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Crítica: ‘El misterio de Hanging Rock’ 1×03-04, el precio de la rebeldía

Irma no tiene un buen recibimiento en el colegio. (Fuente: FMA/Kelly Gardner)

La aparición de Irma es uno de los giros importantes en la historia de El misterio de Hanging Rock. Hasta ese momento, en Appleyard College pueden sentirse en shock y traumatizadas porque sus tres compañeras, y su maestra, desaparecieron sin que nadie se diera cuenta, y sin que Edith, que se dio la vuelta en plena subida a la Roca, sea capaz de contar nada coherente de lo que ocurrió. Con la incertidumbre de su destino, y con la inminente certeza de que pueden estar muertas, es posible vivir; pero con la imposibilidad de conseguir respuestas cuando están al alcance de la mano es más complicado.

Es lo que ocurre cuando Albert encuentra a Irma en Hanging Rock. Y no sólo eso, sino que la encuentra intacta. En ropa interior y descalza, sí, pero sin un sólo rasguño y, lo que es aún más importante para la moral victoriana de la época, sin rastros de que nadie se haya aprovechado de ella. Sin embargo, la esperanza de que Irma pueda despejar el misterio se desvanece enseguida. Entre su propio trauma y la obsesión del médico por darle láudano para “tranquilizarla”, su estado mental no es el más adecuado.

Esa presencia del láudano es, además, muy significativa de cómo se trataban los problemas mentales y, en concreto, a las mujeres en la época. Hasta el comentario de Miss Appleyard sobre la histeria, al principio del cuarto episodio, se mueve por el mismo camino. Aplaquemos cualquier cosa que pueda perturbar la fachada de perfección y contención, reprimamos emociones extremas porque claramente sólo pueden acarrear maldiciones.

Mike y su tío, el coronel Fitzhubert. (Fuente: FMA/Xinger Xanger)

Todo lo que se sale de la norma debe ser ocultado y oprimido. La apuesta estilística de la serie, excesiva y lisérgica, cobra mucho más sentido en estos capítulos. La forma de rebelarse ante una sociedad tan rígida y encorsetada ha de ser así de explosiva. Y también va quedando claro que la Roca atrae, precisamente, a esos rebeldes.

Quienes desaparecen son una Irma que no quiere seguir los dictados de su rica y poderosa familia, una Miranda que prefiere la naturaleza salvaje al orden que le impone por ser mujer y unas Marion y señorita McGraw que no llegaron a llevar más allá la atracción que sienten una por la otra, pero que reconocieron claramente que está ahí. La que regresa es, precisamente, la que acaba plegándose a los deseos de su padre y la que disfruta con los privilegios de su posición, que es Irma.

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Y también cobra sentido que Mike esté tan obsesionado con lo que ocurrió en el picnic. Aquí, El misterio de Hanging Rock es menos explícita que en las relaciones entre sus mujeres, pero deja bien claro que el joven Fitzhubert fue enviado a Australia para que su homosexualidad no fuera una desgracia para su familia. La amistad entre él y Bertie tiene tintes claramente románticos, que quedan más que claros con esa invitación de Mike a que lo acompañe en su viaje. Su posible matrimonio con Irma parece más una maniobra de conveniencia para que ambos puedan mantener su estatus social; a él no le perseguirá la sospecha de ser gay y ella podrá dejar de ser la chica que desapareció en Hanging Rock.

Bertie tiene que ponderar seriamente su futuro. (Fuente: FMA/Xinger Xanger)

Ese contraste entre la sociedad opresora y la libertad individual vertebra todas las marchas que vemos en estos episodios. Las alumnas abandonan Appleyard College porque sus padres no quieren asociarse con un lugar de reputación tan dudosa, y las profesoras no están dispuestas a seguir soportando a una Hester Appleyard a la que los fantasmas de su pasado acosan cada vez más. Aunque huyera a Australia para cambiar por completo de vida, no es capaz de hacerlo, y eso la va carcomiendo por dentro cada vez más.

Su incapacidad de encontrar la manera de salvar esa nueva vida la lleva a ser cada vez más cruel con una Sara en la que se ve reflejada, pero con la que no puede conectar. Y Sara, a su vez, vive más en un mundo de sueños, un mundo en el que puede estar con Miranda y con su hermano, ese Bertie que no sabía que se encontraba mucho más cerca de ella. Su huida de la escuela es atolondrada y desesperada. No puede soportar que nadie más la abandone, pero todo apunta a que va a ser la cuarta desaparecida por culpa del picnic en Hanging Rock.

Notas al margen

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