que nació en las páginas de un cómic de los 60 como “el grupo de superhéroes más extraño del mundo”, la alineación de marginados que protagoniza la serie está tan al tanto de su artificio que este no llega a cuajar en los primeros compases.

El equipo está formado por el cerebro de un corredor de NASCAR conservado dentro de un robot, un piloto del ejército quemado y colonizado por un ser de energía, una actriz de cine clásico de solidez variable y una rebelde punk con personalidad fragmentada. Tras la desaparición de su mentor y padre adoptivo, se embarcan en una búsqueda marcada por una autoparodia más amarga que juguetona. Y así, como por arte de magia, ese descabellado planteamiento pierde gran parte del interés que pudiera despertar en una primera hora que se hace insufrible.

(Fuente: DC)

La accidentada psicologización de los personajes nos tiene, aun pasado un buen trecho de episodio, pensando todavía quién es quién y qué quiere. Esto, unido a un reparto poco inspirado (Brendan Fraser incluido), un guion regulero y un ritmo atropellado, convierte lo que debería ser un aperitivo cautivador en un suplicio de efectos visuales baratos que solo aligera el ya mencionado Mr Nobody, con sus malabares diegéticos entre los varios niveles de narración. En esta sensación de arroz pasado que deja el tortuoso planteamiento de Doom Patrol también influye un factor con nombre y apellidos: The Umbrella Academy.

El circo de inadaptados, el solitario excéntrico que los reúne y reeduca, esa sensación más de familia disfuncional que de Patrulla-X… Independientemente de las fechas de publicación del material original (la Doom Patrol del cómic es muy anterior a la Umbrella Academy de Gerard Way), el estreno de la serie superheroica de Netflix hace unos meses no le ha venido nada bien a la de DC Universe. Incluso los planos abiertos por los pasillos de la mansión donde viven estos especímenes (¿otra mansión, en serio?) recuerdan, inevitablemente, a Número Cinco y compañía.

Y, sin embargo, todo da un vuelco repentino. La serie se pone boca abajo y obliga al espectador a replantearse con qué ojos está viéndola. En esto, es de recibo subrayar la capacidad del tercer episodio (y de sus escritores, Tamara Becher-Wilkinson y Tom Farrell, y directora, Rachel Talalay) para salvar, de manera casi palimpséstica, el curso de una serie que no pintaba demasiado bien. En ese tercer capítulo, La Patrulla de Marionetas, el argumento alcanza (y se acomoda en) los extremos de excentricidad y salvajismo pulp a los que The Umbrella Academy nunca se atrevió a llegar. Uno de los últimos planos del episodio muestra, escrito con rotulador en una ventana: “El control es un arma para fascistas”. Nada más que añadir.

Y así, con una gracilidad que asusta, este relato delirante se encarrila en otros raíles, aquellos en los que de verdad encajaba. Entre juegos metalépticos del narrador y apartes de una cucaracha megalómana, Doom Patrol enarbola la diferencia y la radicalidad de su ridiculez como forma de revolución. Después del bajonazo que supone su presentación, la serie deja ver su verdadero tono macarra, espectacularizante y casi paracinemático. Una intención de componer su texto de forma distinta, marginal, resistente. Algo que, como se ve después, siempre estuvo ahí. Simplemente, los ojos tardan en acostumbrarse a la luz.

‘Doom Patrol’ se encuentra disponible completa bajo demanda en HBO España.

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