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Crítica: ‘Nasdrovia’, comedia de caída entre ‘Fleabag’, lo griego y los Coen

Movistar+ factura con la perspectiva suficiente un pastiche irresistible del que tiran Leonor Watling y Hugo Silva

Hugo Silva, Luis Bermejo y Leonor Watling, en ‘Nasdrovia’. (Fuente: Movistar+)

Esta crítica se ha escrito tras ver los dos primeros episodios en el FesTVal. No contiene spoilers.

La novela El hombre que odiaba a Paulo Coelho, de Sergio Sarria, retrata la crisis de los 40 de una miserable pareja de abogados que esconde su culpa tras una rebuscada equidistancia. Esa degradación (que, no obstante, entiende de asimetrías de poder entre él y ella, divorciados y defensores de poderosos y corruptos) la establece el libro, de hecho, a golpe de binomio: “Estamos por encima del bien y del mal. No somos ni buenos ni malos, ni de izquierdas ni de derechas, ni conservadores ni contestatarios, tan solo somos dos personas que se han acostumbrado a vivir bien”. El relato de su caída, resabiado, informal y lleno de sarcasmo, lo ha convertido Movistar+ en Nasdrovia, su nueva serie original.

Para redirigir la inercia del tomo hacia el lenguaje audiovisual, la plataforma tiene la receta perfecta: pinta a los protagonistas las caras de Leonor Watling y Hugo Silva, recluta a grandes nombres de la comedia nacional tras los guiones y aderézalo todo con un Marc Vigil en interminable estado de gracia. El resultado es una adaptación de inspiración muy libre, pero con la perspectiva suficiente para convertir algunas pequeñas correcciones en verdaderos aciertos. Ocurre con el dúo de abogados, que se intercambian los cinismos y las dependencias para dejar a ella, Edurne (Watling), el oficio privilegiado de narradora que en la novela ostentaba él, Julián (Silva).

De aquí emana una semejante indeseada: Fleabag. Como la serie de BBC, Nasdrovia también se nutre de provocadoras rupturas de la cuarta pared para dejar hueco a las acotaciones, chascarrillos e ironías de su protagonista. Pero la comparación se desactiva en cuanto se comprueba que el mecanismo, en manos de Marc Vigil (El Ministerio del Tiempo), se pone en práctica con tanta limpieza que el referente deja de ser la irreverente ficción de Phoebe Waller-Bridge para devenir un ente abstracto: el trabajo bien hecho. El horizonte de la dirección majestuosa.

Otros referentes de la serie, estos sí, buscados, son Barry y, en mayor medida, Fargo. El parentesco de la serie de Movistar+ con la historia de los Coen (que fue película en 1996 antes de convertirse en serie en 2014 a cargo de Noah Hawley) no es el que viene ligado a la representación contemporánea de espacios míticos, como los asociados al género western y, a través de este, a la idiosincrasia nacional, sino una consanguinidad que tiene que ver con lo incómodo, la comedia negra llevada al paroxismo y una maquiavélica diversión encontrada en la violencia.

Así arranca Nasdrovia: sus protagonistas, hastiados del éxito conocido, montan un restaurante ruso que los llevará a entablar funestas relaciones con la mafia del remoto país.

El cuento, que firman unos guionistas intrépidos (¿hay algo que no haya escrito Miguel Esteban?) en busca del nuevo gran hallazgo del humor sin humor, es sórdido, compacto y atractivo. En sus protagonistas, vástagos caprichosos de la hibris griega y tan elegantemente cercanos al estereotipo como los soviéticos que los acosan, guarda la serie su alma. Watling está finísima, a la altura de un Hugo Silva que ha encontrado una hendidura en la que encaja como nadie. El Julián de Nasdrovia es, en el mejor de los sentidos, una extensión de ese Pacino de El Ministerio del Tiempo que esperemos que el actor nunca abandone del todo.

La serie de Movistar+ es, en definitiva, un pastiche. Una mezcla de ingredientes conocidos que bailan sin perder el equilibrio sobre una estética de la que el material original, casado con el desencanto culturófago de la contemporaneidad, y el realizador, obsesionado con los fastuosos procedimientos clásicos y el cosmopolitismo moderno, tiran en direcciones opuestas. El resultado, irresistible, es coherente con nuestros tiempos, innegable progenie de lo que más odia. Otra vez la novela: “Y en esta versión remasterizada de bon vivant nuestra moral emana de una religión politeísta donde los dioses a los que veneramos son la estética, la exclusividad, la elegancia y la sofisticación”.

‘Nasdrovia’ se estrena en Movistar+ el 6 de noviembre.

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