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Crítica: ‘Loki’ se escapa por la puerta de atrás

Solo lo abrupto del cierre de la temporada retiene algo de aquello a lo que aspiraba la serie, ya renovada por una segunda entrega

(Fuente: Disney+)

Esta crítica se ha escrito tras ver la primera temporada de ‘Loki’ completa y contiene spoilers.

Siempre habrá una excusa para Loki. Si el personaje es el Dios del Engaño, ¿cómo no iba a ser huidiza su serie? Pensarlo apacigua la sensación de que la serie de Marvel Studios centrada en la némesis de Thor, que acaba de concluir en Disney+ su primera temporada, se ha escapado por la puerta de atrás después de más de un mes de virajes genéricos difíciles de sostener.

Llegado el final del camino, y al mismo tiempo que Loki y Sylvie alcanzaban también el final del Tiempo y descubrían, sin saberlo, que el mandamás tras la Agencia de Variación Temporal era el anticipado Kang, la sensación que deja la serie es de veleidad. De veleidad y de retirada con la faena a medio hacer. Loki ha recorrido muchos registros en sus apenas seis horas, probándolos todos y sin dominar ninguno: thriller fincheriano en un principio —o eso decían—, intento de compleja fábula sci-fi a veces, aventura llanamente fantástica al final. Esos volantazos frustran, claro, y desorientan y ponen en guardia a la audiencia. Pero ¿cuánto de eso es culpa de la serie y cuánto del televidente?

La de las expectativas defraudadas es una posición de lectura complicada, máxime en el caso de un cosmos narrativo como el del UCM, donde los espectadores acarrean mochilas de una película o serie a otra. Este bagaje adultera la experiencia a ambos lados de la pantalla. Los ecos de la decepción que algunos vimos en Bruja Escarlata y Visión han contaminado las imágenes de Loki desde su estreno, y no porque nos hayamos empeñado en encontrar en ellas reminiscencias de la primera serie de la Casa de las Ideas para la plataforma del ratón, o no solo. Sucede que la convivencia de estas series dentro de un sistema mayor las somete a juicios más severos.

No se puede condenar a Loki por tener menos cómic en su ADN del que nos gustaría, o por no introducir ni dialogar con personajes, situaciones, tonos o imágenes que, sí, serán propiedad de Marvel, pero, a efectos prácticos, no existen en el mundo de la serie hasta que lo hagan explícitamente. El mayor o menor desarrollo en el último episodio de la figura de Kang, al que, como ya sabíamos, da vida Jonathan Majors, solo puede medirse en función de lo que sabemos de él por los tebeos; pero Loki no es un tebeo, y su presentación del villano, sin contextos, expectativas ni viñetas que interfieran, es solvente y promete una inquietante amenaza para la ya anunciada temporada 2.

Triple fallo

Lo que sí se le puede reprochar a Loki es la inconsistencia de su propuesta, que se ha bamboleado demasiado entre lo friki y lo sofisticado como para, llegado el momento de ajustar cuentas en base a premisas y resultados, romper la baraja y abandonarse al todo vale de la fantasía. La negrura y la complejidad narrativas que parecían anhelarse en las primeras secuencias de la serie se han esfumado en favor de la conservadora casualidad marvelita, pese a que hubieran podido permitir hibridaciones más atractivas. Tampoco ha cuajado el romance entre los dos Lokis protagonistas, el de Tom Hiddleston y el de Sophia Di Martino, que ni se explota en su sentido meloso ni se analiza con la madurez emocional que la paradoja —no necesariamente morosa de los tebeos, además— merecía.

Completa el triple fallo de esta última historia del dios nórdico la rigidez del modelo de seis episodios por temporada, un dechado que, sumando Falcon y el Soldado de Invierno, ya ha hecho fracasar a dos equipos creadores a la hora de armar series interesantes, provocadoras y mínimamente espesas. La media docena de capítulos no permite el desarrollo, los giros y el suspense de aquella comedia sobre Wanda y Visión, que tenía nueve, pero tampoco se desprende con contundencia de ese desagradable prejuicio de la película estirada. Con tan poco metraje, un episodio botella como el de Lamentis pasa por un alto en el camino prescindible y el capítulo de conclusión aparece como apretujado y superficial. Solo lo abrupto del cierre de la serie, que intercambia reclamaciones y automatismo por incógnitas, misterio y promesas infinitas, retiene algo de la esencia discordante que la serie una vez aspiró a poseer.

‘Loki’ está disponible en Disney+.

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