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Crítica: ‘Merlí: Sapere Aude’ es más para recién llegados que para fans

El ‘spin-off’ de Movistar+ del éxito internacional de TV3 implica una renovación profunda del espacio, los personajes y el tono

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Pol es el protagonista de la nueva serie. (Fuente: Movistar+)

Esta crítica se ha escrito tras ver la primera temporada completa de ‘Merlí: Sapere Aude’ y no contiene spoilers.

Merlí nunca fue una serie de detalles. El torrente salido de Francesc Orella arrastraba el resto del ecosistema hacia un sitio concreto, compacto e irreal. Sobrenatural, si se quiere. Ya lo decían algunas críticas absurdas a la serie: “Así no son las clases de instituto”. Claro que no, porque la serie de Héctor Lozano para TV3 no era un documental: era un refugio, un oasis desde donde proyectarse hacia un sitio mejor. No solo hacia la vida que nos gustaría tener; sino la que nos gustaría (a las buenas personas, al menos) que todo el mundo tuviera.

El spin-off con el que Movistar+ ha recuperado la historia del profesor de filosofía, en cambio, sí lo es. El hilo del que la serie tira no es el propio docente (fallecido al final de Merlí), sino su alumno estrella, Pol Rubio, al que da vida Carlos Cuevas; y lo que presenta no es un búnker de bondad, sino una realidad claroscura en la que Lozano suelta a sus personajes. En ella, por consiguiente, hay mucho de cotidianidad y el discurso del creador, que antes lo era todo, ahora se cristaliza en pequeñas dosis.

La conciencia de clase, uno de los temas vertebrales de la temporada, no funciona tanto cuando se la intenta encajar, sobredimensionada, en los primeros episodios como sí lo hace a medida que va filtrándose por las angosturas de la historia. Eso plantea unas disonancias que, si continuasen durante todo el metraje, afearían la temporada. Una letanía socialista en boca de Pol en los primeros minutos no cala tanto como encontrar, casi oculto sobre su mesilla de noche, un vaso de zumo de naranja matutino que ya se había significado antes como humilde ascensor social.

La serie trae tanto personajes antiguos como nuevas incorporaciones. (Fuente: Movistar+)

Al igual que la serie madre, Sapere Aude está perfectamente conectada con el presente de los adolescentes, y las referencias fluctúan entre Trump y Tinder. Aunque el luminoso artilugio de la filosofía no tira de esta trama como tiraba de la de Francesc Orella y sus alumnos (aquí no hay una noción por episodio, sino algo más flotante), el propósito de generar librepensadores sigue ahí, escondido tras los vaivenes del melodrama: las protestas estudiantiles y los garitos gays les han comido el terreno a Epicuro y Judith Butler. El problema es que parte del gancho de la propuesta original se disuelve en esa transición.

Algunos de los sintagmas que definen esta temporada ya habían comparecido en Merlí, como los estragos que hace la muerte en el círculo cercano (que es, al tiempo, admonición y disparador de la misma manera que lo fue cuando Pol aún estaba en la secundaria). Otros, sin embargo, engrosan un léxico a cuya renovación contribuye más, a efectos prácticos, la incorporación de Menna Fité como realizador (en sustitución de Eduard Fernández) que el cambio de entorno y plantel.

“Bajo los adoquines…”

La playa, por ejemplo, aunque sale apenas un par de veces, no se incorpora únicamente al alfabeto estético de la franquicia Merlí, sino también a su lenguaje político: es un sarpullido de la expansión vital que experimentan algunos de sus personajes (como Pol, Bruno y otros remanentes de la serie original) y también de la añoranza del hogar que sufren figuras como Minerva, el personaje de la recién incorporada Azul Fernández.

Azul Fernández y Pablo Capuz se suman al reparto. (Fuente: Movistar+)

El trabajo de la porteña, sumado al de Pablo Capuz como Rai y Pere Vallribera como Biel, adereza Sapere Aude, distanciándola de la serie madre. La novedad, a fin de cuentas, es el gran motivo de esta serie: la fabulación de los límites en otro espacio, otros personajes y otro tono. Romper con la continuidad de las tres temporadas de Merlí era el paso lógico (ya que esta es una serie distinta y no una cuarta entrega), pero también una mutilación traumática y cuesta discernir si la historia llega a cauterizar la herida y amortizar ese cambio de estrategia. Algunos espectadores seguirán ahí por el cariño a los personajes, pero otros notarán ese gran cambio. Puede que la serie apele más a los recién llegados que a los adeptos heredados, como un servidor, y que esté hecha precisamente para eso. Y eso es progresismo. Nada que objetar.

‘Merlí: Sapere Aude’ está disponible completa bajo demanda en Movistar+.

Crítica: ‘Merlí: Sapere Aude’ es un lavado de cara de dentro afuera
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