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Crítica: ‘Helvetica’, una conspiración en Suiza que se queda en un quiero y no puedo

Filmin trae a España la primera incursión internacional en la ficción de la cadena pública suiza

(Fuente: Filmin)

Este artículo se ha escrito tras ver los dos primeros capítulos y contiene spoilers.

Hace muchos años leí un artículo sobre neutral y neutro, lo que se suele confundir y adoptar como lo mismo, pero que no lo es. Los matices que diferencian ambos términos me viene de maravilla para hablar de Helvetica, la serie suiza que homenajea, al menos en sus dos primeros episodios, la raíz etimológica del segundo de los adjetivos: del latín neŭter, neŭtra “ni uno, ni otro”. Y es que la miniserie suiza, plagada de buenas intenciones, no me cabe duda, resulta aséptica en el desarrollo; más allá de las premisas de la trama, visitadas y revisitadas en muchas otras series, la desafección inicial proviene de dos problemas que discurren paralelos desde el comienzo: de un lado, los tópicos, y por otro, la errónea elección de parte del elenco.

Helvetica consta de seis episodios y nos traslada a la Berna actual. Tres tramas, en apariencia inconexas entre sí, se plantean desde el primer momento. La presidenta de la Confederación Helvética Kathy Kunz (Ursina Lardi) se enfrenta a una negociación para la liberación de uns rehenes en el Yemen (entre los que hay un ciudadano suizo); la disparidad de criterios en el seno de Los Siete (el consejo suizo) le lleva a una crisis política donde la diatriba reside en pagar el rescate o no. Por otro lado, está Valentina (Flonja Kodheli), una limpiadora suiza de origen albano-kosovar que trabaja a destajo en el Palacio Federal de Berna. Valentina, Tina, está casada con un ciudadano suizo y tiene dos hijos. El padre de Tina, Sami (Çun Lajçi) tiene asuntos pendientes con un grupo albano-kosovar mafioso encabezado por Djeko (Arben Bajraktaraj) que lo presiona para que Tina se infiltre en el despacho de uno de los colaboradores más estrechos de Kunz. La tercera trama la protagoniza Rainald Mann (Roland Vouilloz), investigador federal, que en el transcurso de una investigación sobre una célula yihadista detiene a un diplomático árabe al que ha de soltar para evitar un incidente que ponga en peligro la liberación de los rehenes.

Después de un primer episodio donde se realiza la clásica presentación de los roles protagonistas y sus respectivas tramas, la historia con tintes políticos (segmentada en corrupción, terrorismo y mafia), trufada con subtramas que narran una violación, la desestructuración familiar, las carencias de los inmigrantes en los países occidentales y la estrechez económica en el paraíso capitalista de Europa, la sensación que permanece en la retina es que no logra trasladar la tensión al espectador. La multitud de situaciones que aborda de manera abrupta, yendo de aquí para allá (el montaje no es el mejor, sin duda), saliendo y entrando de las tres tramas principales, resulta una suerte de “quiero y no puedo”.

La primera serie lanzada al exterior de la cadena pública suiza es ambiciosa y no le duelen prendas a la hora de sacudir a su propia clase política, lo que viniendo de la pulcra e inmaculada sociedad helvética sorprende. Sin embargo, adolece de alma. La asepsia que transmite hace que pierda verosimilitud y que la empatía con los personajes sea prácticamente nula. La poca definición, basada en tópicos, de los mismos despojan sus perfiles y los convierten en un nombre más en el guion (caso de Sami y Sandra, la hija de Tina, o Alizeé).

Hay cierta obsesión por abarcar todas las narrativas propuestas y el resultado (insisto, en los dos primeros capítulos) deslucen ese objetivo primigenio. La conclusión de Helvetica es la de corrección (muy suizo, por otra parte), un tanto deslavazada e irregular, con componentes ya visitados, pero sin la aportación de nada nuevo (más allá conocer el complejo sistema político suizo) que haga bueno ese ya clásico dicho del “dámelo igual, pero diferente”.

‘Helvetica’ está disponible en Filmin.

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