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Crítica: ‘Equinox’ quiere ser tantas cosas que no es nada

Mitología, suspense y drama se unen en la producción danesa que acaba de estrenar Netflix

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(Fuente: Netflix)

Esta crítica se ha escrito después de ver los seis episodios de ‘Equinox’ y no contiene spoilers.

Al contrario que en el mundo del cine, donde los tráileres que te cuentan la película son ya mayoría, en el universo de las series los avances de los próximos estrenos siguen siendo una buena muestra de lo que te puede ofrecer la nueva producción de la plataforma de turno. Aunque, como dice el refrán, siempre hay alguna excepción que confirma la regla.

Algo así me ha sucedido con el último estreno de Netflix, la serie danesa Equinox, que en su aperitivo de poco más de dos minutos parecía esconder un terrorífico thriller al que no le faltaba de nada. Una mujer traumatizada por la desaparición de su hermana, alguien que no quiere que descubra la verdad, jóvenes que frente a una hoguera se lanzan a una aventura llena de misterio, celebraciones paganas de gente vestida con atuendos creados para la ocasión y la vocecita de una niña hablando de sus pesadillas. Desde aquí mis felicitaciones al montador, porque después de ver los seis episodios me parece encomiable que con tan poco haya sido capaz de hacer un tráiler tan interesante.

(Fuente: Netflix)

Equinox arranca con una escalera y una banda sonora que te hace temer el susto en cualquier momento, pero nos lleva a la habitación de Astrid (Viola Martinsen), una niña que está jugando y grita “ya vienen”. En realidad es toda una advertencia del engaño que se desarrolla a lo largo de toda la serie, porque los que vienen son los alumnos de una promoción que se acaba de graduar, entre los que se encuentra su hermana Ida (Karoline Hamm). Como marca la tradición local, les reciben con bebidas y comida, antes de que se vuelvan a subir al camión que los lleva de casa en casa, celebrando que dejan atrás el instituto. Poco después, ya de noche, Astrid tiene una pesadilla en la que ve cómo el camión tiene un accidente. Y en la casa aparece la policía para confirmarlo, pero los jóvenes no han resultado heridos sino que, simplemente, han desaparecido. Todos menos tres de ellos.

La producción da entonces un salto temporal y vemos a Astrid convertida en mujer (Danica Curcic), periodista y madre “pseudo” divorciada, que dirige un programa de radio nocturno que recibe llamadas de los oyentes. Y entre esas llamadas se cuela Jakob (August Carter), uno de los tres jóvenes que sí aparecieron, que le habla de lo que le pasó a su hermana, de un libro desaparecido, de supersticiones y de una realidad paralela.

(Fuente: Netflix)

A lo largo de la primera mitad de la producción, compuesta por seis episodios, acompañamos a Astrid en la búsqueda de la verdad sobre la desaparición de su querida hermana, un tema que ha enterrado durante más de dos décadas y por el que ahora está dispuesta a dejar su trabajo y a su familia. Mientras investiga con la excusa de hacer un programa sobre la desaparición de los jóvenes, Astrid se encuentra con demasiada gente que prefiere no hablar del tema, con varios contratiempos y con un vínculo mitológico que hace que el número 21 esté presente allá por donde va. Tramas que se mezclan con flashbacks sobre la vida de Ida antes del desgraciado accidente y la infancia de Astrid después del mismo.

El problema llega cuando Equinox tiene que resolver todos los misterios que ha planteado y el suspense y la mitología se difuminan para convertir la serie en un drama familiar sobre la pérdida, los secretos y las mentiras. Algo en lo que también fracasa, porque el entorno que ha creado previamente no permite que lo que cuenta sea suficientemente interesante para el espectador, que se ha sentado frente a la pantalla con la intención de ver otra cosa.

(Fuente: Netflix)

Basada en un aclamado podcast danés, la serie creada por Tea Lindeburg tiene a Piv Bernth, productor de Forbrydelsen, en la producción. Pero de poco le sirve contar con nombres reconocidos de la potente industria audiovisual de Dinamarca cuando no tiene claro qué quiere contar y no es capaz de cerrar muchas de las puertas que abre con los misterios que plantea. Equinox es un producto tan fallido que ni siquiera merece ser recomendado para una tarde de manta y sofá. Porque para eso hay propuestas mucho mejor construidas o más entretenidas o, simplemente, que se sienten menos fraudulentas.

‘Equinox’ está disponible al completo en Netflix.

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