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Crítica: ‘La Fortuna’ no cumple con sus altísimas expectativas

La serie de Amenábar no luce como la superproducción prometida y esconde sus aventuras entre papeleo y burocracia

(Fuente: Movistar+)

Esta crítica se ha escrito tras ver los 3 primeros episodios de ‘La Fortuna’ y no contiene spoilers.

El de Amenábar era el gran nombre del cine español que faltaba por dar el salto a las series de televisión. Pedro ya ha dicho que no está interesado y otros como Trueba o Garci están muy lejos de hacer algo mínimamente netflixero. Pero Alejandro, aunque Regresión no fuese precisamente alabada por nadie, es una marca lo suficientemente grande en este país, y fuera, para captar la atención del espectador. Y también lo es, aunque sea a un nivel más de nicho, Paco Roca cuyo cómic El tesoro del Cisne Negro se adapta en la serie que hoy nos ocupa. La Fortuna. O La Fortuna de Alejandro Amenábar, que podría ser su coletilla casi obligatoria.

Aventuras a lo Tin Tin, reivindicación de un pasado histórico perdido y Movistar+, en alianza con AMC, metiendo pasta hasta aburrir parecían garantes del siguiente gran fenómeno televisivo español, ese que tras la esplendorosa remesa de finales de 2020 tanto se está haciendo de rogar. ¿Lo tenemos? Lamentablemente no. Lo primero que sorprende de La Fortuna es que luzca tan barata. Barcos. Batallas navales. Esperamos empezar el visionado y que los petrodólares se nos salgan por los ojos. Que nos quedemos ensimismados ante el despliegue que se espera para «la primera serie de Amenábar». Pero lo que tenemos es un primer episodio encerrado en despachos y otras localizaciones interiores y muy poca emoción. Ni aun entendiendo la reivindicación de los héroes de despacho y los funcionarios que se trata de hacer (vista ya, y mejor, en El ministerio del tiempo) se entiende esta falta de pasión.

Tampoco ayudan los personajes protagonistas y su dibujo de trazo grueso: ella es progre, está bastante amargada y no se lava el pelo (pero tendrá que asumir que en la vida no se puede ser tan idealista) y él es un niño pijo con poca calle, repeinado y respetuoso con la burocracia (que aprenderá a desmelenarse y saltarse las normas). Ella está muy enfadada todo el rato y de él nos preguntamos cómo han escogido a ese actor. Y con ellos, un Karra Elejalde siempre carismático, pero con una caracterización que no sabes si es el ministro de Interior o un agente de la T.I.A. de Mortadelo y Filemón. Y en esas se van sucediendo las pesquisas en una narración río con paradas en callejones sin salida, soluciones que caen del cielo y lunáticos gaditanos. Y políticos de la Junta de Andalucía que no saben inglés y eso, al parecer, les parece el peak del humor a los responsables de la serie. ¿De verdad tenemos que seguir aguantando, en 2021, que se dé pábulo a la andaluzofobia en nuestra televisión? Por favor, avancemos.

Hablando de Andalucía, la escena del barco de época me hizo añorar los espectáculos de piratas de Isla Mágica, que ganaban a la «superproducción» de Amenábar en epicidad, ritmo, estilo y hasta en ambientación. Resulta chocante que una propuesta así no nos haga saltar de la butaca y sentirnos como niños que sueñan con surcar los mares en busca de tesoros. Pero más sorprende aún la colocación de la escena naval entre los dos primeros episodios sin ningún tipo de lógica en cuanto a estructura: empieza al final del primer episodio y se corta, para proseguir en el siguiente sin ningún tipo de cliffhanger ni clímax dramático; se corta ahí porque sí, porque en algún sitio habrá que parar y se ha decidido aleatoriamente que sea ese para estirar lo del barco hacia el siguiente episodio. Esto nos da bastante la medida de cómo la estructura episódica no está trabajada. Se nota que se ha pensado el relato como un todo y no se han trabajado los capítulos como unidades propias. Y sabe a desdén.

Aún así, nos queda una propuesta ligera y fácil de seguir, aunque no afine bien su público (puede ser densa para los niños y demasiado ingenua para los adultos). No es una serie absolutamente fallida, ni muchísimo menos, pero tampoco cumple con ninguna de sus expectativas: aventuras, despliegue, virtuosismo. Y eso es lo triste de La Fortuna, que se queda muy lejos de su potencial. Tenía mimbres para ser nuestro Stranger Things, pero nos dan algo que bien podría estar en el rango de Los espabilados. No es ese serión de Movistar+ para el mundo que creíamos.

‘La Fortuna’ está disponible en Movistar+.

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