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Crítica: ‘Line of Duty’ despide agridulcemente una de sus mejores temporadas

(Fuente: BBC)

Esta crítica se ha hecho tras ver la temporada 6 de ‘Line of Duty’ y contiene spoilers.

«¿Es esto el final?». Esta idea recorría mi mente, al igual que la de miles de espectadores, mientras en la pantalla veíamos ser archivados los documentos que durante años habían decorados los corchos del AC-12, augurando su olvido. Eran los mismos documentos surgidos de las investigaciones que el equipo de anticorrupción de la policía metropolitana de Londres había ido realizando conjuntamente con un fiel espectador que les ha acompañado durante casi una década. BBC aún no se ha pronunciado sobre la continuación de este mayúsculo evento televisivo llamado Line of Duty, pero sobrevuela en el ambiente que la ficción ya ha atado los suficientes cabos como para despedirse definitivamente.

Y es que aunque todo encaje en este cierre de temporada como final de serie, no deja de picarnos una espinita clavada en forma de deseo de reparación. Una espina que fuese sacada en forma de justicia, la misma que tan incansablemente propugna en superintendente Hastings, la misma que tan insistentemente ha perseguido su equipo. Y es la espina del reconocimiento y neutralización de una corrupción institucionalizada que ha sesgado tantas vidas, que pesan por igual a espectador y personajes después de convertirse en compañeros durante los años.

Si finalmente, ya sea por voluntad de la cadena, ya sea por obra y gracia de Jed Mercurio, se decide que esta entrega no ha sido un «hasta luego» sino un «adiós», al menos no podremos decir que este final no otorga un sentido a la serie. La salida que vislumbra en el último episodio sería la de un baño de realidad para una ficción que, aunque en ocasiones de manera hiperbolizada y poco reflexiva, mira al mundo real. Y, en concreto, mira a la cara a una sociedad británica que recientemente se horrorizaba con el asesinato de una mujer a manos de un oficial, al mismo tiempo que veía cómo se aprobaba una ley que reforzaba los poderes de la policía sin apenas reflexión o debate. La narrativa del caso aislado frente a la irreprochable determinación de la institución.

En el mundo de Line of Duty, los títeres criminales han sido descubiertos aunque posiblemente no el titiritero, que sigue moviendo los hilos desde dentro mientras la policía se enquista como una fuerza social necesaria e inapelable. La burocracia y la política institucional consiguen desfondar al corredor antes de que llegue a la meta, mientras que se apañan por hacer olvidar al público que estaban asistiendo a una carrera. Terminar con un AC-12 derrotado por una campaña interna en forma de recortes mientras se olvida la corrupción institucionalizada sería el más político de los desenlaces posibles para Line of Duty, una llamada de atención en forma de jarro de agua fría.

Line of Duty ha firmado una excelente sexta temporada, que ha sabido explotar la tensión inherente a cada momento que le tocaba abordar, ya fuese un tiroteo o un interrogatorio. Aunque el descubrimiento de la identidad de H se sienta un poco descafeinado, el verdadero corazón de la historia se encuentra en las trayectorias que Hastings, Fleming y Arnott llevan experimentando años, así como en los pecados cometidos durante este trayecto, que en esta entrega les ha tocado expiar de diferentes maneras. Pase lo que pase con el futuro de la serie, solo sé que en algún momento podremos pensar en lo que hemos vivido y exclamar, parafraseando al superintendente Hastings, «Madre de Dios».

‘Line of Duty’ esta disponible en Movistar+.

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