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Crítica: ‘Lupin’ recupera al mito literario de una forma muy entretenida

Netflix nos trae al ladrón de guante blanco en el París actual

Omar Sy protagoniza la serie ‘Lupin’. (Fuente: Netflix)

Esta crítica se ha escrito después de ver los tres primeros episodios de la primera parte de ‘Lupin’ y no contiene spoilers.

La figura de Arsenio Lupin (originariamente obra de Maurice Leblanc) ha sido versionada y citada en múltiples ocasiones. Lupin representa a ese ladrón elegante, que roba sin violencia y arrebata grandes joyas que solo posee la más alta sociedad. Y Netflix, ahora, ha decidido recuperarlo en una serie que lleva su nombre (y que se ha estrenado hoy mismo), con un giro que le permite flexibilidad creativa.

Nuestro protagonista, en realidad, solo emula al ladrón de guante blanco, aunque comparte con él mucho de lo que nos enamoró en el papel: es polifacético, se sabe disfrazar, tiene un nivel de conocimiento y oficio muy altos, resulta simpático y la motivación de sus crímenes son hasta cierto punto comprensibles. La del Lupin de Netflix es la historia de una venganza, de un hijo llegado del Senegal con su padre que quedó huérfano por culpa de una acusación de robo que nunca fue real. El objeto robado: un collar cuyo dueño es la típica caricatura de rico que trata mal a cualquiera que considere que está bajo él y que consigue ser odiado en unas pocas pinceladas.

A partir de ese robo y de lo que marcará a nuestro personaje, ligado con un ejemplar de las aventuras de Lupin que le regalaron de niño, se ve inmerso en una réplica de la vida del histórico ladrón en busca de esclarecer el robo y de limpiar el nombre de su familia. Así pues, la inspiración en el Lupin original es la excusa para recuperar la imagen de los criminales que nos han regalado las novelas de ladrones y detectives de múltiples autores. Y lo hace llevándolo a un París actual, explotando bastante bien el lugar y que le acaba dando un empaque elegante de gran ciudad europea que funciona bien en 2021, pero que con unas pequeñas modificaciones podría haber sido llevado a principios del siglo XX.

(Fuente: Netflix)

Debido a que lo que define a la serie son una serie de lugares comunes, corre el riesgo de ser correcta pero sin mucha más gracia. Y aunque no es el título del año (si es que eso puede pasar en enero), sí que logra tener suficiente personalidad como para convertirse en un producto entretenido que aporta cierta felicidad. Sabes (o esperas) que no ocurran grandes dramas que rompan el corazón y vienes dispuesta a pasar un rato entretenido y entre algodones. No os dejéis confundir por las grandes críticas de series que cambian las vidas; ellas son importantes, pero no únicas, se necesitan lugares felices con cierta previsibilidad y sencillos de disfrutar. Este es uno de esos casos.

Netflix nos trae la primera temporada en dos paquetes, como ya nos hemos acostumbrado con títulos como Lucifer, así que ahora solo podremos disfrutar de sus cinco primeros episodios. Y es una lástima aunque, por otro lado, quizás logre alargar la vida de un título que sin grandes fuegos artificiales es un placer. Su protagonista tiene gancho y las situaciones en las que se mete para salirse con la suya cuentan con esa simplicidad de las historias de Simenon o Conan Doyle que hace que sea divertido seguirlas, pero también son un ejercicio de confianza. Para que ciertas maniobras sean posibles hay que plantearse que todo saldrá con la sincronicidad en que ha sido pensado pero, una vez aceptas esa premisa, este tipo de historias van sobre ruedas.

La primera parte de ‘Lupin’ está disponible en Netflix.

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