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Crítica: ‘Heridas abiertas’ yuxtapone pasado y presente para explorar el trauma

Comentamos con spoilers ‘Vanish’, el primer episodio de la serie

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(Fuente: HBO España)

Heridas abiertas es uno de los estrenos de este verano, pero si buscáis una serie ligera, la novedad de HBO España no lo es. Ambientada en un pueblo ficticio de Missouri, esta historia se enmarca en el género del gótico sureño, una narrativa que se desarrolla en entornos decadentes y febriles, rodeados por pantanos aparentemente tranquilos, como sus gentes parsimoniosas, bajo los que todo está podrido. Unos paisajes que os evocarán inmediatamente la primera temporada de True Detective, con la diferencia de que aquí las mujeres son las protagonistas.

Como mandan las convenciones del género, siempre hay algo invisible que acecha; todo es perturbador y hay un aura de misterio inherente, pero los elementos que pueden parecer sobrenaturales son alegorías para explorar la cultura del sur del Estados Unidos rural cuya historia está marcada por el racismo, el sexismo, la violencia y la pobreza. Son historias que hablan de traumas que se convierten en un legado del que nadie consigue escapar y que condena a que se repitan los males del pasado.

Que la industria principal de Wind Gap, el pueblo en el que se desarrolla la historia, sean los mataderos de cerdos hace que el olor a sangre seca casi se sienta en el ambiente, porque es un lugar caluroso y húmedo en el que la brisa es densa; no purifica el aire, lo condensa, lo macabro flota como el polen de la primavera y dificulta la respiración.

Crítica: ‘Heridas abiertas’ se zambulle en su complicada protagonista
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A un lugar como este vuelve Camille, el personaje con el que Amy Adams ya tiene garantizado el Emmy de 2019. La serie la lleva de regreso al sitio donde creció y la enfrenta con un pasado familiar que se nos va desvelando traumático; un lugar marcado por la pérdida, un aire en descomposición que la asfixia y unos fantasmas que intenta dominar con alcohol pero cuyas cicatrices están vivas y marcadas en su piel, literalmente.

Ann y Natalie son las niñas asesinadas cuyas trágicas historias funcionan como detonante para que Camille reviva el dolor y el trauma por la muerte de su hermana Marian, un recoveco de su cerebro que mantenía encerrado bajo llave y que ahora aparece detrás de cada puerta. Como en Big Little Lies (y en otras de sus obras) Jean-Marc Vallée utiliza insertos rápidos y sin audio para representar cómo experimentamos los recuerdos y los pensamientos cuando nos invaden de repente. Son intrusivos, como un destello pasajero que deja sensaciones y emociones inesperadas. El pasado y el presente se yuxtaponen, van y vienen como el vaivén de una mecedora.

La edición marca el tono subjetivo de la historia en la que Camille adulta revive momentos que vivió como adolescente y los resignifica desde su presente. Este es el viaje que deberá seguir durante los ocho episodios de la temporada, porque mientras va descubriendo qué ocurrió con Ann y Natalie, con la perturbadora presencia de su madre y la dualidad de su hermanastra, Camille revisitará la historia de su hermana Marian, una historia que no pudo comprender cuando era niña.

El estilo visual de la serie convierte una historia que podría ser un misterio morboso de serie B en una experiencia sensorial y subjetiva muy fascinante, porque nuestro punto de vista es el de Camille y su psique está fragmentada.

Cuando en el plano final se nos revela su piel desnuda cubierta por cicatrices de palabras escritas a cuchilla entendemos porque iba tan abrigada en un clima tan caluroso, y vuelven a nosotros (tal como los flashes que experimenta su personaje) imágenes como la del sueño en el que su yo joven la pincha con un clip o las palabras grabadas a cuchillo en la mesa de su apartamento.

Durante este primer episodio hay planos que pueden pasar desapercibidos si no se tiene el ojo muy atento o no se hace un revisionado: la palabra Dirt que se ve sobre el maletero de su coche, que luego se convierte en Dirty, pero que en realidad no está; Girl, que puede verse en la casa de muñecas de Amma durante unos segundos y que luego se desvanece, o la señal de tráfico que le avisa que es la última salida para cambiar de opinión. En la radio del coche puede leerse la palabra Wrong, donde suele salir AUX, cuando conecta su iPod en la escena en la que se queda dormida en la puerta del bar. Un recurso que sirve para materializar, comunicarnos, los pensamientos de Camille.

Otra imagen fugaz es la de Marian sentada en el sofá después de que Adora deja a Camille en su habitación, la serie nos va dando sus códigos para que luego podamos interpretarlos, una representación de esas cosas que siempre han estado ahí, pero de las que no somos conscientes hasta que nos detenemos a mirarlas con otros ojos.

La sensación de malestar general se propaga en Wind Gap como un virus que mata lentamente y hace que todos los habitantes del pueblo sean sospechosos, pero el principal misterio está en las habitaciones del enorme caserón de Adora, Camille, Amma y Marian. Tenemos todo el verano para descubrirlo, técnicamente será una delicia, pero emocionalmente ya os aviso que no será una experiencia placentera.

(Fuente: HBO)

Notas al margen:

  • La actriz que interpreta a la Camille niña es Sophia Lillis, a quien pudisteis ver recientemente como Beverly en It. El parecido con Amy Adams es impresionante, casi parece que son la misma persona y que han hecho un Boyhood. Lo curioso es que en la segunda parte de It, a la Beverly adulta la interpreta Jessica Chastain, y el parecido está igual de conseguido.

Sophia Lillis. (Fuente: HBO España)

  • Hay un par de planos que en el contexto del episodio no nos han sido explicados pero que seguramente les encontraremos significado cuando avance la historia, como esta imagen en el baño del motel y un inserto de un carrito con productos de limpieza. Por cierto, la actriz que aparece en el plano superior es Sydney Sweeney, a quien hemos visto en la segunda temporada de The Handmaid’s Tale.
  • Como se han estado comparando mucho, haremos un artículo hablando de las similitudes entre Big Little Lies y Heridas abiertas. En el tono son pocas porque, al menos en este primer episodio, no hay ningún momento ligero que nos invite a sonreír. A nivel técnico son muchas y se nota la autoría de Jean-Marc Vallée en la dirección y en la edición, en las transiciones entre escenas; es un montaje emocional. También en el uso de la música que es siempre diegética (que pertenece al mundo de la ficción, en el mismo plano que los personajes) por eso se corta cuando éstos salen de los coches o se quitan los auriculares.
  • Por el trabajo que hacen con el montaje de sonido, escuchar este episodio con auriculares aumenta la experiencia. Haced el ejercicio de escuchar la última escena, la de la bañera.
  • Ya hay una lista en Spotify con las canciones que se escucharon en este episodio.

Los nuevos episodios de ‘Heridas abiertas’ están disponibles los lunes en HBO España.

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