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Crítica: ‘El imputado de la habitación 2806’ resulta incómoda pero real

La serie documental repasa la trayectoria de escándalos de los que fue protagonista Dominique Strauss-Kahn

(Fuente: Netflix)

Esta crítica se ha escrito después de ver ‘El imputado de la habitación 2806’ completa y no contiene spoilers.

De alguna forma ,ahora es más fácil decir públicamente que se debe apoyar a la víctima de una agresión y que no se la debe culpar; el #MeToo cambió muchas cosas, o por lo menos las puso en la palestra, y señaló una serie de conductas que están en nuestra forma de organizar la sociedad. Uno de los casos que encendió la llama de aquel movimiento fue el de Nafissatou Diallo, la mujer que denunció a Dominique Strauss-Kahn, un señor que en 2011 presidía el Fondo Monetario Internacional y al que se le señalaba para desbancar a Nicolas Sarkozy de la presidencia francesa. De todo aquello (y de mucho más) nos habla El imputado de la habitación 2806, un nuevo documental de Netflix que llegaba el pasado jueves a nuestras pantallas.

El caso de Diallo es, a la vez, terriblemente elemental y complejo. Elemental porque es tan clásico como una mujer que denuncia una agresión sexual es llevada al hospital y se le detectan restos biológicos, marcas de violencia y se establece el discurso propio de una víctima. Complejo porque las dificultades con las que se topó son las propias de un sistema cuyos problemas de conducta se encuentran en su génesis. Para muchas posturas, la historia de Strauss-Kahn es la persecución contra un hombre por la elección de su estilo de vida, pero lo cierto es que delata algo más grave: la falta de percepción de que el problema no es un comportamiento libertino, sino el llevarlo a cabo en contra de la voluntad de la otra parte (y ser acusado de ello repetidamente).

Para el documental dirigido por Jalil Lespert se han contado con muchas voces (no la de Strauss-Kahn, quien confirmó hace poco que estaba participando en otro título que saldrá durante 2021), y algunas de ellas son increíblemente incómodas de escuchar. Es bueno que no perdamos de vista que cuando una víctima denuncia una agresión, la realidad con la que se topa es esta: una parte que la escucha y otra que primero valora quiénes son el denunciante y el denunciado. En ese sentido El imputado de la habitación 2806 hace un evidente esfuerzo de dar voz a todas las partes implicadas (acusación, fiscalía, prensa, etcétera) en el que es el dibujo de una personalidad cuya vida pública fue sucesivamente menguada tras diversas acusaciones tanto en Estados Unidos como en Francia.

Por parte de sus creadores no hay una voz que tome partido, cosa que hace que cualquier espectador que tenga formada una opinión se sienta atacado en alguno de sus fragmentos. El tono es bastante pausado y alejado del sensacionalismo que rodea a una historia como esta de la que el sexo, el escándalo y lo influyente del acusado son protagonistas desde el minuto cero. Se huyen de los detalles escabrosos y de las posibles especulaciones, dando como resultado una retrospectiva suficientemente objetiva como para que se sostenga durante el tiempo y sirva a modo de repaso por uno de los casos detonantes de uno de los movimientos del feminismo más relevantes de las últimas décadas, como es el del #MeToo.

El imputado de la habitación 2806 es, en ocasiones, un documental demasiado frío y puede ser señalado como tibio a la hora de juzgar, pero es que no es su finalidad. Su objetivo es mostrar el cambio argumentativo que hemos experimentado en la última década y constatar el tratamiento público de un perfil que hemos visto sistemáticamente repetido en una clase de hombres. En ese sentido la propuesta es metódica y muy interesante. Con un poco de suerte, en una década nos sorprenderá a todos los niveles constatar que ciertas declaraciones llegaron a existir.

‘El imputado de la habitación 2806’ está disponible en Netflix.

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