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Crítica: 'Nuevo sabor a cereza', un homenaje noventero en forma de thriller de terror entretenido - Fuera de Series
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Crítica: ‘Nuevo sabor a cereza’, un homenaje noventero en forma de thriller de terror entretenido

La serie de terror de Netflix se mira en el cine de los noventa para construir una exploración de la corrupción personal

(Fuente: Netflix)

Esta crítica se ha escrito después de ver los cuatro primeros episodios y no contiene spoilers

Al igual que al inicio del film de 1997 Carretera perdida, la primera imagen que nos asalta viendo Nuevo sabor a cereza es la de los faros de un vehículo deslizarse sobre el asfalto en medio de la noche. Como en el seminal largometraje de David Lynch, se trata de nuestra protagonista huyendo de algo en medio de la noche: en el film. literalmente; en la serie, de un pasado que tendremos que descubrir. Esta similitud entre las dos obras no es baladí, da cuenta del terreno estético y moral en el que se mueve la serie de terror creada por Lenore Zion y Nick Antosca, responsable de la antología de terror Channel Zero.

Nuevo sabor a cereza nos traslada la historia de Lisa Nova (Rosa Salazar), una cineasta novel que llega al Los Ángeles de los noventa en medio de la noche con un objetivo: reunirse con el oscarizado productor Lou Burke (Eric Lange), que ha visto la cinta de su película amateur y quiere convertirla en un largometraje. Juntos empezarán a trabajar, pero su relación se tornará tóxica y Lisa perderá el control sobre su película. Entonces es cuando conocerá a Boro (Catherine Keener) un enigmático personaje que le ofrece su ayuda: sabe cómo hacer daño a la gente. Lisa Nova lo desea más que nada en el mundo.

Con una puesta en escena que homenajea el cine de terror y surrealista noventero, no se puede decir que Nuevo sabor a cereza sea una serie con las que vas a morirte de miedo. Sería mucho más preciso decir que se trata de una ficción del género de horror, utiliza todos los estilemas y el horizonte estético del terror para dotar de un trasfondo moral una historia sobre la codicia, la venganza y las raíces venenosas que extienden en el Hollywood lujurioso de finales del siglo XX, cuando esta industria vivía una última década de lúbrico y malsano esplendor.

La imaginería maldita con la que el oscuro mundo de Boro se construye en torno a una tradición fantástica basada en la santería y la brujería que no nos deja de recordar la serie B de videoclub o a su digestión en forma pastiche presente en las obras de Tim Burton. Esta cuidada estética noventera llena de mal fario le da a Nuevo sabor a cereza un aura que la diferencia de otras propuestas, si bien su narrativa no es para nada innovadora ni destacará por dejarte pegado al sillón tras un giro de la narrativa inimaginable.

En este sentido, Nuevo sabor a cereza triunfa cuando recrea una realidad estética caída en el olvido, adoptando a su vez la forma narrativa de una película amateur que no necesita de grandes montajes escénicos o excesivas localizaciones para construir una historia de corrupción identitaria en un mundo amoral. El vehículo: un thriller psicológico ligero que entretiene en las derivas surrealistas de la venganza sobrenatural que acomete Lisa Nova. Pero por otro lado, la serie en ocasiones acusa su eclecticismo yuxtaponiendo pasajes iniciáticas llenos de terror con recesos humorísticos de mal gusto que no encajan con el tono general. De cualquier forma, la propuesta es suficientemente entrenida como para ocuparte todo un fin de semana o, si eres de los de esperar para el momento adecuado, para que te ocupe el próximo puente de Todos los Santos.

‘Nuevo sabor a cereza’ está disponible en Netflix.

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