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Crítica: ‘Pose’ arranca su temporada 2 mucho más combativa

La epidemia del sida y el lanzamiento de ‘Vogue’, de Madonna, centran su primer episodio

Indya Moore, en los posters promocionales de la temporada 2. (Fuente: HBO España)

Esta crítica se ha escrito tras ver el primer episodio de la temporada 2 de ‘Pose’. No contiene spoilers.

Los posters que Pose ha lanzado para promocionar su temporada 2 son un juego referencial muy acertado. Sus principales protagonistas posan como si estuvieran en la portada de la revista Vogue, en fotos en blanco y negro que, al mismo tiempo, remiten al videoclip de Vogue, la canción de Madonna que enseñaba al gran público lo que era el voguing, los movimientos que Paris Dupree llevó al ballroom copiando, precisamente, las poses de las modelos en aquellas portadas.

La serie se ha trasladado en el tiempo a 1990, el año en el que se estrenó también el documental Paris is burning sobre la escena dancehall, y sitúa a toda esa comunidad surgida alrededor de los balls en una encrucijada. Por un lado, el sida está causando estragos. Mientras las instituciones optan por ignorarlo, los funerales se suceden en Nueva York y se extiende la sensación de que los poderes que gobiernan el país prefieren que la enfermedad se lleve por delante a todos esos homosexuales drogadictos underground que les afean las vistas.

Por el otro, el éxito de Vogue hace creer a algunos personajes, como Blanca, que la atención que Madonna puede poner sobre su comunidad representa su oportunidad de escapar de los márgenes y de las sombras, de hacerse ver y de reclamar respeto. Por supuesto, por mucho que Pose huya, en la medida de lo posible, de la tragedia, sabemos que nada de eso va a salir bien.

No será porque sus protagonistas no lo intenten. El primer capítulo de la temporada muestra esa yuxtaposición entre la tristeza y la rabia de Pray Tell yendo a más de tres funerales por semana y la determinación de Blanca de que, antes de que el sida también se la lleve por delante a ella, va a conseguir que sus hijos mejoren su situación, empezando por esa Angel que nunca se permite soñar que puede dejar de buscarse la vida en los muelles. Blanca, de algún modo, ha sido siempre la roca de la familia. Se toma muy en serio su papel de madre buscando lo mejor para sus “niños” e intentando que tengan algún tipo de estructura afectiva a la que recurrir, una red de seguridad que, en circunstancias normales, sería la de sus verdaderos padres y hermanos.

Elektra va a seguir haciendo de las suyas. (Fuente: FX)

La Casa Evangelista es su familia y va a pelear por ella todo lo necesario. De algún modo, Billy Porter (Pray Tell) y MJ Rodríguez (Blanca) se erigen en este inicio como el corazón conjunto de la serie y, también, como su conciencia. La opresión que sufre su comunidad por ser pobre, no blanca y no heterosexual en todo lo referido al acceso a los tratamientos médicos necesarios para mitigar los efectos del sida es la gota que colma el vaso, y es la avenida a través de la que Pose decide también mostrar su lado más combativo. Ese “silencio=muerte” que cierra el capítulo resume perfectamente el impulso de la temporada.

Porque la serie quiere que las historias de sus personajes conciencien de paso al público sobre las desigualdades que todavía están presentes en la sociedad, y que las fuerzas retrógradas que están ganando fuerza últimamente pretenden consolidar y aumentar. La aparición de Act Up, una organización fundada para llamar la atención sobre los efectos que la epidemia del sida estaba teniendo entre la comunidad LGTBIQ, cumple esa función y también muestra lo que de verdad representa estar “despierto” (woke, como dicen los norteamericanos) ante esa invisibilidad a la que la sociedad mainstream los fuerza.

Y es que el episodio también nos deja ver cómo ese mismo mainstream utiliza a su comunidad para su propio beneficio, y no sólo a través de un estilizado videoclip en blanco y negro dirigido por David Fincher. La historia de Angel es la que mejor representa esa utilización de sus sueños, de cómo lo que en el ballroom es algo especial puede transformarse en algo perturbador visto a través de otros ojos más “tradicionales”.

Angel puede estar en el camino hacia el éxito. (Fuente: FX)

Esa es otra encrucijada más en Pose. Los personajes se han movido en el underground hasta ahora, pero ganar más visibilidad y acercarse al mainstream conlleva el riesgo de “venderse”, de que sean convertidos en productos que, una vez se pasen de moda, se descarten para pasar a la siguiente novedad. La lucha por la supervivencia de la comunidad tiene diferentes frentes.

Lo que sí está claro es que todos los personajes van a estar ahí para apoyarse. En ese aspecto, la serie se mantiene como en su primera temporada. Evoluciona porque la situación social de la época obliga a sus protagonistas a tomar partido, pero el corazón está intacto.

La segunda temporada de ‘Pose’ está disponible los miércoles en HBO España.

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