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Crítica: ‘The Girlfriend Experience’ 2×01 — ‘Leverage’ y 2×02 — ‘Admitting’

La serie amplía su universo con dos complejas historias que continúan sacando al espectador de su zona de confort

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Arriba: Anna Friel y Louisa Krause. Abajo: Morgana Davies y Carmen Ejogo. (Fuente: Movistar)

El reto que nos propone The Girlfriend Experience es respetar, sin juzgar, las decisiones que toman sus protagonistas, e intentar comprender las motivaciones de estas mujeres complejas que se alejan de todas las convenciones que estamos acostumbrados a ver en pantalla.

En esta segunda temporada, la serie antológica ha elegido contarnos dos historias de forma paralela; la primera nos traslada a Washington para conocer a Anna, una escort contratada por Erica, que trabaja para un lobby conservador, cuyo objetivo es conseguir pruebas que le permitan chantajear y/o destruir a un personaje político y desviar sus donaciones en plena época de campaña para las elecciones del Congreso y la Cámara de representantes.

La otra historia es la de Sarah, ahora Bria, una mujer que trabajaba como escort y que entra a formar parte del programa de protección de testigos al aceptar declarar en contra del hombre con el que vivía y ayudar al FBI a construir un caso federal contra él.

Cada semana veremos dos episodios de 25 minutos que seguirán de forma independiente la historia de Anna y Erica, en los dirigidos por Lodge Kerrigan; y la de Bria, en los dirigidos por Amy Seimetz. Dos historias distintas, ambientadas en universos que parecen tener una relación poco evidente entre sí, pero que tienen la intención de explorar, además de las dinámicas de poder, la vida de las protagonistas en relación con otras personas.

‘Leverage’ (2×01)

El contexto en el que se mueven los personajes de esta historia es la política de alto nivel que vimos en la primera temporada de House of Cards, la del juego de poder tras bambalinas que consigue apoyos económicos a través de donaciones para que los candidatos ganen o pierdan las elecciones, o que las leyes se aprueben o nunca lleguen contemplarse; un mundo que está siempre fuera del alcance visual del ciudadano.

El episodio nos va dando nombres de los personajes políticos que están en la mira sin ningún tipo de introducción previa; la avalancha de información puede ser abrumadora, pero nos queda claro que Erica está bajo presión para conseguir la recaudación que necesitan para sacar sus intereses, o su candidato, adelante.

Fuente: Movistar.

De las motivaciones de su personaje sabemos poco o nada. En una escena en un restaurante nos enteramos que hace un mes terminó una relación y, si aceptamos la habitación en la que duerme como un reflejo de su vida, llama la atención que sobre su cama no hay ni una almohada y sobre sus mesitas de noche sólo hay un bote de pastillas. Lo que sí nos queda claro es que está dispuesta a todo para conseguir sus objetivos.

Esta historia mantiene en lo formal la propuesta fría y distante de la primera temporada de la serie: planos abiertos y espacios que están vacíos de una forma casi irreal, la cámara se mantiene fija y posicionada en lugares que parecen un ojo que está oculto en las habitaciones.

Cuando empieza el episodio, esa familiaridad de lo impersonal nos hace sentir dentro del universo que ya conocimos. Anna entra en la suite del hotel y parece que, como Christine, está en control de la situación, pero nuestra sensación de seguridad se va desmoronando conforme avanza la escena por la misoginia y violencia de su cliente. Para cuando termina, entendemos por qué está ahí y aguanta lo que aguanta.

Fuente: Movistar.

Y en el encuentro con Erica, nos reconciliamos con la vida en general y damos palmitas mentales cuando Anna nos deja ver que, no sólo lo hace por dinero que, por supuesto, también, sino porque su cliente es un cerdo asqueroso y se merece lo que sea que puedan hacer los otros con la información que ella consiga.

En ese momento, Anna se convierte inmediatamente en una heroína moderna pero, como esto es The Girlfriend Experience, y aquí nada es tan simple como parece, la serie hace que nuestra brújula moral pierda el norte y que entremos en terreno del gris oscuro cuando vemos que está dispuesta a poner a su amiga/compañera en una situación violenta sin previa advertencia. Pero la grabación está hecha, con eso nos quedamos.

‘The Girlfriend Experience’, una serie incómoda, provocadora y sofisticada
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‘Admitting’ (2×02)

La historia de Bria se sale del molde de la estética de la serie en lo formal, con el uso de la cámara en mano en la escena de apertura y la utilización de muchos exteriores; una cámara que se mueve alrededor de los personajes, que juega con los reflejos, que desenfoca; y con el efecto que produce la luz natural de una localización geográfica y socioeconómica que se aleja del elitismo que hemos visto anteriormente. También, en algunas decisiones creativas, como la el montaje de imagen y audio que hace una transición en blanco de una de las escenas en las que está repitiendo las frases que definen su nueva vida, al momento en el que entra en la fábrica, intercalando el audio de la práctica con la realidad del personaje.

Fuente: Movistar.

La historia que cuenta también es distinta. La de Bria, parece ser la historia de una escort que se vio atrapada en una situación Girlfriend Experience en la que perdió el control y, para escapar de esa situación de opresión, acaba en otra en la que también se ve privada de su libertad como individuo y despojada de su propia identidad, que podemos comprender o no, pero es la suya.

Este episodio nos muestra la transición de Bria a esta nueva vida, en la que ella y su hijastra, a quien ha decidido llevar con ella para protegerla de la vida que podría llevar en esa casa -por simple empatía y no por instinto maternal, como recalca en varias ocasiones- deben adaptarse en un nuevo entorno, a una nueva ocupación y a reconstruir sus identidades bajo la vigilancia permanente del agente del FBI encargado de su caso. Un personaje con el que puede establecerse un juego de poder muy complejo en los próximos episodios. También será interesante ver cómo evoluciona su relación con Kayla, su hijastra, porque es con su imagen dormida en el sofá el plano con el que Seimetz elige terminar el episodio.

Pero en lo conceptual, la historia de Bria mantiene un punto clave en común con la de Christine y la de Anna: la necesidad de tener el control de las situaciones, los espacios y su vida; de ser dueñas de su propia narrativa retando la concepción de la imagen que los otros esperan que proyecten dentro de los marcos sociales preestablecidos para la mujer, como queda reflejado en la entrevista prejuiciosa que mantiene con uno de los oficiales del FBI en su despacho.

Fuente: Movistar.

Bria se rebela contra la nueva vida que le han impuesto y decide buscar clientes como vía de escape, quizá lo hace para matar su frustración o por impotencia; porque disfruta del sexo o porque es así como se siente libre; porque está acostumbrada a cierto estilo de vida o porque necesita dinero para escapar nuevamente. O todas las anteriores.

La luz natural de día en exteriores, bajo el sol y el cielo azul, contrasta con la atmósfera de opresión y represión interna de su personaje. El vestido blanco que vemos en dos ocasiones, parece representar lo que queda de la identidad de la que ha sido despojada, pero de la que no tiene pensado deshacerse.

Los nuevos episodios de la segunda temporada de ‘The Girlfriend Experience’ se emiten los lunes en Movistar.

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