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Crítica: ‘The Americans’, la guerra de los Jennings

El quinto episodio de la sexta temporada, ‘La gran guerra patriótica’, es el punto de inflexión del final

The Americans no es una serie sobre la Guerra Fría, sino sobre un matrimonio. Sus responsables, Joe Weisberg y Joel Fields así lo han reconocido en numerosas ocasiones; Philip y Elizabeth Jennings no sólo tienen que lidiar con las misiones que tienen que cumplir como espías soviéticos infiltrados en Estados Unidos, sino que también tienen que mantener su tapadera como una familia típica de barrio residencial y, además, solucionar los problemas que surgen en parejas que llevan muchos años juntas. Incluso cuando esas parejas se conciertan por el bien de la Madre Patria. Especialmente, en esas parejas.

La serie empezaba con Philip dudando de su misión. Sus dos hijos están entrando en la adolescencia y empieza a preocuparse de qué les puede ocurrir si el FBI descubre sus verdaderas identidades, o si ellos son asesinados. Elizabeth le echa cara esa debilidad; ella es ante todo leal y su sentido del deber le impide ni siquiera pensar en la posibilidad de desertar al lado estadounidense, ni por el bienestar de sus hijos. Sería una traición por las que tendrían bien merecida la muerte.

Durante estas seis temporadas, hemos visto como el matrimonio Jennings iba reencontrándose, apoyándose en unos encargos que cada vez resultaban más peligrosos, más difíciles e iban pesando sobre sus consciencias, y también cómo cada uno asumía esa carga de una manera diferente. Elizabeth lo soporta todo y sigue adelante estoica, como un buen soldado, como le enseñaron en aquella URSS que todavía idealizaba el sufrimiento de su población durante la Segunda Guerra Mundial. Philip, sin embargo, no puede soportarlo más. Siente que se hunde, ya no se reconoce en su doble vida, lo asaltan de nuevo las viejas dudas y opta por retirarse.

La vuelta de Kimmy es, finalmente, la gota que colma el vaso para Philip. (Fuente: FX)

Durante tres años, se separa por completo de lo que antes era toda su vida, y todavía lo es para Elizabeth, y eso va agrietando lentamente su matrimonio. Que las dos facciones enfrentadas en el KGB (la pro Perestroika y la quiere derrocar a Gorbachov) utilicen para sus propósitos a cada uno de los dos es la representación más obvia de lo alejados que están el uno del otro.

Elizabeth está cansada, pero se autoconvence de que lo que hace, aunque le resulte extraño (las caras de Keri Russell dicen mucho más que sus palabras), es por el bien de un país cuya forma de vida está amenazada, y eso es el arma perfecta para los que planean un golpe de estado. Las buenas intenciones y las dudas de Philip son, por otro lado, ideales para los que apoyan la apertura del régimen y que se llegue a un acuerdo con Estados Unidos. Unos y otros tensan tanto la cuerda, que se acaba rompiendo por el punto más susceptible de hacerlo.

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Philip no puede seguir traicionando descaradamente a gente que, aunque no debería, le importa. Kimmy, la hija del alto cargo de la CIA con la que siempre ha tenido una relación muy perturbadora (y que le incomodaba enormemente), es la gota que colma el vaso definitivamente; no va a permitir que Elizabeth la utilice como un peón en sus intentos por averiguar qué ocurre en las negociaciones para el desarme nuclear. Esos peones son personas con cara, nombre y apellidos y unas vidas, no son conceptos abstractos dentro de los planes del KGB. Y Philip ya no se siente con fuerzas de seguir enviando a esas personas a muertes seguras.

Porque, por mucho que Elizabeth intente convencerlo de que la sangre no va a llegar al río, él sabe que no es así. Las cosas se tuercen. Le ocurre a Elizabeth al “encargarse” del correo soviético que ha desertado, ese Gennadi que no hace más que causarle dolores de cabeza a Stan. Las circunstancias la obligan a asesinarlo a él y a su mujer sólo para darse cuenta de que lo ha hecho con su hijo viendo la tele en la otra habitación. Esas muertes también apuntan a ser la gota que colma el vaso para Stan. ¿Lo serán para Elizabeth, o su patriotismo lo puede todo?

No subestimes el gancho de derecha de Paige Jennings. (Fuente: FX)

La gran guerra patriótica muestra el convencimiento paulatino de Philip de que no puede mantenerse al margen y que, además, tiene que implicarse para evitar que nadie salga herido. La sesión de “entrenamiento” con Paige es, tal vez, la escena que mejor define el cisma abierto en la familia Jennings. Su hija mayor habrá podido tumbar a dos universitarios medio borrachos en un bar, pero si se mete en una pelea con agentes bien preparados, correrá una suerte mucho peor. Y eso ya es más de lo que Philip puede soportar.

Elizabeth podrá intentar mantenerla en misiones de vigilancia lejos de la acción, pero no es más que una ilusión. Paige no está a salvo, del mismo modo que ninguno de ellos lo está. Que Philip sabotee la operación con Kimmy va a traer consecuencias seguro, y que Elizabeth va a cometer algún error muy grave en sus misiones que la sitúe de lleno en el punto de mira del FBI o del propio KGB es también casi seguro. ¿Va a terminar el matrimonio Jennings al mismo tiempo que la Guerra Fría?

De The Americans siempre se ha dicho que es experta en construir tensión y hacerla crecer, sin llegar a liberarla nunca. Da la sensación de que, cuando lo haga, el día después no va a ser bonito.

La sexta temporada de ‘The Americans’ se emite en la madrugada del viernes al sábado en FOX Life.

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