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Crítica: ‘Muerte en Salisbury’ tiene un caso real de interés, pero le falta fuerza

La serie de la BBC narra el envenenamiento de un espía ruso y su hija durante 2018

(Fuente: Movistar+)

Esta crítica se ha escrito tras ver los dos primeros episodios de ‘Muerte en Salisbury’ y no contiene spoilers.

En 2018 saltó la alarma en una ciudad del Reino Unido cuando dos ciudadanos de origen ruso aparecieron con síntomas de intoxicación de algún tipo. Los análisis descubrirían que habían sido envenenados con un gas nervioso llamado novichok y que se desconocía la fuente del envenenamiento, las causas o el impacto del atentado. De eso nos habla Muerte en Salisbury, la última producción británica que nos trae Movistar+ y que se suma a una larga lista de series basadas en hechos reales.

En el caso, la situación se aclaró un poco cuando se determinó que los ciudadanos envenenados eran espías del MI6. Parecía que había sido un ataque dirigido a ellos, pero el pánico cundió cuando no se consiguió reconocer el momento y la forma en el que se habían contaminado. Así, la serie narra los primeros días de crisis desde el punto de vista de Tracy Daszkiewicz (Anne-Marie Duff), una agente de prevención de riesgos que se encargará, sobre todo, de evaluar el peligro que sufrió la ciudad.

La producción de BBC evita los juicios de valor y su arranque se limita a plasmar la cronología de los hechos y la paulatina alarma que fue saltando por una población que no recibía apenas datos concretos (tampoco es que estuvieran en condición de ocultar). En ese sentido es un título sobrio y cuya voz recuerda a Chernobyl, aunque la distancia que tiene con la de HBO es bastante grande. De hecho, sería excesivamente templada si no fuera por su protagonista, sobre la que se deposita el pulso dramático mostrándose cómo es una situación que supera las previsiones de cualquier cuerpo. Pese a todo, lo hace de una forma demasiado tímida y se echa de meons un poco más de emoción.

(Fuente: IMDB)

En ese sentido, la parte en la que desmoraliza y preocupa al espectador se apoya únicamente en los hechos, en la observación de informes del momento donde se mostraba el impacto de una sustancia como esa y la dificultad de su localización. De alguna forma, el que sea el propio espectador el que ata cabos es aún más desesperante; no es el sensacionalismo lo que hace que cunda tu pánico, aunque se podría haber estirado esa maniobra para un resultado más tenso.

Conozcamos o no los hechos sobre el ataque y su conclusión, no importa a la hora de acercarse a Muerte en Salisbury. Los detalles que son reflejados y el ritmo para exponerlos hace que sea igualmente interesante y que se descubramos nuevos datos respecto a lo que salió en su día en prensa. Es interesante y entretenida, pese a que, por ejemplo, pasa de puntillas sobre el perfil de espías de los afectados. Si lo que se busca es una serie sobre tensiones gubernamentales, consecuencias diplomáticas o pormenores del espionaje este no es el mejor título: al menos en su primera mitad, prácticamente se evita el tema. Posiblemente si se metiese en ello de lleno estaríamos ante otra serie, igual de interesante (o incluso más) pero con diferentes intenciones.

A falta de ver cómo se cierra la serie (y honestamente de eso depende mucha de la impresión que deje) lo cierto es que Muerte en Salisbury se encuentra en ese rango en el que hay interés, pero falta dejar huella. Si bien es correcta, está bien hecha, parece verosímil y consigue transmitir, le faltan esos detalles finales que hacen que una propuesta como esta permanezca gran tiempo en la memoria. Se queda a las puertas de la verdadera emoción.

‘Muerte en Salisbury’ está disponible en Movistar+.

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