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Crítica: ‘Hanna’ no acaba de cuajar

Pese a que tiene un argumento fuerte e interesante, la serie de Amazon no remata con una narrativa ágil

(Fuente: Amazon)

Esta crítica se ha escrito tras ver la primera temporada de ‘Hanna’. No contiene spoilers.

Hanna se presentaba en la pasada Super Bowl con un tráiler acompañado del lanzamiento por tiempo limitado de su piloto. La serie pintaba bien e introducía una historia interesante en la que el rescate y la protección de un bebé había conducido a un padre y una hija a vivir incomunicados en medio del bosque. Lo cierto es que la serie ha sido renovada ya para una segunda temporada, en la que podremos seguir viendo a Esmé Creed-Miles, Mireille Enos y Joel Kinnaman.

El arranque de Hanna fue muy prometedor. Así lo contaba en la crítica de su piloto, que tenía una propuesta muy interesante en varios aspectos. Su personaje protagonista podía dar mucho juego, la trama prometía acción y la fotografía del arranque era preciosa. Aunque el resto de la temporada es irregular, y no parece encontrar el equilibrio entre el carácter cerrado de su protagonista y una serie de acción y espías. Pero vayamos por partes y sin spoilers.

El carácter de Hanna queda claramente presentado en su inicio. Es una adolescente completamente arrancada de cualquier entorno civilizado, cuya movilidad está limitada por una línea de árboles. Su mundo es tan pequeño como su padre ha querido que lo sea. Fuera de ese perímetro se suceden las promesas de peligro y traición. Es consciente de que existe mucho más por conocer, de hecho hasta la entrenan para tener una tapadera verosímil que la proteja de descubrirse quién es y dónde ha estado. Su desconexión llega a tal punto, que la existencia de una chocolatina le resulta sorprendente.

Y de golpe la lanzan en medio de una ciudad y no se siente atosigada. Convive con coches, montones de gente, prendas de ropa industrializadas y hasta con móviles. Y nada le sorprende, nada le es desconocido, para todo está preparada. No sabe lo que es un teléfono de baquelita, pero maneja un smartphone como si hubiera nacido en un entorno digitalizado. Se entiende que hay que hacer cierto salto de fe para que la serie no se convierta en un niña alucinando por todo, pero choca frontalmente con su comportamiento arisco e introvertido. La Hanna que vemos simplemente no es coherente con lo que nos han contado de ella.

(Fuente: Amazon)

Por otro lado, parece que el aislamiento de su protagonista nos sea explicado más bien con un pulso lento de la narrativa que con la misma adolescente. Es impulsiva y lo entendemos, y eso provoca que haya ciertos saltos rápidos seguidos de reacciones miedosas, pero el resto de la ficción no tiene por qué empaparse de ello. El resultado es que no acabas de aclimatarte a una narrativa a empujones que te saca constantemente de la historia.

El problema para introducirse en la trama convive con variados momentos incomprensibles donde el dinero no es necesario y localizar a alguien en medio de Europa es sencillo. Además, pese a que viajar es uno de los puntos básicos de la serie, y a que en el piloto el componente estético era explotado de una forma más que bonita, prácticamente desaparece conforme avanzan los episodios.

Hanna se mueve por todo el continente y todo le parece natural, incluso sin haber sido educada ni con imágenes o vídeos de las diferente ciudades. Qué caray, si no conoce lo que es plasmar una imagen en papel o cinta. Y en el fondo no sabemos del todo claro adónde nos quieren llevar. En un momento determinado, la hija plantea me entrenaste como a un robot, ¿para qué? Algo así me estaba preguntando yo.

(Fuente: Amazon)

Posiblemente, esos sean sus grandes defectos. No son tantos, pero tienen mucha presencia. Y son lo primero que me viene a la cabeza, porque la sensación que queda es la de ocasión perdida. La historia es muy potente, con unas posibilidades fantásticas en las que la persecución de sus protagonistas por medio mundo podrían crear una sucesión de momentos emocionantes, contrastados por escenas llenas de balas, carreras y giros.

Tiene noticias a dar como para que haya momentos vibrantes que te trastoquen, y sin embargo las destapa como si de nada se tratara, perdiendo el tren de dejarte atrapado ante la pantalla. Una adolescente criada en una relación distante y sin apenas cariño es lanzada a todas las experiencias juveniles en plena pubertad, y eso no provoca un ápice de sentimientos en el espectador. Algo falla.

Sus actores lo hacen bien. Esmé Creed-Miles está de lo más inquietante encarnando a una chica extraña y casi animal, y Mireille Enos da una imagen de agente de la CIA fría, sin sentimientos, que encara una situación cada vez más incómoda, de lo más creíble. La trama de conspiración, que se va destapando conforme avanzamos, plantea una situación distópica que podría protagonizar toda una saga. Da rabia porque Hanna lo tiene todo para ser un título que te atrape, pero se queda a medio camino de la manera más tonta.

Podría ser una buena serie de acción, podría ser una buenísima producción que contrastara la rudeza con el estallar emociones. Podría ser prácticamente lo que quisiera. Pero no llega. Aún con todo, y pese a tener episodios de más de 50 minutos, lo cierto es que esa semilla que va repartiendo hace que me haya visto la temporada completa. Y que vaya a ver la segunda. Supongo que a algunas nos va la marcha.

La primera temporada de ‘Hanna’ está disponible en Amazon Prime Video.

Crítica: ‘Hanna’ se presenta como una propuesta muy prometedora
Con un piloto claramente introductorio, apuesta por la rudeza y la calidad fotográficafueradeseries.com

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