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Crítica: ‘GLOW’ no defrauda en su temporada 3, necesitamos que vuelva

La serie se reinventó con menos espectáculo y más momentos para explorar los conflictos de los personajes

(Fuente: Netflix)

Esta crítica se ha escrito después de ver la tercera temporada de ‘GLOW’ y contiene spoilers.

Lejos han quedado aquellos tiempos en los que devorábamos las temporadas de las series de Netflix sin preocuparnos por la posibilidad de que no tuvieran continuidad. Ahora, vemos los estrenos de las terceras temporadas de series como Dear White People y GLOW con cierta resignación, con la sensación de estarnos despidiendo de sus personajes, porque aceptamos que lo más probable es que las cancelen.

Quieres verlas con calma para que no se te acabe. Intentas retrasar el momento de ver el que podría ser su último episodio, pero no lo consigues, y aquí estamos, con la satisfacción de haber visto una buena temporada de GLOW y la incertidumbre de saber si será renovada. El año pasado ese anuncio de renovación llegó seis semanas después del estreno de la segunda entrega, así que aún podemos conservar la esperanza.

(Fuente: Netflix)

Mientras llega alguna noticia al respecto, comentemos lo que nos dejado la última temporada, en la que con el aislamiento en Las Vegas, donde las GLOW estuvieron confinadas en un hotel, se vieron obligadas a hacer el mismo espectáculo una y otra vez (con dos excepciones). Al no tener un propósito colectivo, como sí ocurrió en las dos primeras temporadas, estuvieron con el piloto automático en cada actuación.

Tuvimos menos espectáculo y ensayos, pero hubo así oportunidad de desarrollar más los conflictos personales de gran parte de los personajes: la reconciliación (o no) con la identidad sexual, de Arthie y Bash; la necesidad de reafirmar la identidad cultural de Jenny; el sexismo que se exploró on Debbie; la decisión de no pasar por un embarazo con Cherry; la sensación de fracaso con Ruth; y las secuelas del esfuerzo físico y la edad con Tamée.

La lucha en el cuadrilátero es dura, pero lo son más las relaciones sentimentales, ser madre trabajadora o tomar la decisión de no serlo. Ser una persona adulta es difícil, pero mucho más ser mujer y/o homosexual en ese mundo dominado por hombres en los años ochenta.

(Fuente: Netflix)

Todos los personajes tuvieron sus momentos y Sheila fue el rayo de luz de la temporada, porque se sintió capaz de liberarse de la máscara que había llevado durante tanto tiempo, abriendo el paso al nacimiento de una actriz con mucho instinto.

No es el caso de Ruth, que se encuentra en un momento de frustración en el que no ha conseguido hacer realidad su sueño de ser actriz, para el que tampoco ha podido descubrir si tiene más pasión que talento. Todo esto nos lleva a la estupenda escena final de la temporada, un giro al tropo de las comedias románticas en las que siempre hay un miembro de la pareja corriendo para alcanzar al otro en un aeropuerto. Aquí las protagonistas son Debbie y Ruth, porque su complicada amistad es el verdadero centro emocional de la serie.

Debbie, en un momento de inspiración y valentía, que haría sentir orgullosa a Joan Holloway de Mad Men, rechaza convertirse en una mujer florero y usa la información que ha adquirido en las cenas con Tex para apropiarse del negocio. A Bash le pide lo que quiere y se merece y consigue el cargo de presidenta de la cadena de TV.

Se siente orgullosa e ilusionada por crear un paraíso: “En el que somos nosotras las que dirigimos el cotarro y no tendremos que estar nunca más a la merced de esos f — ing idiotas”. Un lugar en el que ella tomará las decisiones y Ruth podrá dirigir. Debbie persigue a su amiga para darle la buena noticia: ya no tendrán que depender de la suerte de otros. Ruth sabe que es una buena oportunidad y, en el fondo, seguramente sabe que tiene talento para estar detrás de cámaras, pero le duele que Debbie no crea que tiene lo que hace falta para triunfar delante de ellas. Tendrá que descubrirlo por ella misma.

Es fácil pensar que Ruth está siendo orgullosa y se equivoca. Puede que Ruth esté siendo orgullosa y se haya equivocado pero, también es cierto que, por una razón u otra, tuviera ella parte de responsabilidad o no, la distribución de poder en su relación de amistad siempre ha estado a favor de Debbie. Y quizá sienta que así continuaría si hubiese aceptado esa propuesta.

(Fuente: Netflix)

Sea como sea, necesitamos que haya una cuarta temporada para ver cómo se resuelve su relación, para verlas en más momentos como el del baile de Ruth en el camerino o compartiendo una hamburguesa de madrugada, porque ellas, como personajes de ficción, pero sobre todo, nosotros como espectadores, necesitamos ver cómo evoluciona y sana su amistad para que sean realmente el apoyo que necesitan y para que triunfen juntas.

Notas al margen:

  • Sobre la resolución de la trama de Bash al final de la temporada, Liz Flahive y Carly Mensch, las creadoras de la serie, explicaron cosas muy interesantes en esta entrevista, en la que dijeron, entre otras cosas, que las investigaciones que hicieron en los archivos de la época, decían que las leyes de sodomía estuvieron vigentes en Nevada hasta 1993, por lo que la decisión de Bash de anular su deseo y permanecer en el armario es muy comprensible.

(Fuente: Netflix)

  • Menciones especiales al episodio del camping y a los del intercambio de personajes y el Cuento de Navidad. Y mucho más especiales a Geena Davis y a Kevin Cahoon (Bobby).
  • Esta es una opinión muy personal, pero para una cuarta temporada lo único que pido es que no insistan con la relación entre Ruth y Sam. Me da repelús.

‘GLOW’ está disponible en Netflix.

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