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Crítica: 'La reina del pueblo', comedia para el futuro de la España vacía - Fuera de Series
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Crítica: ‘La reina del pueblo’, comedia para el futuro de la España vacía

La nueva serie del sello Flooxer constata el gracejo arrollador de Omar Banana

(Fuente: Atresmedia)

Esta crítica se ha escrito tras ver los tres primeros episodios de ‘La reina del pueblo’ y no contiene spoilers.

La brillantez de La reina del pueblo, recién estrenada en Atresplayer Premium, debe tener que ver con la rúbrica de Raúl Navarro, guionista y director de los seis episodios de la serie (que parte de una idea original de Víctor Santos). Navarro se había relacionado tímidamente con la ficción televisiva hasta entrar arramblando en una deslumbrante década en la que ha cocreado El fin de la comedia El vecino y la virulencia de su humor pavimenta el camino de este último proyecto, una comedia de sofisticada grosería perfecta para una España que se acaba de dar cuenta de que se está quedando vacía.

Si Lucía Caraballo, Ana Jara, Cristina Colom y Helena Ezquerro tiran con holgura de los roles principales, lo de Omar Banana, secundario estrella, es la constatación definitiva de un gracejo arrollador que ya ocupa una silla propia en el audiovisual español. La veteranía de Roberto Álamo, Melani Olivares o Paco Churruca, desde un generoso segundo término, remata el buen encaje de los jóvenes en una trama armada en torno a la competición que enfrenta a Inma (Caraballo) con otras jóvenes de una localidad rural por ser coronada reina del pueblo en las fiestas patronales.

Hasta la aspiración más básica de la protagonista, el querer ser reina, se pone en tela de juicio en una serie que introduce prácticamente todos sus temas con bolas curvas. No es que las ansias de Inma de ganar la competición y las de Zaida (Ezquerro) de arruinar ese sueño no importen —de hecho, son la máxima expresión de las envidias y los juicios de visillo que habitan los pueblos pequeños—; lo que ocurre es que ponen marcha un retrato satírico de la vida en la periferia que aborda muchos otros frentes.

(Fuente: Atresmedia)

La reina del pueblo es comedia de y sobre muchas cosas: el tiempo, el cuerpo, la política —nacional y local—, la amistad, el sexo, las ambiciones… Una risa devoratodo la atraviesa, igual que atraviesa la escena humorística patria de hoy, de raigambre tan paisana. Algunos de esos grandes cómicos actuales hacen acto de presencia en los primeros episodios de la serie para refrendar esa conexión entre la ficción que apadrina Flooxer y las localidades remotas de España. Una conexión sincera y desprovista las más de las veces de glamur, visto lo absurdo que es pensar, como expresa un personaje al comienzo de la serie, que los pueblos son durante todo el año como los vemos en fiestas.

Hay mucho malo en los pueblos. No hace falta ser de uno para decirlo, pero no viene mal para saberlo. Sea de donde sea Navarro, su representación de Polvaredas de la Sierra, el sitio ficticio donde se ambienta La reina del pueblo, es lo suficientemente compleja. No se inclina por la reprobación ni por el respaldo de unos lugares que son lo que son, desterrando la nostalgia a otras series menos interesadas en el momento presente. Quizá la perspectiva más cercana a esta conciencia mayor dentro de la serie sea la del personaje de Colom, una urbanita que pasa las vacaciones allí. No viene a la aldea a disfrutar del aire fresco y reencontrarse consigo misma, sino a esperar a que escampe el lío en el que se ha metido en la ciudad en un lugar que considera atrasado y, por ende, seguro.

A través de ese Polvaredas de la Sierra al que parece que ningún forastero acude por sus bondades reales —solo por conveniencia—, Navarro inscribe La reina del pueblo en la última generación de series de Flooxer; series libres de aquel marchamo de casa de producciones menores que arrastraba la marca hasta no hace mucho. Hoy, el sello verde puede acoger ficciones como La reina del pueblo: inteligentes, ácidas, robustas. Ni humildes ni diletantes. La de Navarro, además, es particularmente alegre por tener la vista puesta en el futuro: el ruralismo que imagina no es el de antaño, pero quizá tampoco el de hoy. Es un pueblo más libre y diverso, moderno, incluso paródico. Un lugar donde, en fiestas, suena Ladilla Rusa y no Camela, pese a que los primeros sean un pastiche actualizado de los segundos. Ahí, entre risas, se divisa el futuro.

‘La reina del pueblo’ puede verse en Atresplayer Premium.

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