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Crítica: ‘Runaways’ destapa todo su juego en la segunda temporada

La adaptación de Marvel se mete de lleno en el enfrentamiento entre sus protagonistas y sus padres

Fuente: HBO España

Esta crítica se ha escrito después de ver la segunda temporada completa de ‘Runaways’.

El futuro de las series de Marvel está más lleno de incertidumbres que el de los jóvenes protagonistas de Runaways. El universo de superhéroes de Hell’s Kitchen en Netflix se está desmantelando poco a poco (sólo quedan The Punisher, que estrena su segunda temporada el 18 de enero, y Jessica Jones, cuya tercera entrega está en producción), Agents of SHIELD tendrá una séptima temporada que casi nadie esperaba y Capa y Puñal ha tenido un buen estreno, aunque su repercusión no haya sido demasiado grande.

En ese sentido, la segunda temporada de Runaways ha llegado a Hulu (y a HBO España) un poco en la misma línea. Los trece episodios se han estrenado al mismo tiempo, a finales de diciembre, en lugar de la emisión semanal de la primera entrega, y da la sensación de que eso ha perjudicado sus opciones de generar algo de conversación. Lo que es una lástima, porque Josh Schwartz y Stephanie Savage, sus responsables, han dado con la tecla para que la serie sea mucho más entretenida en su lado superheroico y, sobre todo, para que su faceta juvenil dé un salto adelante muy notable.

Porque sí, los adolescentes protagonistas por fin huyen de sus padres malvados y, al contrario que en las series de “Marflix”, Runaways no se queda sin trama en el octavo capítulo. El truco está en profundizar en sus personajes y en los viajes que deben completar para descubrir quiénes son en realidad y en qué tipo de persona se van a convertir en cuanto sean adultos.

Alex Wilder redobla sus esfuerzos por conseguir que sus padres acaben en la cárcel. (Fuente: HBO España)

En parte, esos viajes se hacen en contraposición a lo que representan sus padres y, por otro lado, en relación a sus amigos, que son su nueva familia. Se puede hacer una lectura muy interesante de cómo estos chicos pueden representar a todos los que forman familias no de sangre, sino de lazos afectivos y de apoyos para sobrevivir, con otras personas que acaban en la calle porque en sus casas no los aceptan por sus identidades sexuales, o porque viven en ambientes de violencia, o por cualquier otra razón. El “albergue” de la segunda temporada no es una Casa como las de Pose, pero el paralelismo se puede trazar, cambiando superpoderes por voguing.

La evolución de esos lazos afectivos es donde está la verdadera chicha de la temporada, y donde se aprecian mejor los arcos de los dos personajes que más han crecido en esta segunda temporada, Gert y Nico. Todos deben reconciliar sus propósitos personales con el bien del grupo, lo que no es tan fácil como parece. Que se lo digan a Alex Wilder, por ejemplo.

Runaways ha enseñado todas sus cartas en este entrega. La Iglesia de Gibborim y Jonah han terminado siendo mucho más importantes de lo que parecía al principio porque la verdadera amenaza no era Pride, sino esos alienígenas atrapados en la nave que Jonah quería desenterrar. Los padres sólo eran peones, y cuando han intentado rebelarse, todo les ha salido mal. Su retrato es más matizado que el de meros supervillanos, pero la serie deja claro que, por mucho que Dale y Stacey puedan ser divertidos, han cometidos actos terribles y han querido justificarse con el ya clásico el fin justifica los medios.

Nico ha descubierto que el Bastón de Uno es más poderoso de lo que parece. (Fuente: HBO España)

Sus hijos no quieren caer ahí, aunque algunos estén muy tentados. Alex Wilder, por ejemplo, está consumido por sus deseos de que sus padres acaben en la cárcel, hasta el punto de que casi no se fija en otra cosa, mientras Chase tiene dudas de si no deberían darles otra oportunidad. Que asesinen sin remordimientos para mantener en marcha sus planes no termina de afectarle.

No obstante, como decíamos, son Gert y Nico las que viven una evolución más interesante. La primera se afianza, de alguna manera, como la Seth Cohen de la serie con sus comentarios sarcásticos, salpicados de referencias feministas, y su autoconsciencia de quién es ella, lo que puede aportar y de la situación en la que se encuentran. Su relación con Chase se mueve en paralelo a la de Karolina y Nico: ambas atraviesan crisis de confianza porque Chase y Karolina les ocultan cosas importantes a sus parejas, pero mientras ellas parecen aprender a superarlo, él sigue atascado en su idea de que sus padres, tal vez, puedan ser redimidos y, aunque la quiera, no sabe cómo comportarse con Gert.

Son tramas muy de serie juvenil, sí, y son las que mejor funcionan de la temporada. El miedo de Nico a la oscuridad que el Bastón de Uno extrae de ella (que le lleva a desintegrar a todo el grupo de operaciones especiales de AWOL) es el temor de cualquier adolescente a acabar siendo como sus padres, o a ser una mala persona, o a no estar a la altura de lo que se espera de él. Para Nico, además, eso incluye tomar poco a poco una posición de liderazgo en el grupo, lo que le crea nuevas inseguridades.

Molly y Gert, en la segunda temporada de ‘Runaways’.

Su descubrimiento de su verdadero poder se traslada a Molly, que acoge con entusiasmo tener fuerza sobrehumana, y a Karolina, que es quien destapa el verdadero reto al que tienen que enfrentarse. Ella presenta el dilema de ser leal a su familia real (los alienígenas) o la que ha formado con el tiempo (Nico y el resto de los chicos), y también adelanta ese aspecto más fantástico que, probablemente, centrará una tercera temporada que no está confirmada.

La presencia de Xavin, un popular personaje de los cómics, y de esos extraterrestres que han poseído los cuerpos de Victor, Tina y Stacey parece apuntar en esa dirección, con la profecía de la unión que debe dar equilibrio al universo. Además, el cliffhanger que cierra el último episodio deja a Janet, Karolina y Chase a merced de ellos, en un reparto de éxitos y fracasos para los adolescentes.

No han fortalecido del todo sus vínculos como grupo porque sigue habiendo algunos que han preferido anteponer sus intereses personales (caso de Alex Wilder), pero sí se han dado cuenta de que se necesitan unidos para poder sobrevivir. Esta temporada ha sido la del crecimiento como individuos de muchos de ellos, un crecimiento sin el que, en realidad, no pueden forjar relaciones auténticas con los demás. Se ha dado a través de los superpoderes, pero ha sido una trama clásica del género teen bastante bien llevada.

Karolina y su linaje alienígena van a ser importantes si la serie tiene una tercera temporada. (Fuente: HBO España)

Runaways ha dado un salto adelante en su segunda temporada. No se libra de personajes que aportan poco (los padres de Alex son muy unidimensionales), pero no ha dado ni un momento de respiro a sus personajes. La manera en la que ha evolucionado la relación entre los chicos ha resultado muy entretenida, demostrando que sus responsables saben cómo llevar una serie con adolescentes, y se abre la puerta a que pueda continuar apretando un poco más el acelerador.

Hulu no se ha pronunciado sobre el futuro de la serie. Tampoco está muy claro el rol que la plataforma de streaming va a jugar en la nueva Disney, con Disney+ como el servicio de VOD que aglutinará los contenidos más familiares y las nuevas series de Marvel, por lo que la situación puede ser un poco más complicada. Si Runaways se acaba aquí, lo hará en su mejor momento.

Crítica: ‘Marvel’s Runaways’ cierra una correcta primera temporada
La faceta de serie juvenil y el retrato de los padres han sido dos de sus aciertosfueradeseries.com

Las dos temporadas de ‘Marvel’s Runaways’ están disponibles en HBO España.

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