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Crítica: ‘Juego de Tronos’ 7×01 — El principio del fin

‘Dragonstone’ echa a andar el último tramo de la serie

Daenerys desembarca, por fin, en Poniente. (Fuente: HBO/Movistar+)

El invierno ya está aquí. Es decir, la séptima temporada de Juego de Tronos ya está aquí. Más de un año después de que viéramos a la flota de Daenerys zarpar de Meereen rumbo a Poniente, por fin hemos tenido nuestro primer contacto con el que es el primer capítulo del último tercio de la serie, uno que abre las tramas que deben llevarnos hasta el postrer episodio: aquél en el que veamos si los Caminantes Blancos han arrasado Poniente o si han podido ser derrotados.

En ese aspecto, Juego de Tronos ha seguido, más o menos, la estructura de los libros de George R.R. Martin. La Boda Roja, en la tercera temporada, marca el final de la historia que la serie había empezado contando, la de la guerra por suceder a Robert Baratheon en el Trono de Hierro. La explosión del Septo de Baelor es el punto y aparte de la siguiente historia, la de la recolocación de piezas bajo el dominio de los Lannister, y ahora estamos viendo la historia final: la de la conquista de Daenerys y la amenaza inminente del ejército de los muertos.

A partir de aquí habrá spoilers de ‘Dragonstone’, el episodio 7×01 de ‘Juego de tronos’.

Pero para que no se nos olvide de qué polvos vienen estos lodos, el episodio inicial de la temporada arranca con una muestra de hasta dónde llegan el poder y la crueldad de Arya Stark en su venganza. Suplanta a Walder Frey para asesinar a todos los hombres de su familia, confirmando que aprendió demasiado bien las lecciones de los Hombres sin Rostro, y por un momento, parece que esta faceta de ángel exterminador de Arya ya no tiene vuelta atrás. La ira, el odio y la agresividad la han empujado demasiado lejos en su camino por el Lado Oscuro.

Su encuentro con unos soldados Lannister que sólo quieren sobrevivir a su última campaña y volver a casa puede mostrarle que el mundo no es tan en blanco y negro como cree, pero las dos hermanas Stark tienen un sentido de la justicia bastante del Antiguo Testamento. Sansa, por ejemplo, no es partidaria de que Jon perdone la traición de los Umber y los Karstark al aliarse con los Bolton, pero su hermano cree en las segundas oportunidades. Y, además, todas esas grandes casas están en manos ahora de niños, niños que representan la posibilidad de un futuro mejor y más justo. Sobre todo si crecen hasta ser como Lyanna Mormont, que se gana unas claras miradas de aprobación entre Sansa y Brienne.

Sophie Turner como Sansa Stark. (Fuente: HBO)

Las diferencias de opinión entre Sansa y Jon quedan muy claras también en este primer capítulo. Jon puede ser honorable y justo, pero Sansa sabe que, para sobrevivir en Poniente, a veces hay que ser un poco retorcido y manipulador también. Es destacable que la joven Stark reconozca haber aprendido mucho de Cersei mientras estuvo en Desembarco del Rey, pero Jon todavía es demasiado tozudo para darse cuenta de que su hermana tiene más experiencia de cómo es realmente el mundo que él, que se ha pasado toda la serie en su “burbuja” de nieve, muerte y privaciones del Muro.

Sansa es muy consciente de que Cersei va a intentar machacarlos, cueste lo que cueste. Para eso se alía con Euron Greyjoy, que es el equivalente a Kanye West de Juego de Tronos: se sabe el mejor traicionando, asesinando y saqueándolo todo, y no tiene ningún problema en presumir de ello. Ese regalo que afirma que le va a conseguir a la reina bien puede ser algo que los lectores de los libros conocen desde Festín de cuervos, el cuarto volumen, o puede ser la cabeza de Tyrion Lannister, pero sirve para poner en juego al otro elemento impredecible de la partida, además de Arya.

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David Benioff y D.B. Weiss se aseguran de recordarnos que, aunque los Caminantes Blancos sigan su avance y hasta Sandor Clegane pueda ver en las llamas cómo consiguen atravesar el Muro, Poniente se mueve todavía por las viejas rencillas. Arya no puede apartar sus ansias de venganza porque, probablemente, sea lo único que la mantiene con vida y medianamente cuerda, y lanzar una guerra contra sus enemigos antes de que ellos lo hagan contra ella es la razón de Cersei para no entregarse a la desesperación total.

Las mujeres de esta serie han aprendido a manejarse en Poniente escuchando lo que sus padres contaban a sus hermanos o por experiencia propia, y como se vio ya en la sexta temporada, parecen más preparadas para sobrevivir. Tienen más mecanismos para continuar yendo hacia delante cuando todo a su alrededor se desmorona. Jon tiene sus ojos en el objetivo último y final, pero corre el riesgo de morir a manos de otros enemigos más terrenales si no tiene cuidado. Y en el equilibrio entre uno y otros descansa el resultado final del juego.

Pero sólo hemos visto el principio del final. La serie se reserva hasta los últimos instantes la visión de Daenerys llegando, por fin, a Rocadragón, al castillo de su familia, e ignorando el trono para ir directamente a la sala de guerra de Stannis, con su mesa tallada con el mapa de Poniente. Está impaciente por empezar su conquista y ese “¿comenzamos?” que le dice a Tyrion es, también, el arranque oficial del último tramo de Juego de tronos.

Dany se presenta, de momento, igual de consumida por un único objetivo que Jon y Cersei. La presencia de Antigua en los títulos de crédito es muy significativa porque Sam está aprendiendo allí lo fundamental para enfrentarse a los Otros, como los llaman en los libros, caso de esa veta de vidriagón justo bajo Rocadragón, y también es una localización notable porque ahí es donde Jorah Mormont ha ido a parar. Si es por voluntad propia, para ayudar a su reina, o no, aún es pronto para saberlo.

Como es pronto para intentar adelantar mucho más de lo que puede estar por venir. Que Jon y Daenerys van a encontrarse está muy claro en cuanto Sam hace ese descubrimiento; ¿qué saldrá de ahí? ¿Y qué más averiguará Sam emulando a Hermione Granger en la sección de libros prohibidos de la biblioteca de la Ciudadela?

Notas al margen

  • Ya hemos visto el cameo de Ed Sheeran tan anunciado hace meses. El cantante es uno de los soldados Lannister que Arya se encuentra por el camino y, por supuesto, tiene oportunidad de entonar una canción popular de Poniente.
  • Si no habéis leído los libros, y no queréis saber cuál puede ser ese regalo que Euron va a buscar para Cersei, saltaos este apartado. En Festín de cuervos, Euron es elegido rey de las Islas del Hierro al mostrar a sus compatriotas un enorme cuerno negro que encontró, según dice él, en las ruinas de Valyria. Ese objeto sería Cuerno Dragón, y sería capaz de dominar a los dragones si se hace sonar. Pero cualquiera que lo sople muere.
  • Las playas de Rocadragón, por cierto, están realmente en el País Vasco.
  • Ese “sé exactamente lo que quiere” de Sansa al hablar sobre Meñique sugiere una jugadora a la que hay que tener muy en cuenta.
  • Jim Broadbent debuta en la serie como el maestre al que Sam asiste en sus autopsias. Y sus diálogos son muy significativos; todos los momentos de gran incertidumbre y peligro, que los hombres pensaban que eran el fin, se acaban siempre.

La séptima temporada de ‘Juego de Tronos’ está disponible los lunes en HBO España y en Movistar Series Xtra.

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