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Crítica: ‘Freud’, una trama criminal expresionista y sombría en Netflix

La coproducción austriaca, como las buenas series históricas, está rodada de manera que parezca mejor, más grande y más cara

(Fuente: Jan Hromadko/Netflix)

Esta crítica se ha escrito tras ver los cuatro primeros episodios de ‘Freud’ y no contiene spoilers.

Si no la inauguró, Robert Wiene consolidó la corriente del expresionismo en el cine alemán en 1920 con El gabinete del doctor Caligari. La cinta muda, manchada de la luz plana y muerta de la Europa septentrional, confió su terror primigenio a unas sombras vicarias, deformes y afiladas, que se rotulaban sobre las paredes claras. Hay un momento en Freud, coproducción de Netflix y la austríaca ORF, en el que unas proyecciones similares se aplastan sobre un muro de ladrillo.

La referencia, mucho más cerca de la bendita inspiración que atraviesa las primeras horas de la serie que del pastiche ahistórico, pasa como un meteoro. El aerolito, rutilante, desaparece rápidamente, pero su rastro en el cerebro del espectador y en la propia naturaleza de este thriller es imborrable para entonces. Freud camina a un paso muy medido, lenta y cautelosa, masticando y regurgitando cada nueva muesca que se burila en su trama hasta que está lista para dejarse grabar.

Una vez que los pequeños avances de la intriga criminal que involucra a un joven Sigmund Freud, el padre del psicoanálisis, al refunfuñón detective Kiss y a una médium interpretada por Ella Rumpf han desprendido todo su jugo, el episodio corre hacia la siguiente marca, lanzando golpes y patadas al aire. Esa fuerza, más al servicio de la poética que de la épica, se supura a través de la pantalla sin necesidad de grandes giros, y lo mantiene a uno atado al sillón mientras dura la aventura, así como temeroso del comienzo de la siguiente.

Una gran parte de la potencia hipnotizante de Freud está en la nómina de Marvin Kren, responsable de la alemana 4 Blocks, que firma la serie de Netflix junto con Benjamin Hessler y Stefan Brunner. La propuesta visual del director, pese a la raigambre en la tradición visual germana iniciada por Wiene, no es, ni mucho menos, morosa. Kren insiste en los espejos y las imágenes imposibles que devuelven, y se obceca en las nucas como vía hacia la psique de sus personajes, desde una cámara que parece hurgar en las coronillas peladas de los oficiales austriacos y en las madejas revueltas que cubren la cabeza del Freud, al que da vida Robert Finster.

Las distorsiones, esputos y latigazos del realizador son el mayor acierto de la serie, toda vez que revisten una investigación suficientemente inteligente para saberse sencilla y retirarse de la primera línea. No falta el psicoanálisis, por supuesto: durante el viaje, fatigoso pero de inmediata recompensa, nos atormentan túneles y canales donde se esconde lo que no vemos, la realidad insoportable que subyace a la volatilidad de lo simbólico. Si con algo entronca Freud es con un birlibirloque que solo queda a mano de las series históricas más hábiles: estar rodadas de manera que parezcan mejores, más grandes y más caras.

La primera temporada de ‘Freud’ está disponible completa bajo demanda en Netflix.

‘Freud’, un thriller de Netflix que protagoniza el padre del psicoanálisis
Marvin Kren es el director de esta investigación criminal coproducida junto a ORF, la cadena pública austriacafueradeseries.com

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