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Crítica: ‘Marcella’ vuelve en la temporada 3 con la locura como límite

Una Anna Friel desbocada y errática centra los nuevos episodios de la serie de Netflix

(Fuente: Netflix)

Esta crítica se ha escrito tras ver la temporada completa y contiene spoilers.

La segunda temporada de Marcella acabó en un punto delicado, complejo y con un abanico de posibilidades limitado de cara a la tercera. La espiral de destrucción en la que se sumió el personaje interpretado por Anna Friel presagiaba una conclusión donde la ruptura con todo su mundo se antojaba como un punto y aparte; al fin y al cabo, la muerte, como elemento sustancial de la mascarada del último capítulo, no invitaba a retomar su vida. ¿Qué futuro le deparaba Marcella a Marcella?

Han pasado 18 meses y estamos en Belfast. Marcella Backland es ahora Keira Devlin, ha cambiado su estilo de ropa, se ha teñido de rubia y sale con el contable de una de las grandes familias mafiosas de Irlanda del Norte: los Maguire. La matriarca de la familia, Katherine (Amanda Burton), dirige con mano firme un imperio que comparte de manera arbitraria con sus tres hijos: Finn (Aaron McCusker), el impetuoso, de gatillo fácil y eterno aspirante a jefe; Rory (Michael Colgan), abogado de la familia, con un TOC con la limpieza y que apenas sale de su habitación, y Stacy (Kelly Cough), ajena al negocio familiar, embarazada y casada con Bobby (Martin McCann), cuñadísimo con pocas luces y mediatizado por la alargadísima sombra de la familia.

Marcella asiste con su pareja, el contable, a una fiesta que da la familia Maguire. Todo transcurre con normalidad hasta que, de pronto, el contable es asesinado a sangre fría en el jardín de un tiro en la cabeza. Es el pago por robar a la mafia. Marcella se va a su casa, recoge sus cosas, se muda a la residencia Maguire y pasa esa noche con Finn. Tras esta sucesión de hechos, cuando menos chocantes, la historia comienza a desplegarse, las piezas adquieren forma y la narración se asienta para presentarnos la trama.

Frank Young (Hugo Speer) ha reclutado a Marcella para introducirse en el seno de los Maguire. Bajo una identidad nueva como Keira May Levin, y después de diez meses de trabajo en la sombra, Marcella ha conseguido seducir a Finn y, paulatinamente, labrarse una personalidad que encaja con la familia. Keira Levin es una ex policía apartada del cuerpo por un problema de drogas, con un pasado relacionado con Belfast y cuya trayectoria desde entonces ha transitado por la delincuencia con acierto. A pesar de las reticencias de Katherine, la pasión de Finn, el constante juego de flirteos con Rory y la relación que fragua con Stacy permiten a Keira elaborar un plan para desbaratar desde dentro las actividades de los Maguire.

(Fuente: ITV)

La familia mantiene el clásico perfil de la mafia. Donantes y benefactores de las clases más desfavorecidas de Belfast, sus ingresos provienen del tráfico de drogas, armas e inmigrantes ilegales. Gracias a esa doble moral, la población y parte de la política desvían la mirada sobre sus negocios; en su nómina hay jueces, policías y funcionarios. Sin embargo, un hecho detona la tranquilidad de los Maguire. Bobby, en un viaje de negocios en Londres, tiene un altercado con un hombre en un club de copas. Su afán por ser quien no puede ser convierte la trifulca en un asesinato; resulta que el finado es el hijo del Ministro de Exteriores. Londres, después de las primeras pesquisas, descubre que el origen está en Belfast y envía al inspector Rav Sangha (Ray Panthaki), antiguo compañero de Marcella.

Los ocho capítulos de esta tercera temporada nos desvelan no sólo una historia diferente a las dos temporadas anteriores, sino a una Marcella errática desde el primer minuto. Si en Londres su estabilidad tenía en su familia, y fundamentalmente en sus hijos, un ancla donde depositar sus prioridades y sensatez, en Belfast, Keira y Marcella desatan una pugna donde los conflictos los gana una o la otra, indistintamente. La construcción de Keira no está exenta de recuerdos (en escenas realmente duras y descarnadas), ni de su obligación como policía encubierta, ni del devaneo a la hora de dirimir lealtades, pero esa misma construcción también la surte de adicciones, de apagones emocionales y una constante tentación.

Esa abstracción le propone una pregunta tácita a lo largo de su ascenso en el seno de los Maguire. ¿Le gustará a Marcella ser Keira por encima de Marcella? La violencia desatada a medida que avanza la historia salpica a todos, incluida a ella, porque la soledad que experimenta no se ciñe solamente a su día a día como agente encubierta en la casa de la familia, lo que le obliga a tomar decisiones drásticas, si no a la eterna sensación de soledad que ya arrastraba desde su época en Londres y que no se sacude. Duerme acompañada, come acompañada, vive acompañada. Pero está sola, solemnemente sola.

La sucesión de subtramas suponen un incentivo añadido. Si bien es cierto que la trama principal gira en torno a Marcella y su infiltración, el tráfico de drogas y personas, los verdaderos motivos de Young, las disputas entre clanes mafiosos, los conflictos entre los hijos de la familia o la llegada a la familia de la hija de Stacy consiguen que los ocho capítulos sean digeridos como si nada. ¿Logrará redimirse Marcella gracias a Keira o será Keira quien destierre para siempre a Marcella?

‘Marcella’ está disponible en Netflix.

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