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Crítica: ‘Los espabilados’ es la serie ideal para chavales atormentados (pero nada más)

La nueva ficción de Albert Espinosa es, en buena medida, lo que podríamos esperar de ella, pero también bastante lenta

(Fuente: Movistar+)

Esta crítica se ha escrito tras ver los tres primeros episodios de ‘Los espabilados’ y no contiene spoilers.

Que buena parte de la promoción de Los espabilados estuviese centrada en la figura de Alfred García, siendo su canción para los títulos de crédito uno de los elementos más tangenciales a los que prestar atención para su venta, dice mucho más de lo que parece sobre la nueva serie de Movistar+. Porque Los espabilados es una serie para los fans de Alfred, chavales preadolescentes que se identifican con la figura del rarito, del diferente, del especial (dicho con todo el respeto). Poco más tiene que ofrecer la serie fuera de ese nicho de mercado, pero, ojo, para ese es idónea.

Creada por Albert Espinosa, padre de Pulseras rojas (aunque aquí no está acompañado por Pau Freixas y eso es muy relevante), Los espabilados comparte muchos elementos con aquella, desde su obsesión por los grupos heterogéneos de jóvenes (que te puede causar cierto rechazo si, como yo, te cansa un poco la mitomanía de Los Goonies y similares), el viaje de la oscuridad hacia lo luminoso, las moralejas de libros de autoayuda y, digámoslo también, la misoginia poco encubierta respecto a los personajes femeninos.

Encontramos, sin embargo, también diferencias en ambos productos. Confieso que a mí Pulseras rojas me entró muy bien, pero con el tiempo le fui encontrando los defectos, muchos de ellos aquí presentes. Pero la ficción de TV3 era, al menos, más concisa y directa a la hora de plantear su misión, mientras que la de Movistar+ resulta dispersa, quizás con la intención de sentirse compleja. En el primer episodio, una de las trabajadoras del centro de salud mental donde están internados los chavales verbaliza que no definen a los protagonistas por una única palabra, la de su transtorno mental. No nos dicen si uno es bulímico u otra depresiva, aunque lo intuyamos, buscando que sus personajes estén llenos de matices, pero no llegan a fraguar tal cosa. Lo de no definirles por una palabra se queda, más bien, en intentar huir donde el propio referente de Pulseras rojas donde uno era “el guapo”, otro “el líder” y la chica era simplemente “la chica”.

Tiremos de ese hilo. Tres chicos protagonistas y una chica, a los que sumamos los dos doctores y el detective que tiene que buscarlos cuando se fugan. Salvo la cuidadora y la madre, no hay más representación femenina en la serie hasta que aparezca la novia del detective. Todas ellas, salva Guada, la chica en silla de ruedas, son mujeres con un rol determinado por la relación con varones, mientras que la joven está puesta no sabemos si como nota de color o simplemente como interés romático de los otros, que algo por ahí se apunta. Y resulta frustrante encontrarse otra vez el Principio de la Pitufina en una serie de Movistar+ (la anterior era Antidisturbios, pero Nasdrovia también sufría este mal) o que no pase algo tan básico como el Test de Bechdel.

Más allá de esto, da la sensación de que la serie no sabe hacia dónde ir -curioso siendo una serie, precisamente, sobre un viaje- y también que han recortado el metraje estándar de 45 minutos a media hora para que no se haga plomiza -lo cual, la verdad, se agradece-. Con una fotografía que abusa de azules, diálogos artificiales y una trama lenta, que no compensa con la construcción profunda porque cuesta diferencial a los dos gallitos del corral, el visionado, aunque ligero, nos hace plantearnos qué nos están queriendo contar. No hay una tesis clara, ni sabemos cuál es la postura que quiere defender respecto a las enfermedades mentales, más allá de presentar a los psiquiatras como villanos de cómic.

Que apueste por adolescentes reales (si lo piensas, es muy loco pensar que estos tienen edades no tan lejanas a los “adolescentes” de otras producciones) es un plus, pero no sostiene toda una producción cuyo mayor arma son los soliloquios constantes de los protagonistas. La colección de frases pseudoprofundas de las que hace gala Los espabilados está bien para llenar la carpeta de los adolescentes atormentados (y no me cabe duda de que funcionará genial para ese público), pero si eres adulto, y no un chaval emo, probablemente solo consigan que arquees las cejas.

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