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Crítica: ‘El colapso’, un caleidoscopio fascinante sobre el fin del mundo

Filmin estrena el fenómeno galo del año pasado

(Fuente: Filmin)

Esta crítica se ha escrito tras ver la mini serie completa y contiene spoilers

¿Cuántas veces hemos asistido al fin del mundo en la ficción? Incontables, desde luego, y todas retratan básicamente que los viejos parámetros se quedan enseguida obsoletos, que la civilización se resquebraja rápidamente porque sus cimientos son endebles, el ser humano pierde su condición a causa de la floración de los instintos animales, los principios pasan al último lugar y la vida, ordenada y estructurada tal y como la conocemos, se convierte en un caos donde nada tiene sentido salvo la supervivencia. El colapso, (L’Effondrement en francés) nos narra otro fin del mundo tomando como base la colapsología -movimiento que nació en Francia a principios de siglo-, y que estipula el proceso por el cual las necesidades básicas desaparecen o se encarecen hasta convertirse en inalcanzables.

Cuentan los mentideros que los tres creadores, guionistas y directores de esta miniserie francesa, Bastien Ughetto, Guillaume Desjardin, Jérémy Bernard, integrantes del colectivo Les Parasites, se plantaron un día en las oficinas de Canal+ Francia con la idea de ofrecerles un conjunto de antologías, en forma de series, con episodios de 20 minutos y rodarlos todos en plano secuencia. Dicho de otro modo, contenidos disruptivos, ágiles, muy youtube, a muy bajo coste. Contra todo pronóstico, Canal+ dio el visto bueno, y el primer ejemplo es El Colapso, cuyo estreno en España es hoy, gracias a Filmin.

Uno que es muy amante de este tipo de ficción, sea cual sea el formato, y que lleva a cuestas unas cuantas distopías y ucronías, no pestañeó durante los ocho capítulos de los que consta la miniserie. Si bien es cierto que hay episodios y episodios y que mantener un nivel elevado no es nada fácil, las historias pergeñadas, sus contextos, el ritmo (demoledor), las interpretaciones (aunando veteranos de la interpretación gala con jóvenes promesas), la invitación (que no puedes rechazar) a la empatía o la sensación constante de curiosidad, te inducen (no, mejor, te obligan) a desear saber más y más. Hasta tal punto que, llegado el caso, te viene a importar nada cuál es el origen del colapso.

¿Realmente importa la causa? Sea un desastre medioambiental, una confrontación bélica que desemboque en una guerra nuclear, una crisis financiera, la escasez de recursos fundamentales para la vida, como la cada vez más preocupante carencia de agua, anomalías en las reproducciones y modificaciones genéticas… Al final, sea cual sea, el problema es de todos, pero no todos lo entienden así. El colapso se esfuerza por retratar que el desastre debería ser igual para todos y que todos quieren sobrevivir, pero no todos lo lograrán. Esa asepsia es fundamental para entender las ocho historias de la miniserie.

Los ocho capítulos engloban una cronología muy clara y que ayudan a entender el proceso de desintegración que vive la sociedad. Todos están enmarcados en lugares diferentes, con algunas historias personales que transitan a lo largo de más de un capítulo, pero no son ocho colapsos diferentes. Son ocho visiones del mismo suceso, con una coherencia que permite ver las aristas sin ver su totalidad, dotando así a la narración de un poso cautivador. Esto sumado a la cámara en mano, que acerca la acción y los personajes al espectador, provoca una inmersión en la supervivencia. La del espectador, sin duda, porque sufre con cada uno de los protagonistas, sean de nuestro agrado o no.

(Fuente: Filmin)

Así, pasamos desde el primer episodio donde comienzan a escasear los bienes básicos como las compresas o el arroz (¿les suena de algo?), hasta los incidentes en una estación de abastecimiento nuclear, además de por peleas en una gasolinera cuando el combustible se troca por comida, las reticencias de los refugiados cuando consideran que van a ser despojados de sus escasas pertenencias, la solitaria y desangelada vida en una residencia de ancianos, o las fútiles advertencias de quienes predicen el desastre y son ridiculizados por sus congéneres. Porque, de una u otra manera, en todas y cada una de las ocho historias el que peor aparece retratado (con escasas salvedades) es el ser humano, cuyo afán por la supervivencia le impide reflexionar sobre la culpabilidad. Tan sólo desea vivir un día más sin importar quién se queda atrás.

El colapso es un grito de advertencia que no debería permanecer como un eco huérfano en un desierto yermo. Y la dureza que refleja es necesaria, porque no entendería un fin del mundo amable, divertido y cantando el Kumbayá. A pesar de que se estrenó en Francia el año pasado, es, sin duda, una de las mejores miniseries que podemos ver este año. Absolutamente recomendable.

‘El colapso’ está disponible en Filmin.

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