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Crítica: ‘Sky Rojo’ pierde fuerza en la temporada 2 dando vueltas sobre lo mismo

La serie deja de pisar el acelerador y se atasca en los mismos baches todo el rato

(Fuente: Netflix)

Esta crítica se ha escrito tras ver la segunda temporada de ‘Sky Rojo’ completa y no contiene spoilers.

Sky Rojo ha vuelto con más de lo que ya vimos, pero no mejor. La segunda temporada tira de los mismos elementos que los ocho primeros capítulos, aunque la fórmula no funciona ahora tan bien: la repetición lleva al hastío. La huida de Coral, Wendy y Gina de sus proxenetas sigue siendo desquiciada y frenética, pero ahora tenemos la sensación de que todo lo hemos visto ya antes y, lo que es peor, que no nos lleva a ningún lado. Y que hay mucho relleno del que se podría prescindir.

Cuando Juego de tronos mataba a uno de sus personajes principales en el noveno capítulo de la primera temporada, el espectador aprendía una lección; aquí puede rodar la cabeza de cualquier personaje, por importante que parezca. Con Sky Rojo, el aprendizaje va en el sentido contrario. Después de un final de temporada que deja a varios protagonistas contra las cuerdas en situaciones de las que parece imposible salir, mágicamente todo se resuelve sin daños. Y no tuvimos ni que esperar a ver el primer capítulo de la temporada, puesto que el tráiler ya desvelaba los interrogantes. Así, el espectador sabe que los personajes de Sky Rojo son, literalmente, a prueba de balas.

Ese es el gran lastre de esta tanda de episodios. Asistimos a una sucesión de pasajes que llevan a los dos bandos al límite, pero siempre tenemos la seguridad de que nadie saldrá con los pies por delante. Unas veces son ellas las que apuntan a ellos con la pistola en la frente, otras del revés, pero siempre hay una excusa (y pocas veces entendible) para que después de una persecución enfurecida decidan perdonar la vida al rival. Y otra vez, vuelta Perico al torno. Lo que en la primera temporada se traducía en emoción y adrenalina, ahora nos lleva al hastío. La sensación de que todo es paja y fuegos artificiales para hacer tiempo hasta la resolución final no hace más que crecer con cara trama episódica que termina siendo humo.

Con las interpretaciones cada vez más desquiciadas (el histriónico Romeo de Asier Etxeandia roza la caricatura), Sky Rojo corre el peligro de caer en la parodia del pulp, y tampoco ayuda esa ambientación que tiene más de yanqui que de tinerfeña (ese motel, esos dinners). La explicación para todo (se detestan y, a la vez, se atraen) no justifica las absurdas y contumaces decisiones de los protagonistas y queda la sensación de que están atrapados en un bucle cuya duración solo depende del número de episodios pactados con Netflix y no de una necesidad creativa por contar una historia concreta. Y no hace falta que todo sea realista en una serie de este tipo, pero a veces el pacto de credibilidad que se le exige al espectador (especialmente en cuanto a inverosimilitud médica) es demasiado alto.

El final, sin entrar en spoilers, no resulta ni tan satisfactorio ni tan explosivo como cabría esperar, quizás porque se quiere dejar la puerta abierta a una continuación. Ahí está el error. Sky Rojo funcionaba pisando el acelerador: no matar a nadie al final de la primera temporada fue un frenazo y no cerrar la historia por todo lo alto en esta segunda temporada, otro. Y todo esto al margen del debate sobre la espectacularización de la violencia sexual, que aquí es mucho más acuciante. Eso sí, larga vida a Lali Espósito.

La temporada 2 de ‘Sky Rojo’ está disponible en Netflix.

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