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Crítica: 'Los hijos de Sam. Un descenso a los infiernos' desplaza el foco del criminal a la investigación paralela - Fuera de Series
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Crítica: ‘Los hijos de Sam. Un descenso a los infiernos’ desplaza el foco del criminal a la investigación paralela

La serie repasa la carrera, y obsesión, de Maury Terry con el caso y su teoría de la conspiración

(Fuente: Netflix)

Esta crítica se ha escrito tras ver la temporada completa de ‘Los hijos de Sam. Un descenso a los infierno’ y no contiene spoilers.

El caso del hijo de Sam (apodo tras el que se encuentra David Berkowitz, quien también es conocido como el asesino del calibre 44) es de esos crímenes que levantan mucha habladuría. Aparentemente, Berkowitz cometió diversos asesinatos durante los años 1976 y 1977 por los que fue condenado a seis cadenas perpetuas. Pese a que los crímenes fueron sorprendentes, aleatorios y sembraron el pánico esos años, lo cierto es que lo que hace que continúe siendo tan conocido es, sobre todo, el halo místico que envuelve su historia. Eso y el papel que jugó en el caso a lo largo del tiempo Maury Terry, que es el verdadero protagonista de Los hijos de Sam. Un descenso a los infiernos, la serie documental de cuatro episodios que estrenó Netflix hace unos días.

Si bien se podría haber expuesto una narración muy parecida centrada en el asesino, este título opta por un cambio de enfoque mucho más interesante, que no es otro que el de la persona que se obsesionó con el expediente hasta el punto de dedicarle toda su vida. Maury Terry era un periodista que durante el juicio de David Berkowitz vio algo más, una serie de indicios que llevaban a pensar que los crímenes no tenían un solo autor. La investigación personal que hizo le acabaría llevando a relacionar el caso con Manson, la Iglesia del Proceso del Juicio Final y el satanismo, un titular mucho más llamativo que el de un solo asesino, pero de difícil justificación (al menos en su totalidad).

Como ya mostró El asesino sin rostro hace poco menos de un año, la obsesión que se puede llegar a alcanzar cuando se opta por investigar historias como estas es infinita y puede convertirse en una bola que te coma, con independencia de su veracidad. Descubrir este camino y repasar los detalles del estudio de Terry acaba resultando un relato tan o más interesante de lo que habría sido hablar únicamente de Berkowitz. Y es que en este caso el contexto de los años setenta y ochenta, el auge de la cocaína o el miedo al satanismo aportan, cuando menos, color a una historia que se complica momento a momento.

De hecho, la mayor pega de Los hijos de Sam —en especial el tercer episodio— es que se convierte en un mapa difícil de seguir donde se acumulan nombres, lugares y relaciones. Aunque quizás parta de la intención de mostrar el ovillo en el que evolucionó el caso, resulta algo excesivo y gratuito ya que con esa información no se hace mucho más que exponerla; se podría haber explicado lo mismo de una forma más sencilla y clara, como ya hemos visto en múltiples producciones para mostrar detalles de los que es importante entender cómo se ordenan, pero no tanto su contenido específico. Pero aunque se haga un poco pesado, es cierto que ese capítulo sirve para hacernos idea de la magnitud del entramado propuesto por Terry, así como del poco caso que le hicieron las autoridades.

A pesar de que la policía no hiciera caso al trabajo que Terry y su equipo fueron realizando durante décadas, el repaso de los detalles, las personas implicadas en la indagación y el perfil del propio periodista está hecho con suficiente cuidado para que el espectador pueda contemplar el proceso desde un punto de vista externo y llegar a su propia conclusión. Ese es el juego en que Los hijos de Sam consigue meternos, donde queremos saber más conforme estamos viendo la serie para poder crearnos nuestra propia opinión. El resultado es un documental de cuatro episodios que consigue no adormilar al público y mostrar uno de esos casos en donde la hipótesis, y hasta la leyenda, se mezcla con lo probado.

‘Los hijos de Sam. Un descenso a los infierno’ está disponible en Netflix.

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