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Crítica: ‘Jonathan Strange y el Sr. Norrell’, magia en la Inglaterra napoleónica

Filmin presenta la adaptación del best seller de Susanna Clarke

(Fuente: Filmin)

Esta crítica se ha escrito tras ver la miniserie completa y contiene spoilers.

¿Una serie sobre magia? Sí. Y dicho así puede sonar aburrido. Sin embargo, la curiosa miniserie que nos trae hoy aquí nos propone una historia de magia que hace su propia magia; como si la de la chistera, en vez de aparecer un conejo, apareciera otra chistera. Y es que Jonathan Strange y el Sr. Norrell es una de esas rara avis que solo la BBC (aunque en este caso sea su filial norteamericana) es capaz de producir. Un producto impecable en factura y diseño, elegante, travieso y muy inglés. ¿Quién podría resistirse?

Jonathan Strange y el Sr. Norrell es la adaptación del best seller de Susanna Clarke de idéntico título. El libro, que deambula entre la fina ironía de Jane Austen y los mitos “ficcionados” de Tolkien, ha sido una obra compleja de adaptar. No sólo por el volumen de la obra (unas 900 páginas en siete partes, al igual que la miniserie), sino por la propia escritura de la obra, cuyos usos transitan entre lo victoriano y lo gótico. Recomponer esa mixtura para la televisión ha sido tarea de Peter Harness (Doctor Who, La guerra de los mundos) en el guión, y de Toby Haynes en la dirección (Wallander, Sherlock, Doctor Who, y uno de los directores de la versión americana de Utopía).

La acción nos lleva a la Inglaterra de comienzos del siglo XIX, cuando toda Europa lucha contras las ansias imperialistas de Napoleón. La guerra está pasando factura al imperio británico: Nelson ha sido asesinado en la batalla de Trafalgar y Lord Wellington (Ronan Vibert) está desesperado. La magia, que siempre ha existido en Inglaterra, desapareció 300 años atrás de manera misteriosa, y los únicos magos en la actualidad son considerados estudiosos sin recursos y buhoneros ambulantes. Al parecer, no hay ningún mago en mayúsculas que pueda ayudar a ganar la guerra.

(Fuente: Filmin)

Sin embargo, un cultivado y pedante caballero natural de York, Gilbert Norrell (Eddie Marsan), coleccionista de viejos grimorios y que en la intimidad practica la magia, es convocado por un club, The Learned Society of York Magicians, para sopesar si la magia está muerta o hay alguna esperanza de revivirla. El criado de Norrell, Childermass (Enzo Cilenti), le convence para acudir a Londres y así demostrar su valía. Pero no es el único aspirante a mago: Jonathan Strange (Bertie Carvel), hijo de una familia acomodada, y enamorado de la bella Arabella (Charlotte Riley), comienza a aprender magia como autodidacta, mostrando una habilidad inusitada para ella. Norrell, desconfiado y sagaz, lo toma como aprendiz para analizar sus progresos y calibrar si será en un futuro su enemigo.

Una vieja profecía, que augura el regreso de la magia gracias al advenimiento de dos magos, pone a ambos en el centro de la sociedad y la guerra: desde las peticiones de Wellington al esfuerzo bélico, hasta la solicitud de Sir Walter Poole (Samuel West) para que resucite a su esposa recientemente fallecida (Alice Englert), y para lo que recurre al Caballero Infernal (Marc Warren), pasando por estampidas de caballos de arena, crear de la nada una armada de barcos fantasmas o dotar de habla a las figuras pétreas de la catedral de York, y todo bajo la sombra de un villano, mago poderoso en su tiempo, llamado el Rey Cuervo.

Evocando una suerte de Salieri (Norrell) y Mozart (Strange), los conflictos no tardan en aparecer. Mientras que Norrell es ordenado, metódico, civilizado y controlador, Strange es salvaje y arcaico y sus dotes se enraízan con los mitos arcanos. Así, las consecuencias de sus actos derivan en una espiral de amor y muerte, y donde el camino no se sabe bien si desembocará en la gloria o en el estrépito.

La miniserie alberga un humor astuto y elegante donde la comicidad se mezcla con un tono absorbente y misterioso. Y ahí reside uno de los aciertos de la miniserie: transformar el lenguaje de la obra original ha sido determinante para dotarlo de un ritmo ágil, pero no excesivo, lo que cauterizaría la visión original de Clarke. Con una ambientación que se torna deliciosa por momentos, las recreaciones vuelven a ser prodigiosas (no en vano la miniserie ganó dos premios BAFTA en 2015 a mejor diseño de producción y efectos visuales), y la puesta en escena, como suele ser marca de la casa, no deja nada al azar.

Jonathan Strange y el Sr. Norrell es uno de esos productos a los que te asomas con cautela, ves el primer episodio y te enganchas. Es la magia que entraña esta miniserie.

‘Jonathan Strange y el Sr. Norrell’ está disponible en Filmin.

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