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Crítica: ‘Merlí: Sapere Aude’ pinta su temporada 2 con la luz y la sombra de las despedidas

(Fuente: María Heras/Movistar+)

Esta crítica se ha escrito tras ver los cuatro primeros episodios de la temporada 2 de ‘Merlí: Sapere Aude’ y contiene spoilers.

Banderas a media asta, porque hoy empieza el adiós. Es el principio del fin de Merlí, la ya emblemática serie de TV3 que ha sobrevivido en el cuerpo de su spin-off, Merlí: Sapere Aude, emitido en Movistar+. La segunda y última temporada de este esqueje, que se trajo al mundo de la producción bajo demanda a Pol Rubio, el personaje de Carlos Cuevas, se estrena hoy en la plataforma con dos episodios lapidarios, y se lanzará otro par semanal hasta completar las ocho piezas. Pese al luto por el spin-off y al futuro incierto de la franquicia, Héctor Lozano, su creador, no deja que se escape de su dramedia filosófica ni una pizca de esperanza.

Él y Menna Fité, el director que heredara la jamuga de Eduard Cortés, que había rodado la serie madre, pintan esta segunda entrega con la luz y la sombra de las despedidas. Ambos han insistido en varias entrevistas en que esta, pese a ser la temporada más dura, también es la más optimista. La insigne emotividad de la franquicia, que, pese a erigirse en torno a la disciplina de la filosofía y su racionalidad extrema, se sigue localizando hábilmente en un punto intermedio entre lo romántico y lo cursi, está presente. Una sensibilidad tan particular —y tan autoral, diría— como la de Merlí: Sapere Aude no podía no comparecer en el ocaso de la serie, máxime cuando es precisamente esa mirada ilusionante la que hace honesto el acaramelamiento.

La dureza mencionada se concentra en el conflicto que sacude a Pol más que ningún otro en esta segunda temporada: el VIH. Como se desvela al final del primer capítulo, el protagonista descubre que ha contraído la infección tras tener sexo con Efra, uno de los muy pocos personajes de la serie original que aún se mantienen a flote en el spin-off. La propuesta de Lozano sigue la estela de otras ficciones que se han aproximado al asunto, como la reciente It’s a Sin, pero su visión y marco temporal son otros. La temporada plantea observar el virus desde la óptica presente, poniendo sobre la mesa los estigmas que aún lo rodean —y que a menudo se alimentan desde las propias series— e intentando retratar la situación de quienes lo portan hoy, muy alejada de las oscuridades de los noventa.

Además, la noticia, dolorosa para Pol, nos trae a cambio a Eusebio Poncela, la estrella de La ley del deseo, que se incorpora al elenco de esta temporada. Poncela interpreta a Dino, el dueño del Satanassa, el bar de luces rojas y sexualidades libres donde el protagonista se emplea. El actor veterano, además de cumplir el papel de mentor dionisiaco del joven al tiempo que la Bolaño de María Pujalte hace las veces de guía apolínea, trae consigo uno de esos espacios burbuja que tan bien encajan con el estilo de Fité. El director, que ya había trabajado en la Merlí de TV3, mantiene la disciplina de partido establecida hace años por Cortés: habitar Barcelona sin promocionarla ni convertirla en un souvenir; sin embargo, su estilo gana enteros en entornos minúsculos, casi oníricos, guarecidos del mundo real, como este Satanassa.

El viaje iniciático de Pol afronta su recta final con flecos como las ausencias de ciertos personajes, algunas resueltas de forma más orgánica que otras; la figura de Axel, que se presenta abruptamente para luego encarrilarse en la normalidad diegética, o la pomposidad de unos diálogos quizá demasiado afectados para quien no sintonice con la aserción, repetida desde los tiempos de Merlí a secas, de que las series de Héctor Lozano no son realistas, sino aspiracionales. Incluso los puntos más crudos del trayecto —y en esta segunda temporada los hay— los protagonizan personajes esforzados por ser las mejores versiones de sí mismos. Así, Merlí: Sapere Aude se despide con el principal tesoro que le legara la voluntad inquebrantable del maestro del que toma el nombre: un empeño tozudo y juvenil de iluminar intelectual y sentimentalmente a su público. De calentar el cerebro y el corazón.

La temporada 2 de ‘Merlí: Sapere Aude’ está disponible en Movistar+-

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