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Crítica: ‘Por trece razones’ no necesitaba una segunda temporada - Fuera de Series
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Crítica: ‘Por trece razones’ no necesitaba una segunda temporada

La segunda entrega del éxito juvenil de Netflix aporta poco a su primera temporada

Clay no puede dejar de pensar en Hannah Baker. (Fuente: Beth Dubber/Netflix)

Cuando una serie con una historia más o menos cerrada se convierte en un gran éxito, la tentación de continuarla es siempre demasiado fuerte. Para Netflix, Por trece razones fue uno enorme fenómeno el año pasado y, probablemente, también uno inesperado. La historia de por qué Hannah Baker se suicidó, contada por ella misma a través de unas cintas de casete que envía a trece personas clave en su decisión, consiguió generar adhesiones y críticas intensas y apasionadas.

Para unos, la serie era una mirada sin concesiones a lo cruel y despiadada que puede ser la cultura misógina imperante en los institutos; para otros, era una glamourización del suicidio adolescente, algo así como la versión del siglo XXI de Las penas del joven Werther. Diversos centros de Estados Unidos enviaron cartas a los padres de sus alumnos pidiéndoles que no dejaran a sus hijos verla y la polémica contribuyó a elevar el ruido mediático alrededor de la serie.

Netflix no iba a dejar pasar la oportunidad de dar más Por trece razones a sus fans (y de atraer a los usuarios que, en su momento, no se animaran a verla), así que el viernes llega una segunda temporada que, realmente, es bastante innecesaria.

La demanda de los Baker contra Liberty High va a juicio en la segunda temporada. (Fuente: Beth Dubber/Netflix).

Lo es no sólo porque la primera cerrara la historia de una manera satisfactoria, sino porque la trama principal sobre la que se articulan los nuevos episodios resulta efectista. La madre de Hannah acaba demandando al instituto Liberty por permitir una cultura de acoso en sus instalaciones que terminó empujando a la joven a quitarse la vida, y es el juicio lo que impulsa la trama. Es verdad que no es más que un macguffin, una excusa para profundizar en lo que se vio en la primera temporada, pero despliega todos los peores tics de las historias de juicios.

En cada episodio vemos cómo testifica uno de los adolescentes a los que Hannah dedicó cada cara de los casetes y, en todos los casos, sus testimonios revelan secretos que pueden cambiar por completo el curso del juicio y de los que no teníamos ni idea. Ni nosotros, ni Clay Jensen, que continúa siendo el principal protagonista de la historia. Por trece razones apuesta por una mayor coralidad al dedicar tiempo también a los procesos de recuperación de Jessica y Alex, pero Clay es el centro alrededor del que gira la entrega. Y acaba resultando muy frustrante.

FDS Review #35 — Por Trece Razones
Presentado por Maria Santonja con Valentina Morillo y Maritxufueradeseries.com

¿Por qué? Porque no ha aprendido nada de la primera temporada. Para que el drama comtinúe, hace falta que Clay revierta a quien era al principio de la serie, al mismo tipo con buenas intenciones pero demasiado introvertido y demasiado metido en su cabeza como para darse cuenta de lo que está pasando a su alrededor. Ahora, es cierto, ha cambiado la introversión por una preocupación excesiva por el bienestar de Skye, su novia, a quien ya conocimos en la primera temporada y de la que ya nos contaron que, emocionalmente, es poco estable.

Pero esa preocupación de Clay no está dirigida hacia ella, sino hacia él mismo. Lo que le da miedo es que él no sea capaz de darse cuenta de que Skye puede estar atravesando una mala racha o que, si se da cuenta, no pueda hacer nada para evitar que cometa alguna estupidez. Toda su obsesión por protegerla, en realidad, es puro egocentrismo. Quiere ser un buen amigo, quiere ser su salvador, y no escucha ni se detiene a pensar en lo que ella quiere o en sus problemas. Clay sigue demasiado metido en su cabeza y mirándose demasiado al ombligo, aunque se le llene la boca proclamando que quiere que haya justicia para Hannah, o para Jessica. ¿Es lo que Hannah habría querido, o lo que Jessica quiere? ¿O es lo que Clay necesita para no sentirse un inútil?

Jessica todavía está afrontando las consecuencias emocionales de lo que le pasó en la primera temporada. (Fuente: Beth Dubber/Netflix).

Tener un protagonista que, por egoísmo, toma una decisión estúpida detrás de otra, y se niega a escuchar a nadie más que no sea él mismo, puede complicar el visionado de esta segunda temporada más que la atmósfera tóxica en el instituto. El retrato de Bryce Walker como villano es, de nuevo, de los aspectos más flojos de la serie (es el niño de papá rico acostumbrado a tomar lo que le apetezca y que se cree con derecho a hacer lo que quiera); el contraste con cómo presentaba, por ejemplo, Sweet/Vicious al chico que había violado a su protagonista es muy significativo: el drama de MTV intentaba presentarlo como una persona, no como un matón de caricatura.

Sin embargo, hay algunos personajes que salvan la vuelta de Por trece razones de ser una pérdida de tiempo. Alex y Jessica, por ejemplo, están en pleno proceso de asunción de que les han ocurrido cosas terribles y tienen que aprender a gestionar su rabia y su sensación de haber sido ultrajados. Alex, sobre todo, puede tener algunos comportamientos criticables, pero Por trece razones se ha molestado en desarrollarlo como personaje de tal modo que es comprensible que, a veces, explote como lo hace.

En el caso de Jessica, su trauma todavía está demasiado fresco (aunque la segunda temporada arranca con un salto temporal de varios meses) y no está preparada para contar de verdad todo lo que le pasó en aquella fiesta. No está preparada para dar el nombre de su violador y no sabe realmente cómo continuar con su vida cuando el juicio de Hannah la obliga a revivirlo todo. Intenta no ser más una víctima, pero no es fácil, y mucho menos cuando algunos de sus amigos se empeñan en afirmar que saben lo que necesita mejor que ella misma.

Zach, uno de los amigos deportistas de Bryce, también se ve beneficiado de esa profundización en los eventos de la primera temporada forzada por el juicio y, siendo justos, lo que sigue funcionando muy bien es la química entre Dylan Minnette y Katharine Langford (a la que la serie ha lanzado a participar en la película Con amor, Simon). Brian Yorkey, responsable de la adaptación de Por trece razones, toma prestado de su musical Casi normales que Clay vea a Hannah y hable con ella. De algún modo, Hannah representa no sólo que Clay sigue atascado en la culpa que le generó lo que escuchó en las casetes, sino también una parte de su conciencia que sabe que no está haciendo las cosas bien.

Aparte, sus conversaciones muestran uno de los aspectos más destacados de la temporada, y que parece un comentario directo sobre todas las críticas que se le hicieron a sus primeros capítulos. Unos cuantos personajes comentan lo importante que es hablar, no guardarse sentimientos que nos destrozan por dentro o experiencias que nos resultan abrumadoras. Comentarlas puede exorcizarlas, evitar que se gangrenen en nuestro interior y que puedan provocar tragedias que no se reducen sólo al suicidio de Hannah.

La incomunicación entre padres e hijos y entre amigos es uno de los grandes temas de la temporada y una crítica hacia los institutos y las asociaciones que pedían que los adolescentes no vieran Por trece razones. Liberty High prohíbe expresamente a sus alumnos hablar sobre lo que le ocurrió a Hannah y eso no mejora en absoluto la situación.

Ah, y no es que me haya olvidado de esas polaroids que han centrado la campaña publicitaria de la serie; es que son mucho menos importantes en la trama de lo que parece.

Las notas de Fuera de Series:

En Fuera de Series puntuamos nuestros análisis en una triple escala de 1 a 5, inspirada en la que usa Little White Lies, en función de lo deseosos que estábamos de ver la serie (“Antes”), lo que nos ha parecido viéndola (“Durante”) y las ganas de ver más y de comentarla con más gente tras hacerlo (“Después”)

Antes: 2,5

Lo confieso, no me apetecía nada enfrentarme a la segunda temporada de ‘Por trece razones’. La segunda mitad de la primera empezó a forzar mucho su premisa y su cierre era bastante satisfactorio y definitivo como para necesitar una continuación.

Durante: 3

Muy pocas cosas en esta temporada justifican la decisión de expandir el mundo de ‘Por trece razones’. El retrato de algunos personajes sí aporta algo interesante (Alex, Jessica y Zach, sobre todo), pero Clay se vuelve todavía más insufrible y otras historias nunca acaban de encajar ni de demostrar su relevancia.

Después: 3

La voluntad de no querer dulcificar los problemas de estos adolescentes es encomiable, pero algunos de ellos están mostrados con una brocha demasiado gorda. Lo único claro es que Katharine Langford es la gran revelación de la serie.

La segunda temporada de ‘Por trece razones’ estará disponible el viernes en Netflix.

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