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Crítica: La segunda temporada de ‘La Orden’ deja con la miel en los labios

Aunque algo desigual, la serie está preparada para continuar adelante

(Fuente: Netflix)

Esta crítica se ha escrito tras ver la segunda temporada de ‘La Orden’.

La magia estaba dominada por la Orden, o al menos eso parecía en la primera temporada de la serie. Ellos concentraban todo el poder de los hechizos en sus distintas sedes por el mundo. Pero si algo nos ha enseñado la segunda entrega de La Orden es que el mundo está lleno de agrupaciones mágicas de distintas naturalezas y que no siempre se llevan bien entre ellas.

Con la recuperación de Lilith, la serie ha tenido un hilo conductor desigual que no siempre ha logrado estar acertado y que ha centrado en Vera gran parte de la temporada. Incluso con cameos maravillosos como los de Ian Ziering y Jason Priestly, que dan mucho juego en el episodio doble del intento de sustitución de Vera como Gran Maga, la propuesta de Netflix ha perdido gran parte de la retranca que tenía en su arranque.

No nos confundamos, sigue siendo una serie entretenida con algunos personajes que logran ocupar toda la pantalla (principalmente, Vera), pero en general se añora algo más de profundidad que la anécdota a resolver en la fórmula de episodios dobles que ha encontrado.

(Fuente: Netflix)

Un nuevo comienzo

Si algo deja claro este final desigual es que la serie tiene intención de continuar, al menos una temporada más. Con el cierre de la segunda, el mundo queda completamente expuesto y Praxis, en un limbo sin comandancia que lo organice.

Y es que, una vez muerta Salvador, la organización rival encontró en Alyssa a la guía que necesitaba, dispuesta a darlo todo para democratizar la magia. Pero poco duró. El ataque de Medianoche la deja, cuanto menos, muy perjudicada, a la espera de averiguar si la hemos perdido para siempre. Y de rebote, Gabrielle ha quedado traumatizada, intuyo que para mucho tiempo. Su deseo no verbalizado de pertenecer a los Caballeros le ha costado muy caro, con una piel deseosa de venganza y violencia que explota los complejos de la joven para acabar con ella y poseerla.

Gabrielle no tiene control sobre su piel, pero por lo menos tiene a Randall. El apoyo en la pareja es una maniobra que La Orden juega permanentemente: Nicole en Lilith, Jack en Alyssa, Gabriele en Randall y, por último, Vera en Hamish. La última es una de esas alianzas extrañas y fuera de las edades canónicas que resulta más interesante, y también menos explicada.

En definitiva, la segunda temporada de La Orden se acomoda en un entramado que ha ido desarrollando para depositar sobre él, sus personajes y sus relaciones gran peso de la ficción. Engancha, es evidente. Pero sabe a poco.

Las dos temporadas de ‘La Orden’ están disponibles en Netflix.

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