Buscar
Buscar

Crítica: ‘Fargo’, temporada 4: escasa de nieve, falta de alma

Chris Rock protagoniza la temporada 4 de ‘Fargo’. (Fuente: Movistar+)

Esta crítica se ha escrito tras ver los seis primeros episodios de ‘Fargo’ y no contiene spoilers.

Tres años después de la tercera entrega de la serie inspirada por la película de los hermanos Coen, Fargo (que aquí emite Movistar+) ha regresado con la cuarta dejando atrás las tierras nevadas de Minnesota y viajando en el tiempo más de medio siglo. Dos de los diversos cambios que, tras superar el ecuador de la temporada, podemos decir que no le han sentado bien a la laureada producción de Noah Hawley.

Ambientada en los años cincuenta en Kansas City (Missouri), los nuevos episodios narran la historia de los Fadda, italianos, y los Cannon, afroamericanos, dos organizaciones criminales que viven en una tensa tregua gracias a una atípica solución muy arraigada en la mafia local. Ambas familias han intercambiado a sus hijos pequeños con la promesa de criarlos como propios y la intención de que sirvan de freno cuando se planteen romper la paz en la que viven. No porque los niños vayan a impedirlo, sino porque se podrían convertir en la venganza inmediata ante cualquier fechoría inesperada del bando contrario. Pero ni los Fadda, liderados por Josto (Jason Schwartzman) ni los Cannon, con Loy (Chris Rock) al frente, son los protagonistas de la cuarta temporada. Este papel le corresponde a la joven Ethelrida Pearl Smutny (E’myri Crutchfield), una estudiante brillante, hija de los gerentes de una funeraria, a la que su personalidad y su inteligencia le causan algunos problemas.

(Fuente: Movistar+)

Que una mujer brillante sea el contrapunto de los criminales de la historia es uno de los temas recurrentes de Hawley que encontramos en la nueva temporada de Fargo. Tampoco faltan los nombres curiosos, los personajes atípicos, las muertes absurdas, los enfrentamientos entre hermanos o la importancia de las creencias religiosas, que en esta ocasión pasan por el judaísmo y el mormonismo, además del catolicismo propio de los italianos.

Y aunque el creador ha mantenido algunos de los puntos fuertes de sus historias, esta nueva entrega anda escasa de nieve y falta de alma, y al llegar a la mitad de la temporada la sensación que deja es de cierto desorden. Buena parte del metraje está dedicado a conversaciones amenazantes en una sucesión de escenas que (es de suponer) derivarán en un enfrentamiento final que no termina de llegar. Y cuando lo haga, con uno o dos episodios para terminar la temporada, tantos preliminares pueden resultar excesivos y, como pasa en cualquier otro ámbito, las probabilidades de perder el interés crecen por momentos.

A esta monotonía interminable contribuye, sin querer, que ninguno de los jefes de ambas mafias sean personajes especialmente atractivos y que sus intérpretes tampoco estén especialmente inspirados a la hora de plasmarlos. Pero tampoco ayuda que la (supuesta) protagonista tenga tan poco peso en los episodios y que, lejos de empatizar con ella, inspire incertidumbre y desconcierto. Es fácil que el espectador deposite su interés en secundarios como la enfermera Oraetta Mayflower (Jessie Buckley) o el Marshall Wickware (Timothy Olyphant) pero que, respectivamente, la relevancia de su historia no esté clara o que no aparezca todo lo que nos gustaría tampoco ayuda a la sensación final de insipidez que caracteriza a toda la temporada.

(Fuente: Movistar+)

Con la cuarta entrega de Fargo, Hawley quería poner sobre la mesa la “asimilación de la raza, la etnicidad y nacionalidad en la América de los años 50”. Una misión tan noble como compleja que se percibe en muchas de las infinitas conversaciones entre los personajes, pero que se ve solapada por las inquietudes de ambas bandas, que tienen intereses mucho más terrenales y violentos. Y, a pesar de que una de las aportaciones más interesantes de la serie es la percepción que sus personajes más veteranos tienen de la II Guerra Mundial, tampoco estas son lo suficientemente relevantes para el conjunto de una narrativa difusa que poco tiene que ver con la de las temporadas precedentes.

El estreno de la cuarta temporada de Fargo estaba previsto para el mes de abril, y cuando llegó el confinamiento quedaban dos episodios por grabar, algo que no sucedió hasta agosto. Durante ese punto muerto para la producción, y para el mundo entero, Hawley tal vez haya tenido demasiado tiempo libre. Él mismo ha confesado que metió la tijera a los capítulos que dirigió, los dos primeros, y como el quinto, el sexto y el séptimo le parecían muy largos, los editó y sacó un capítulo nuevo con el que no contaba inicialmente (las entregas previas tienen diez episodios y esta once).

Mucho tiene que mejorar la temporada para que no podamos afirmar a final de mes, cuando llegue el desenlace, que Fargo también ha sido una víctima audiovisual de la llegada de la COVID-19 a nuestras vidas.

La temporada 4 de ‘Fargo’ se emite en Movistar+.

Further reading

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando, está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies. Pulse el enlace para más información. ACEPTAR

Aviso de cookies